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lunes, julio 25, 2016

Fui a la Comer de Miguel A. de Quevedo porque mi madre me pidió la compra. Mi madre está convaleciente desde hace unas semanas. Fui en su carro. Tenía varios años sin ir a la Comer. Sin ir a esa Comer. Cambiaron el logo, ahora es más comic sans y menos helvética. El mundo sí cambia. Se hace más feo. La luz blanca sigue igual de inhóspita. Había poca gente. Eran las once de la mañana, de hoy, lunes. Compré verdura, vino tinto, mezcal. Aproveché para hacer mi propia compra porque hoy, lunes, regreso a mi casa. Pensé en lo vacío que estaría mi refri. Me imaginé llegando. Abriendo una alacena y un refri. Sin poder hablar con nadie. Subí al segundo piso.
Me deprimió no poder mover mi carrito en la rampa que sube al segundo piso. Tuve que quedarme ahí de pie. Con mis manos colocadas sobre el carro y observando a la gente que estaba más adelante o que viene bajando del otro lado. "Esto es agua" pensé. No quererte dar un tiro a las once de la mañana en una rampa del súper. Del otro lado, en bajada, venía una profesora de filosofía, ya mayor, que me dio clases de teoría de la historia en la Facultad. Hace ahora 10 años de esas clases. ¿Cómo puede ella, que es filósofa, no haber muerto de horror? ¿Por qué no se ha suicidado? Tenía razón Platón cuando dijo que los viejos siempre serían sospechosos. La única sospecha que levantan es la cobardía. No murieron por cobardes. Me acordé de una clase sobre Hegel. Era muy apasionada. Recordé su voz ronca. Vi su carrito semivacío. Tenía té y vino tinto, Casa Madero. Sus manos arrugadas y su cabello negro azabache con una gran raíz blanca. No quiero ser ella, pensé.
No quiero estar en una rampa de súper con las canas en la raíz y el vino tinto de 390 pesos en el carrito. Mirada perdida. Sin Hegel. Con luz blanca. Con un logo de la Comer en el horizonte.

Luego:

Regresas a casa de tu madre.
Sacas la lista.

papel de cocina.
papel de baño   regio opción verde.
fabuloso lavanda.
1/2 k jamón virginia
vino tinto
cacahuates tostados
galletas chockis sin azúcar

Separas las compras.
Las galletas normales, tuyas.
El vino tinto, dos botellas.
Una y una.
La botella de mezcal,
sólo para ti.
Los cacahuates, ella.
Regio, opción verde, ella.
Cottonelle, unique, tú.
La vida de las marcas.
La vida.
Sin marca.
Pero llena de cicatrices.
                    (—¿qué te picó?
—Nada. Me dio herpes.
Herpes Auster
                     )
Tu celular que comunica.
y dejas sonar.
y no contestas.

Abres tu computadora
y respondes mensajes:
Un Power Ranger Rojo.
                 Hace un corazón con sus manos.
de niña
te parecía la caricatura más estúpida
de la historia de las caricaturas
parece increíble
ahora la usas para expresar emociones.
Esto es el 2016.





sábado, abril 02, 2016

Honey, time is on my side.
Mi rutina está abierta en canal, como algunos cerdos que llegan al Mercado de San Juan. El sol comenzó ayer. Las plantas quieren agua todos los días. Mi revista Picnic no soportará un mes más bajo la maceta que contiene el jazmín. El agua lo quito con los dedos como si se tratara de polvo.
—¿Sabes que ahora secuestran tu información y te piden dinero a cambio?
—Ojalá secuestraran mi información, sólo para decirles que no me importa en lo más mínimo.
Ya es abril, el mes de mi cumpleaños.
Parece que los años comienzan en abril y no en enero.
Que las cosas vuelven a acomodarse. Las hojas se abren en el sol, se cierran en el atardecer. A veces pareciera que nada está por cambiar y lo cierto es que todo ha cambiado.
Extraño a Pavlova. Cuando lo digo en voz alta parece una necedad, ahora sólo me lo digo a mí misma y en voz bajita.
Hace tiempo que no era dueña del tiempo como ahora.
Cuando no hay un horario de oficina todo parece durar más. El horario hace que la semana tenga un sentido. Ahora no lo veo. La vida existe aunque no tenga sentido. Todo sigue aunque no haya oficina.
El horario cambiará pronto.

