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lunes, julio 25, 2016

Fui a la Comer de Miguel A. de Quevedo porque mi madre me pidió la compra. Mi madre está convaleciente desde hace unas semanas. Fui en su carro. Tenía varios años sin ir a la Comer. Sin ir a esa Comer. Cambiaron el logo, ahora es más comic sans y menos helvética. El mundo sí cambia. Se hace más feo. La luz blanca sigue igual de inhóspita. Había poca gente. Eran las once de la mañana, de hoy, lunes. Compré verdura, vino tinto, mezcal. Aproveché para hacer mi propia compra porque hoy, lunes, regreso a mi casa. Pensé en lo vacío que estaría mi refri. Me imaginé llegando. Abriendo una alacena y un refri. Sin poder hablar con nadie. Subí al segundo piso.
Me deprimió no poder mover mi carrito en la rampa que sube al segundo piso. Tuve que quedarme ahí de pie. Con mis manos colocadas sobre el carro y observando a la gente que estaba más adelante o que viene bajando del otro lado. "Esto es agua" pensé. No quererte dar un tiro a las once de la mañana en una rampa del súper. Del otro lado, en bajada, venía una profesora de filosofía, ya mayor, que me dio clases de teoría de la historia en la Facultad. Hace ahora 10 años de esas clases. ¿Cómo puede ella, que es filósofa, no haber muerto de horror? ¿Por qué no se ha suicidado? Tenía razón Platón cuando dijo que los viejos siempre serían sospechosos. La única sospecha que levantan es la cobardía. No murieron por cobardes. Me acordé de una clase sobre Hegel. Era muy apasionada. Recordé su voz ronca. Vi su carrito semivacío. Tenía té y vino tinto, Casa Madero. Sus manos arrugadas y su cabello negro azabache con una gran raíz blanca. No quiero ser ella, pensé.
No quiero estar en una rampa de súper con las canas en la raíz y el vino tinto de 390 pesos en el carrito. Mirada perdida. Sin Hegel. Con luz blanca. Con un logo de la Comer en el horizonte.

Luego:

Regresas a casa de tu madre.
Sacas la lista.

papel de cocina.
papel de baño   regio opción verde.
fabuloso lavanda.
1/2 k jamón virginia
vino tinto
cacahuates tostados
galletas chockis sin azúcar

Separas las compras.
Las galletas normales, tuyas.
El vino tinto, dos botellas.
Una y una.
La botella de mezcal,
sólo para ti.
Los cacahuates, ella.
Regio, opción verde, ella.
Cottonelle, unique, tú.
La vida de las marcas.
La vida.
Sin marca.
Pero llena de cicatrices.
                    (—¿qué te picó?
—Nada. Me dio herpes.
Herpes Auster
                     )
Tu celular que comunica.
y dejas sonar.
y no contestas.

Abres tu computadora
y respondes mensajes:
Un Power Ranger Rojo.
                 Hace un corazón con sus manos.
de niña
te parecía la caricatura más estúpida
de la historia de las caricaturas
parece increíble
ahora la usas para expresar emociones.
Esto es el 2016.





domingo, julio 24, 2016





Ayer vi Sugar man.
Un día llegué al Cine Tonalá y vi los carteles.
Pero nunca vi el documental.
Después agregué a una de mis listas Sugar man.
Sin saber la historia de Rodríguez.
Sin saber que el director, Malik Bendjelloul, se suicidó en 2014.
Quiero abrazar a mis sugar friends.

martes, mayo 24, 2016

Imaginamos que la Stasi nos está vigilando y hacen un reporte detallado de las acciones que hacemos adentro del departamento.


23 de mayo. 10. 42. pm. Sonnenallee, Berlín.

