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viernes, mayo 08, 2009

Mi querido Frederik,
Hoy hubiera sido tu cumpleaños número 25... soy más grande que tú por unos cuantos días. Y ahora yo me alejo, porque tú ya no cumpliste 24 y tampoco 25, estarás siempre en los 23, y me iré alejando quién sabe hasta cuándo y quién sabe hasta cuándo estarás en mi memoria.
Hoy me fui a sentar a esos cuadritos de pasto que hay frente a la Biblioteca Central en donde montones de veces nos sentábamos a platicar, nada más así: platicar y arrancar el pasto con las manos. Me hice bolita porque tenía sueño y me quedé dormida. Después desperté y vi que un chavo se había sentado en el mismo cuadrito de pasto y hacía mucho sol, traía mis lentes oscuros, y me le quedé viendo un rato, después veía la biblioteca. Antes le había mandado un mensaje a Isolda para recordarle que era tu cumpleaños, que hacía tres años lo habías pasado en la casa, te había comprado un gansito como pastel, pero habíamos comido mucho mucho... Isolda te había regalado un Cartman... Y en eso estaba pensando cuando el chavo que estaba sentado a menos de un metro se levantó y me trató de robar el celular pero yo reaccioné muy rápido y no pudo. Después me sentí desolada. Me levanté y me fui, en este momento me zumban los oídos como cuando quieres llorar, me acuerdo de todo y me da coraje porque mientras hacía un homenaje en ese cuadrito de pasto la realidad con su vulgaridad me toca, me entristece. Frederik creo que ya no estoy tan triste, escribí un cuento pensando en ti porque quiero acordarme de ti sin que vengan las frases qué mala onda, qué mal, por qué. Me siguen zumbando los oídos, tal vez no son suficientes las palabras, tal vez. 
A veces leo los correos que me mandabas, los leo porque en ellos siempre estarás vivo pero también porque el mundo que dejaste es igualito, al menos eso parece, creo que los leo porque de esa manera te siento cercano como cuando los leí por primera vez. 
Pondré un pedacito en el que eres muy tú:
Acabo de regresar a mi trabajo, me escapé un rato quesque para comer. Caminé por Altavista hasta llegar a Insurgentes, tomé esa callecita a la que llaman Miguel Ángel y llegué, cha cha cha chan, nada más y nada menos que a la zona de librerías. Según yo estaba muy decidido a salir únicamente con un libro y exclusivamente por la circunstancia (necesitaba cambiar un billete "Grande"). "No más de 80 pesos, no más de 80 pesos" Me lo repetí como cuarenta veces, y, al final, estaba tan seguro de mi mismo que en verdad creía haberme comprado todo el choro. Total: 319.50, tres libros. Soy un fiasco. El caso es que me compré un librito que seguro que te gusta (no es novela, pero estoy seguro que te interesa), creo que ya te había hablado de él: "Mimesis. La representación de la realidad en la literatura occidental"  Luego te lo enseño. Compré además un libro de Foucault (nunca hay suficientes motivos para no comprar un libro de Foucault) y otro de Roger Bartra (mmmm, a unos minutos de distancia me parece que mejor hubiera comprado otro).


lunes, febrero 11, 2008

Sputnik, my love o despedida del compañero de viaje

¿Qué piensas?

Ahora.

En este momento.

Un segundo antes de preguntarte.

No me importa que sea un pensamiento absurdo.

Quiero saberlo.

No importa que no entienda.

Escribo con una sola mano mientras con la otra sostengo la secadora de pelo que hace un ruido impresionante. Sólo escucho la secadora cerca de mi cabello y las palabras que escribo ahora. Escribo mientras mi cabello húmedo se peina a toda velocidad.

Sputnik, my love está a la vista, la diferencia entre signo y símbolo en mi memoria. La rueda de la fortuna y las canas de Myu. El calor entra en cada uno de mis cabellos y yo pienso en el otro. En el otro que observamos desde un parque de diversiones. El otro perdido en una isla griega. Otra Sumire. Otra Idalia. Otro pensamiento. Otro reflejo en la mañana. Otra ciudad de México que se vacía por completo en el camino. Otra vez con la secadora en la mano y este ruido que marca el tiempo.

"Nunca te lo he dicho pero después de conocerte entendí que uno tenía que hacer de sí mismo un grandísimo personaje de novela".

Pienso en Sputnik, my love, y me doy cuenta que se trata de un libro que llegó a mi vida para cerrar una amistad. Sumire es el signo de un momento de mi vida y es también el símbolo de la mano que se agita a lo lejos; del otro lado; el eterno adiós.