*

Me regalaron de cumpleaños un Kobo. Yo siempre le digo Kindle, como le digo pan bimbo al pan de caja. Pero en realidad es un Kobo. Wallo me pasó toda su biblioteca electrónica. Más de 700 libros. Wallo me dijo: Revisa los libros y dime cuál quieres que te descargue y de una vez te lo paso.
Quiero leer Las nubes de Juan José Saer. Entonces entró a su Torrens y me bajó todos los libros que me venían a la mente. David Mamet, Amos Oz, Raymond Carver, Antonio Lobo Antunes, Irvine Welsh, Ray Bradbury, Italo Calvino, Ian Mc Ewan, Paul Grossman, Coetzee, Robert Walser, Kawabata, Patti Smith, Junot Díaz, y así... se fueron bajando uno a uno en mi tableta de lectura. Fue un día maravilloso. No sé si voy a leer todos. Tenerlos en ese aparatito me da paz emocional. Supongo que es lo que sienten algunas artistas que tienen un guardarropas gigantesco y observan todos los pares de zapatos que coleccionan, y los programas de televisión que los visitan hacen tomas de un almacén de zapatos y abrigos y vestidos... no pueden usarlos todos a la vez, pero tenerlos ahí en sus cajitas les da una seguridad frívola, estúpida y grandiosa.
Más o menos eso se siente.
Ayer leí mi primer libro electrónico: Salón de belleza de Mario Bellatín
Me mandaron mi estadística: 1 libro finalizado, 789 por leer, horas de lectura, dos.

*

2 de abril.  273 días para finalizar el año.
Así es la vida cuando se puede contabilizar. Cuando todo tiene un número y una fecha precisa. También el amor.

martes, agosto 18, 2015

martes laboral





Caminé hasta la Cibeles mientras platicaba por teléfono con mi mamá.
Tomé la bici y llegué al Consejo a las 10.00 am en punto.
Entré al Starbucks y estaba el chico que conoce mi nombre y las dos opciones de café.
A veces nos vemos a los ojos y adivina si será americano o chai.
Hoy fue americano.
Abrí el changarro, que no es otra cosa que prender la computadora y comenzar a contestar mails. Después me puse a dictaminar todos los textos que llegaron de cuento para el plan editorial.
A las 11.00 tuve junta con RC.
Fuimos por un café a Reforma 222.
A las 12.00 seguí dictaminando hasta las 2.30 pm que salí a comer.

¿Cómo pueden existir personas que escriban 120 cuartillas y que no acentúen los verbos en pasado, que no acentúen la palabra mamá?
Es muy fuerte leer tantas propuestas de libros de cuentos y de novelas y encontrar que lo más básico no está resuelto. Y llamo "básico" a la ortografía.

Estuve escuchando una lista nueva en Spotify.
En algún momento me acordé del soundtrack de Robin Hood y quise escuchar el tema de Bryan Adams, Everything I do, I do it for you. De ahí salté a Fast car de Tracy Chapman.
Cursi, cursi, cursi, cursi y noventero nivel: tercer año de primaria.

¿Es estúpido enumerar las actividades de un día cualquiera?

Fui a comer al Sanborns.
Sopa especial con pollo. Limonada mineral poco jarabe.
Pedí una gelatina de postre.
Regresé a la oficina temprano y seguí dictaminando textos.
Me enojé mientras leía.
En un punto sentí que seguía leyendo el mismo texto.
Una especie de narración coloquial.
Del tipo: Don Memo nos dijo que la vaca estaba enferma.
Y cuando doña Marina llegó, entonces le dijo a mamá que nos saliéramos de ahí, que corriéramos.
No sé explicarlo bien, pero sé escribirlo porque fue todo lo que estuve leyendo en el día.
Una especie de "quiero ser Juan Rulfo pero soy esta cosa extraña que no termina de cuajar".
Qué desesperación.
Cuando dejo de entender el hilo narrativo, me detengo unos minutos y trato de dejar la mente en blanco.
Y sólo imagino qué estarán leyendo los nacidos entre 1992 y 1995.
¿Qué están leyendo? ¿Por qué don y doña y la gallina y el establo y la canícula?
¿Es en serio? ¿O los jóvenes escriben como viejos?

Terminé todos los libros de cuento pasadas las seis y media.
Afuera estaba a punto de llover.
Así que me fui a mi casa. Había tráfico en la ciclopista.