La gata, a quien apodan Pitzi, se asoma al balcón abierto: observa las estrellas, lo cual sorprende a G. También I. se sorprende. Hace un comentario irrelevante sobre la vida que tenía P. en México. La gata no ha salido para nada desde que llegó a ese departamento. La observan un rato. G. le dice a I. que muy probablemente las personas mayores de sesenta años que se sientan a un lado de ellas cuando toman el metro pudieron pertenecer a la Stasi. Hay espías vivos. No pasó hace mucho. Hay gente de Alemania del este que todavía anda por ahí y que sigue odiando el modelo occidental. Luego siguen viendo una película. Hablan del clima. Se escuchan truenos. Se aproxima una tormenta.

24 de mayo. 8. 20 am. Sonnenallee, Berlín.

Despiertan sin contratiempos. G. prepara café en la cocina. I. revisa su correo en el comedor. G. le pregunta a I. qué color de barniz le queda mejor. Alza sus manos hacia el techo. No sabe si elegir el blanco o el dorado. I. opta por el dorado. Hablan del clima. En días anteriores hacía calor pero hoy es un día nublado.

26 de mayo. 9.37 am. Sonnenallee, Berlín.

G. le dice a I. "Quisiera que mi vida fuera como la de Pitzi".

27 de mayo. 11.20 pm. Sonnenallee, Berlín.

G. llega con hambre. Se escucha ruido en la cocina. Prende una vela y la pone en la mesa del comedor. Abre la puerta del balcón. Pitzi, la gata, huele el aire fresco que entra, se aventura a salir y cuando ve que G se acerca corre hacia adentro con la cola pegada al piso.

miércoles, mayo 11, 2016

Plac Konstytucji.

Los tranvías son de color amarillo y rojo. La glorieta funciona como cualquier glorieta del mundo.
Cada dos minutos pasa el tranvía número 35. A lo lejos se alcanza a distinguir el edificio de Bosch y el letrero del HM. Los edificios son viejos. Todos son una versión de lo que pudieron reconstruir después de la segunda guerra mundial.
El café nero es una franquicia y tiene internet gratis. Luz en las mesas y conexiones para las computadoras. Olvidé mi convertidor. Sólo puedo usar mi laptop mientras tenga pila.
Estoy frente a la ventana para ver pasar a la gente afuera, para observar el tranvía de ida y vuelta.
Tienen música agradable.
Y de Ella Fitzgerald ha saltado a Buena Vista Social Club.
Es Varsovia. Es 2016.
Y estoy escuchando dos gardenias para ti.
El bullicio polaco no es similar al alemán.
No sé decir hola en polaco. No sé cómo decir adiós.
Y me da un poco de pena no saber decir lo más básico. La verdad es que no preparé nada para venir. Simplemente elegí esta ciudad porque está a cinco horas en tren. Porque es barato. Porque el vaso de vodka cuesta 5 eslotis. Que convertidos son 25 pesos mexicanos.
Aún tengo instalado el chip alemán y en lugar de decir thanks, digo danke, en lugar de decir bye, digo chus. Pero da igual. Podría mejor hablar español.
He decidido mejor hablar en español.
Y la música en el café está en mi idioma. Probablemente sea la única que entiende la letra de lo que estamos escuchando. El ánimo de todos es apacible.
El ánimo es estudiantil.
De vuelta a la música en inglés.
Ahora escuchamos a Frank Sinatra.
Afuera comenzó a llover y pasó una chica con una sombrilla anaranjada, piernas blanquísimas, falda azul de terciopelo y botitas negras con tacón y calcetín blanco.
La estética del idioma es lo que más me gusta. Minúsculas en medio de frases en mayúsculas. Palabras que no entiendo con terminaciones en consonantes poco ocupadas en español: j, z, k, w.
Kcniec, pelna, sztuki.
Es 11 de mayo.
Mi papá cumple años hoy.
Imagino que estará desayunando un plato de fruta en la terraza de su casa. Viendo el mar. Revisando su correo electrónico mientras toma una taza de café.
Puedo escribirle un mensaje y felicitarlo. Pero no quiero.
Hay algo de la mensajería instantánea que elimina la ficción de estar lejos.
Y he decidido alejarme.
Acercarme es verificar el horario en México y enviarle un mensaje.
En cualquier parte del mundo hay un café nero, que se llame starbucks, o que se llame casita del té es lo de menos, estoy en ese espacio en donde hay gente con sus laptops y su internet, y su café y su pastel de chocolate. Pero la diferencia es el estrés, la diferencia es el viaje. Aquí me siento a salvo. En esa burbuja de la extranjería hay paz.
En este presente hay tranvías. Quiero verlos pasar todo el día. Quiero quedarme leyendo en mi ePub Homo Faber. Quiero saber qué pasa con su hija que ha conocido en un barco rumbo a Francia. Quiero terminar de leer qué sucede con Hanna a quién no ha visto en más de treinta años. Y de nuevo mi atención está en el tranvía, en los rieles de metal que la gente pisa al cruzar la calle.
En menos de diez minutos, dejó de llover y salió el sol.

La gente sigue caminando hacia alguna parte.

Apenas asoma el sol y de nuevo ya nadie usa el abrigo.

Un señor en bicicleta carga un montón de libros. Los ofrece a los que pasan junto a él.
Tiene la barba blanca y larga. Se estaciona y monta sus libros en el pretil del edificio.
Es una zona de estudiantes porque la Universidad Politécnica está muy cerca de aquí.
El café de enfrente tiene un letrero: 10% student.
No hay nada más importante que esto: vida cotidiana. Similar a la de todas las ciudades. Personas saliendo de la cafetería con su café para llevar, cuidado que no se derrame, saben su ruta perfectamente, nada los detiene.
La mayoría jóvenes. Pocas cabecitas blancas.
Un chico deja su café en el pretil y contesta una llamada de su celular.
Otro pasa en su bicicleta.
En este instante un café en Varsovia podría estar en cualquier parte.
Hace un año estaba tomando café en Reforma e Insurgentes.

Pero es Varsovia, a dos cuadras de aquí hay un callejón de bares en donde sólo ofrecen vodkas, de todas las clases. A las siete de la noche estará lleno de estudiantes.
Son las seis de la tarde.
Ahí no hay internet. Ahí no hay laptops.
Sólo la luz neón de la entrada y el friso quemado del edificio.
La calle se llama Sniadeckich.
El vodka espera.


sábado, abril 23, 2016

cumpleaños 32



Los tulipanes los hay de dos colores: blancos o rojos.
Los platos los hay de dos tonos: azules o naranjas.
Las velas las hay pequeñas o medianas.
Sólo tenemos peltre para servir el vino.
Servilletas blancas y medianas.
El frío hace que los nudillos de mis manos se resequen.
Ikea no está muy lejos. Son cuatro estaciones y hay que tomar el Ring 41.
El Ring 41 es un tren que va por arriba de la ciudad y la rodea. Desde ahí puedo ver el antiguo aeropuerto al que voy a correr por las mañanas, Tempelhofer Feld. He ido a correr por la mañana y desde la primera vez que lo vi pasar pensé en tomarlo algún día.
Hoy es el día y estoy ahí descubriendo que es ese tren. Ahora yo veo a la gente correr en el parque.
Es mi cumpleaños y vengo en ese tren viendo un inmenso parque verde en donde aterrizaban los aviones gringos en la segunda guerra mundial. Hoy salió el sol y puedo ponerme mis lentes oscuros.
Estoy contenta.
Pienso inevitablemente en el año pasado. Las cosas cambian muy rápido. Nunca logro imaginar lo que el tiempo tiene preparado. México queda tan lejos. Me importa tan poco. La voz del tren anuncia la siguiente parada. Sé que lo anuncia pero no puedo descifrar el mensaje textual. Me gusta esta extranjería en donde las palabras son escuchadas pero no entendidas. El mundo es más afable cuando no se entiende. Es como si las esquinas estuvieran redondeadas.
A veces me repito a mí misma qué buena vida, la única forma de vivir es esto, hacer lo que me gusta, viajar, estar con quien quiero estar.
Es mi cumpleaños y voy a Ikea por unos platos y unos vasos porque no hay suficientes en casa de Graciela.
Caetano Veloso canta You don't know me.
Nací en la bahía de Acapulco. Me entero de cosas horribles que están ocurriendo ahí.
Y otra vez la voz de Caetano: You don't know me at all. Theres nothing you can show me.
Entro a Ikea.
Así se debe vivir con 40 metros cuadrados.
Me paseo por las distintas escenografías. ¿Qué llevaría a casa?
Nada. Quizá una jarra de vidrio. Odio mi jarra de plástico. De ahí en fuera no hay nada que realmente necesite. Voy directo por los platos y los vasos.
Me entretengo viendo las cactáceas de dos y tres euros.
Regreso tomando el Ring 41. Me gusta ver la torre de comunicaciones en el horizonte. Hace más sol pero más viento frío. Me bajo una estación antes y llego al departamento sin problemas.
Tengo dos llaves, una para la entrada del edificio, otra para el departamento.
La llave del departamento tiene una carita feliz, como esta :), perforada en la parte redonda.
Están sostenidas por un listón que dice sonar.
Me encuentro con Graciela que está cocinando una sopa de lenteja con papa y poro.
Cuando entro me canta las mañanitas.
Abrimos una botella de vino y nos sentamos a comer.
Chocamos nuestros tenedores.
Así es la felicidad en Neukölln, en 2016.