Pensé en escribir, pero de nuevo, todo me parecía tonto.
A veces lo más cercano como lo cotidiano, como la rutina, es lo más ominoso para la escritura.
Pareciera que lo cronológico siempre es insulso de narrar o describir.


Visité la papelería nueva que abrieron a un lado del edificio en donde vivo.
La señora que atiende fue tan amable que no quería irme sin comprar algo, cualquier cosa.
Y compré un sobre de plástico y una pluma roja.
Luego fui a la Bodega Aurrera de República de Perú.
No hay un súper que me deprima más que éste. Pero no tengo más opción.
Muchas veces logro evitarlo. Las últimas semanas he tenido que ir porque Pavlova se queda sin croquetas y sin arena. Sólo compro eso. Casi que paso sin ver. Pero todo es hostil. Cajeros y personas que compran. Hay un maltrato de ambos lados muy tremendo. No hay empacadores, no hay bolsas. Muchas veces la gente pide una caja de las que desocupan. A veces acceden, otras no. Yo siempre llevo mis bolsas de tela para meter lo que compre.
Cuando entro a ese lugar siento que estoy conteniendo la respiración.
Varias veces me han robado a la hora de empacar. Entonces estoy concentrada en mi cartera, en que no me roben lo que empaco, en que me regresen la tarjeta, en que me hayan cobrado bien.
Y es cansado.
Volví a casa, sana y salva.
Llené el bote de croquetas. Guardé la arena.
Acomodé los trastes limpios en su lugar. Y una vez que todo estuvo en orden vine a la computadora.
Pensé en romper un poco "la regla" de que mi blog se actualice un día a la semana.
Tal vez porque es la única forma que encuentro de sentirme en casa.
Sentarme un rato, escuchar música, tomar un mezcal y escribir lo que sea que venga a mi mente.

El random acaba de poner Wish you were here, Pink Floyd.
Pavlova acaba de venir a subirse a mis piernas. Se acomodó y se quedó dormida mientras escribía estas últimas cuatro frases.

Y ya.
Esto fue el martes.
Supongamos que mi martes fue cotidiano.
Sin ninguna falla en la matrix.


domingo, agosto 16, 2015

domingo de Lagunilla





Conocí a Paco Díaz a los 13 años. Fue en los primeros días del ciclo escolar de 1998. En una secundaria privada en la colonia Florida, antes de que existiera la estación del Metrobus Francia, antes de que supiéramos quiénes éramos. Una niña llamada Ariana Mena me presentó a Paco en el patio de la escuela, mientras estábamos en el descanso de entre clases.

Yo era nueva en la escuela, no había cursado primero de secundaria ahí, así que era la extraña en un microuniverso en donde ya todos tenían dinámicas establecidas, talleres asignados, apodos, amigos y grupitos. Ariana pintaba para ser mi amiga pero no fue así, al poco tiempo conocí al amor de mis amores, Zaida Morales. 

Pero antes de conocer a Zaida conocí a Paco. 

Curiosamente Zaida y Paco nunca habían salido de esa escuela desde la preprimaria, así que en la competencia de la amistad yo no pintaba para nada. Aunque a decir verdad nunca competimos por esa amistad. Era muy claro que cada quien se llevaba con Paco a distintas escalas.

En la secundaria, y supongo que en general en todas las secundarias, los alumnos tienen nombre propio y apellido, quizá por eso Paco Díaz siempre me llama Idalia Sautto. A veces sólo "Sautto".

Ese mismo año vivimos juntos la experiencia de ir al primer Vive Latino de la historia de los Vives Latinos. Crecer en la adolescencia es cuestión de meses. Un día eres uno y al día siguiente otro y la siguiente semana ya no recuerdas quién eras al inicio del mes.
Vimos juntos a La Lupita, Molotov, Tijuana No, Café Tacuba, ¿El Gran Silencio? 

Me acuerdo que Paco tomaba registro de todo lo que hacía. Tenía una grabadora en la que tomaba notas de voz de sus viajes. Me acuerdo de haber pasado una hora completa escuchando el relato de un viaje a San Miguel de Allende.

Al salir de la secundaria nos distanciamos; preparatorias diferentes, carreras distintas, filtro natural. Después nos volvimos a reencontrar en otra etapa de nuestras vidas. 

Paco es fotógrafo profesional y desde hace varios años su amistad y su lente ha comenzado a seguir mi vida. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que ha estado en los momentos más importantes. 

Hoy nos vimos para ir a la Lagunilla, en la misión marcos modernos.
Paco se muda a vivir a finales del mes con Carolina y querían enmarcar un par de cuadros para su nuevo hogar. Los primeros que pondrán juntos en su estancia.

Caminamos juntos a la Lagunilla bajo un sol quemador. Fuimos al tianguis de antigüedades. Ya no venden cerveza en la calle por los distintos operativos que han metido en esta zona de la ciudad. Así que tomamos agua de coco y clamato. 

Compré una escultura con rebaba del tamaño de un soldadito de plástico, un plato de peltre café y un pin que dice: yo amo a los doors.

Él compró un lente para ver diapositivas. 

Ella compró un par de platos de peltre y una fotografía intervenida.

Carolina es de Costa Rica y nunca había ido a la Lagunilla. Siempre es grato tener los ojos nuevos para un lugar que no es nuevo, que sigue siempre igual tanto en la memoria como en el espacio geográfico; mismas cosas viejas, mismos lentes de los sesenta, mismas reliquias que producen un deseo de posesión. En el camino Caro me preguntó cómo conocí a Paco. Y pensé algo que ya había registrado antes pero que nunca había escrito: Paco figura como uno de los amigos más viejos que tengo.

Al final, después de varios años y de cambiar de vida y contextos, seguimos siendo muy amigos.
Hay una complicidad que me gusta. No necesitamos saber mucho uno del otro para entender que siempre estamos disponibles para escucharnos.

"Has arreglado bien tu casa McFly", es una frase que Paco siempre me dice cuando llega a mi departamento.



jueves, mayo 28, 2015

mayo: bueno y constante



1. Alberto Constante


Conocí a Alberto en un Seminario sobre Ser y Tiempo que impartió los sábados en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras. Era el 2006. Yo estaba cursando el cuarto semestre de la carrera en Historia. Esto ocurrió hace nueve años. Después todo pasó. 
¿Cómo resumir una vida en unas cuantas líneas? 
Vivimos juntos, nos casamos, viajamos, escribimos, hicimos una vida en común. Volvimos a viajar, a vivir en otra parte, a soñar. Regresamos, vivimos, viajamos, seguimos juntos, discutimos; hubo pocas peleas. Al final, tuvimos nuestras diferencias, hablamos, intentamos recuperarnos como concepto; no se pudo. Después nos separamos. Después quisimos aferrarnos. Nos fuimos desenredando. Y siendo honestos en nuestras vidas, cada uno en su espacio, sabemos que nos queremos, porque nos queremos, dos veces y tres veces nos queremos, aunque no estemos juntos. Seguimos hablando, a veces salimos, desayunamos o comemos, nos mandamos whatsapp, nos damos RT. Pasaron muchas cosas en los 8 años que estuvimos juntos. Sería difícil reconocerme a mí misma sin esa parte que fui-soy junto a él.


2. Manuel Bueno



Conocí a Manuel en Sullivan, un día que llegué temprano y sólo estaba él y su computadora. 

Para ser precisos, conocí la imagen de Manuel por un video de youtube. Un día mientras manejaba a la escuela en donde doy clases pusieron en Radio Ibero una canción que me llamó la atención y subí el volumen. Me gustó la rola. Cuando estacioné el carro puse un tweet con el nombre de la canción. No quería que se me olvidara, quería buscarla después. Mi mejor amiga, MF, vio el tweet y me mandó un mensaje. ¿Te gusta Little Jesus? Yo le dije que no sabía cómo se llamaba la banda, que había escuchado la canción y que me gustaba. Ella me mandó el video de la canción. Ahí sale actuando Manuel.
Unas semanas después me quedé de ver con MF en el Karaoke en Sullivan. Por una extraña coincidencia conocía a Manuel. Yo no, pero cuando llegué lo vi y le dije que él era el chico del video de "cuando el norte se vuelve el sur".
Platicamos. Nos caímos bien. Un día fuera de la oficina coincidimos y fuimos a comer.
Después nos hicimos amigos.