sábado, abril 02, 2016

Honey, time is on my side.
Mi rutina está abierta en canal, como algunos cerdos que llegan al Mercado de San Juan. El sol comenzó ayer. Las plantas quieren agua todos los días. Mi revista Picnic no soportará un mes más bajo la maceta que contiene el jazmín. El agua lo quito con los dedos como si se tratara de polvo.
—¿Sabes que ahora secuestran tu información y te piden dinero a cambio?
—Ojalá secuestraran mi información, sólo para decirles que no me importa en lo más mínimo.
Ya es abril, el mes de mi cumpleaños.
Parece que los años comienzan en abril y no en enero.
Que las cosas vuelven a acomodarse. Las hojas se abren en el sol, se cierran en el atardecer. A veces pareciera que nada está por cambiar y lo cierto es que todo ha cambiado.
Extraño a Pavlova. Cuando lo digo en voz alta parece una necedad, ahora sólo me lo digo a mí misma y en voz bajita.
Hace tiempo que no era dueña del tiempo como ahora.
Cuando no hay un horario de oficina todo parece durar más. El horario hace que la semana tenga un sentido. Ahora no lo veo. La vida existe aunque no tenga sentido. Todo sigue aunque no haya oficina.
El horario cambiará pronto.

*

Me regalaron de cumpleaños un Kobo. Yo siempre le digo Kindle, como le digo pan bimbo al pan de caja. Pero en realidad es un Kobo. Wallo me pasó toda su biblioteca electrónica. Más de 700 libros. Wallo me dijo: Revisa los libros y dime cuál quieres que te descargue y de una vez te lo paso.
Quiero leer Las nubes de Juan José Saer. Entonces entró a su Torrens y me bajó todos los libros que me venían a la mente. David Mamet, Amos Oz, Raymond Carver, Antonio Lobo Antunes, Irvine Welsh, Ray Bradbury, Italo Calvino, Ian Mc Ewan, Paul Grossman, Coetzee, Robert Walser, Kawabata, Patti Smith, Junot Díaz, y así... se fueron bajando uno a uno en mi tableta de lectura. Fue un día maravilloso. No sé si voy a leer todos. Tenerlos en ese aparatito me da paz emocional. Supongo que es lo que sienten algunas artistas que tienen un guardarropas gigantesco y observan todos los pares de zapatos que coleccionan, y los programas de televisión que los visitan hacen tomas de un almacén de zapatos y abrigos y vestidos... no pueden usarlos todos a la vez, pero tenerlos ahí en sus cajitas les da una seguridad frívola, estúpida y grandiosa.
Más o menos eso se siente.
Ayer leí mi primer libro electrónico: Salón de belleza de Mario Bellatín
Me mandaron mi estadística: 1 libro finalizado, 789 por leer, horas de lectura, dos.

*

2 de abril.  273 días para finalizar el año.
Así es la vida cuando se puede contabilizar. Cuando todo tiene un número y una fecha precisa. También el amor.

jueves, febrero 25, 2016

Desayuné en La Pagoda con Pablo G. 
Hablamos de la Feria de Minería, de música, de la vida en el Centro y del pequeño mundo de la historia del arte y de la UNAM. Al final siempre hay personas en común de las que se puede hablar, por qué lo conoces, de dónde, etcétera.
Siempre pensé que Pablo G. y yo éramos de la misma edad, pero no. Él es cuatro años más chico que yo. Supongo que es una cuestión de "crecer" pensar que todos son de nuestra misma edad porque parecemos "de la misma rodada".
–A veces se me olvida que soy una señora divorciada.
Él se rió y me preguntó si había leído a Jaime Gil de Biedma. 
—Sí, me gusta mucho.
—Eres como la niña Isabel, ten cuidado.


Acá el poema:


En un año que has estado
casada, pechos hermosos,
amargas encontraste
las flores del matrimonio.              

Y una buena mañana
la dulce libertad 
elegiste impaciente, 
como un escolar.    
          
Hoy vestida de corsario
en los bares se te ve
con seis amantes por banda
-Isabel, niña Isabel-,        
      
sobre un taburete erguida,
radiante, despeinada
por un viento sólo tuyo,
presidiendo la farra.   
           
De quién, al fin de una noche,
no te habrás enamorado
por quererte enamorar
Y todo me lo han contado.   
           
¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?              

Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.   
           
Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.

martes, febrero 23, 2016

1.

estuve enferma de una gripa que se convirtió en influenza.
me inyectaron antibiótico y cortisona.
no me fui nunca al hospital pero me sentía muy mal.
hice limpieza en todo este tiempo.
tiré ropa que no era mía.
regresé libros prestados.
guardé otros que no he leído.
acomodé la enciclopedia en el último peldaño de mi librero.
leí the familiar.
volumen uno y dos.

2.

me fui de campamento.
conocí a gabriela torres.
besé su anillo en forma de ojo.
conocí a walmor correa.
gritamos canciones de jeff buckley.
citamos a clarice lispector.
me enseñó su armónica pequeña.
la tocó una o dos veces.
usé un brillo rojo en los labios.
regresé con el abrigo oliendo a fogata.
y la teoría del color en mi mente.
sonriendo.
feliz.


3.

escribí sobre que algunas palabras encarnan a las personas.
podría hablar de palabras que son una persona.
deli, manuel bueno.
mood,
oligofrénico,
ignominia,
quiero quedarme con deli.
tuve conversaciones ordenadas.
por turnos;
cada personaje secundario un adjetivo;
cada mail una idea.
escribir, editar y dormir.

4.

esto es febrero.
tardes con sol.
mañanas sin prisas.


5.

atardeceres y
vida con
grace:
su mechón rosa
costó 40 pesos
en Buenavista.
sólo hemos caminado
y tomado cerveza.
y ron.
y vino.
y mezcal.


6.

—una vez me contaste un dato duro del órgano de la Catedral y no lo recuerdo.
—yo tampoco.
—¿lo inventaste?
—no, en aquel momento estudiaba arte novohispano, ahora no recuerdo nada.
—me contaste algo así como que el órgano se construyó adentro y ahora no podrían sacarlo, tendrían que destruirlo.
—o destruir la catedral.
—me contaste también que tu maestra de arte te gustaba o tú le gustabas.
—sí es verdad.


7.

escribí sobre un ciempiés
sin veneno
de veinte centímetros
tatuado en un abdomen
y sobre una rata
sin rabia
tatuada en un omóplato.


8.

el fin nunca es el fin porque siempre comienza otra cosa.
dice Marlon Brando en último tango en París.
siempre se puede comenzar de nuevo.
febrero es el inicio de algo.
nuevas palabras a nuevos recuerdos.

9.

Grace canta en el estudio:
make sure that you fit in the right holes
but when you take his offer, you're done for.