3. Carlos Bueno


El fin de semana pasado fui a comer con Alberto.
Teníamos varias semanas sin vernos y fue muy emotivo encontrarnos en las mesas del Fondo de Cultura de la Rosario Castellanos.
Después fuimos a comer a la Roma. Estuvimos platicando de mil cosas, entre ellas, la posible edición de una revista de filosofía que Alberto dirige. Le dije que Manuel Bueno tenía una imprenta y que podíamos cotizar una edición con él.
No sé por qué me gusta llamarle por su nombre y su apellido.
Alberto, me había contado, que su mejor amigo se llamaba Carlos Bueno.
Yo sabía quién era Carlos porque Alberto me había contado muchas, muchas, muchas historias de su compadre, de Charly, del Denny's, de las fiestas, de su casa cerca del Viaducto, pero sobre todo de lo guapo que era su amigo. 
Usaba siempre la frase, "Charly era tan guapo que paraba el tráfico".
Carlos Bueno, en cada plática con Alberto,  se iba creando un perfil: mujeres, hijos, alcohol. 
Con los años fui construyendo una imagen de este viejo amigo de mi marido.
Un día le pregunté a Alberto, ¿por qué no lo buscas en Face? Ya lo busqué y no está. ¿En google? No está.
Este sábado volvió a salir el tema:
¿No será Manuel Bueno pariente de Carlos Bueno?
El papá de Carlos se llamaba Manuel.
No lo sé. Cuando vea a Manuel le pregunto.
¿Por qué no le preguntas ahora?
Y eso hice, le pregunté por Carlos Bueno.
Sí, era mi tío, me respondió Manuel.
¿Cómo que era?


4. Correos electrónicos


Es tan sorprendente todo esto que aún yo sigo sin entender cómo fue posible que los destinos o las rutas de vida de las personas se unan en algún momento, se anudan, se tuercen, se hacen un solo camino. Quién podría haber dicho que ese chico era el hijo del hermano de uno se mis mejores amigos en la vida. Un amigo mío que me conoció cuando yo tenía 17 años... ¿Te das cuenta Pájara? Hoy que me he enterado de su muerte... sigo triste porque ya nunca más podré verlo. No sabré nada más de él. Lo primero que pensé fue "por qué yo no me he muerto también"... Qué estúpido es todo. No sabes cuánto me duele.




5. Mensajes de whatsapp


Ya nunca podrás platicar con él, pero sus hermanos te quieren ver de nuevo. Le pidieron a Manuel que les diera tu número y ya se los di. 
Estoy segura que será un encuentro afortunado con los Bueno. 

Pájara, pájara, hoy hablé con Fernando, no sabes qué felicidad me dio escucharlo.




6. Mensajes de gtalk


El Jefferson (mi papá) Está MEGA feliz de haber encontrado a Alberto... Diario me cuenta algo de él. 
Me dijo que está nivel "hermano".
Me da mucho gusto ver a mi papá así... contento.



domingo, febrero 01, 2015

Pensamientos de Domingo.

1. Correr

Me estoy preparando para un medio maratón que será el 15 de marzo y que pienso correr junto a P.
Ya estamos inscritas y solo necesitamos pasar por nuestra camiseta cuando se nos indique.
P. es conocida por un apodo, una reducción de su nombre y no me acostumbro a nombrarla de esa forma.
En realidad todas las personas que la conocen, la ubican de la preparatoria, de una escuela a la que fueron desde siempre.
Yo no pertenezco a ninguna de esas escuelas-de-toda-la-vida, siempre fui "la nueva", siempre estuve en constante cambio.
Cuando me encuentro con personas que resulta que también la conocen al principio me dicen:
¿P?
Sí P.
Ah no, mmm ¿no te refieres a P.?
Sí, ella.
Hoy corrí catorce kilómetros, pero no logro alcanzarla.
Me lleva por más de nueve kilómetros y las piernas me duelen.
Aproveché el ciclotón y corrí por todo Reforma hasta llegar al zoológico y regresar al Centro Histórico.
Correr es parte de mi vida. 
Lo sé ahora, después de dos años de comenzar a correr, y que esta actividad sea un acto cotidiano y de impecable voluntad conmigo misma.
"De impecable voluntad conmigo misma", sí, así, un pacto que me hice a mí misma y que a veces incluso me parece ajeno, casi raro.
¿Cuándo dejaré de correr? Cuando se me acaben las rodillas.
¿Qué pensaba mi papá cuando salía a correr al camellón en Plutarco Elías Calles?
Él también corría. 
Nunca pensé en que él corría por las mañanas.
Nunca era un tema de conversación que él corriera. 
Hasta ahora que corro.
Mi mamá cuando se refiere a que yo corro, ha deslizado la frase: pues sí como tu papá.
Aunque no he corrido más de 15 kilómetros seguidos, estoy preparada para hacerlo, hoy sentí que podía correr el medio maratón.
P. y yo pusimos una meta a largo plazo: el maratón de N.Y.


2. CDMX


Vivo en la mejor ciudad del mundo.
Sin duda.
Cuando venía de regreso, pasé por el puente que cruza Reforma y el Circuito Interior, en el horizonte el paradigmático rascacielos de la ciudad, cuyo nombre cambió de Hotel de México a WTC. 
Estos referentes visuales que tengo desde niña y que cambian de ángulo, que se miran desde abajo o desde el horizonte, que se visitan y se dejan de frecuentar, que se ajustan a nuevos significados, que se pegan al nombre de una calle y de una persona, y que al final van mutando.

Cuando iba a la Nápoles, de niña, mi papá me llevaba a visitar a un amigo suyo que apodaban Q.
Q. estaba paralítico. 
La historia era que en un estacionamiento lo asaltaron cuando acaban de comprar una videocasetera VHS, acababan de salir en ese entonces, y él se negó a dárselas, y los asaltantes le dieron un balazo, la bala lo dejó paralítico por el resto de su vida. 
Tenía frecuentes dolores en las piernas y usaba un aparato que le daba masajes.
Q. era divorciado, tenía una hija, que nunca conocí, pero cuando íbamos, yo jugaba con una enorme casa de Barbies, y Barbies que no eran mías y que me costaba trabajo asignarles una personalidad y un quehacer, pero me entretenía mientras mi papá y Q. tomaban cervezas y veían la televisión.
El Hotel de México era Q. y las Barbies sin dueño.

Después cuando cumplí 15 años mi abuelo Checo me llevó a comer junto con Z. al restaurante giratorio. Ese año fuimos más de dos veces porque Z. también cumplió 15 y también fuimos al restaurante giratorio. Y otro día fuimos sin festejar nada en especial, nos gustaba mirar la ciudad desde el ventanal del restaurante.
Al siguiente año una de mis mejores amigas se mudó a la calle de Chicago, en un diminuto departamento que tenía una habitación. 
C. vivía con su papá, y su papá dormía en un sofá-cama en la sala. 
Desde una ventana rectangular, muy delgada pero alargada se veía el reformado WTC.
Yo pensaba en lo impactante que era ver ese edificio recubierto de vidrio cuando siempre había sido un esqueleto. Una obra abandonada.
Después no volví a esa colonia.
Q. se murió.
C. se cambió de departamento.

15 años después...
P. vive en la Nápoles, M. también.
La primera cita que tuve para platicar sobre la adaptación que haría de Barba Azul fue en un Starbucks que está a un costado del Poliforum, que está un lado del WTC.
El Hotel de México comenzó a tener un nuevo significado.
La Nápoles ahora representa una colonia que en palabras de P. no tiene pretensiones, y que en palabras de M. sus calles tienen nombres como Galvestón, una ciudad gringa de bajo perfil.

En la distancia, mientras corría y cruzaba el Circuito Interior sobre Reforma, siento que la ciudad de México me recorre, porque en ella está mi vida y mis recuerdos, y no puedo dejar de sentir que es la mejor ciudad-del-mundo, que me hace ser quién soy y que soy enormemente feliz cuando la cruzo corriendo.

Sol, calles cerradas, bicicletas, encuentros y desencuentros, desayuno con A. 
Enorme y larguísima siesta con el sol quemándome las piernas y después cerveza artesanal por la tarde mientras escribo mi blog y escucho el viejísimo disco de Coldaplay, Parachutes.

¿Quién soy? Esa pregunta nunca hay que olvidarla.
Soy Idalia. Estoy escribiendo en el comedor para evitar el sol de la tarde entrando directo en el estudio.
Escuchando música que me recuerda otra época, cuando la Nápoles era el norte de la ciudad.

A veces pienso que sí, que las situaciones y las personas en la vida de una, yo, se acoplan de forma casi perfecta y me siento contenta, a punto de ocupar la palabra feliz.

Soy sola. Y soy feliz.