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martes, julio 30, 2013


Hace un año estaba en Madrid.
40 grados el verano.
En este larguísimo mes se juntaron muchas cosas: estar de vacaciones, ir al teatro, visitar una cantidad impresionante de bares por todo el centro de Madrid, preparar el regreso a casa, entrar a un concurso, escribir un ensayo sobre Gerardo Naranjo... Justo lo que menos hice fue escribir en este blog.
Por ese entonces Ismael Angeles ilustró este minirelato que por fin vio la luz en un libro con otros relatos ilustrados. Sólo se puede conseguir el libro en España. Así que aquí pongo un PDF con la historia... leyéndola hubiera deseado que fuera más larga, pero esos fueron los límites impuestos. Cualquier parecido de ese relato con la escritura de este blog es pura coincidencia.
Esto es el pasado y el presente.
Voy a Explotar.





martes, diciembre 25, 2012

El camino en carretera siempre entristece.
Desde que soy niña viajar horas sobre la carretera me pone nerviosa.
Hoy estoy segura que la molestia es pensar. Estar en carretera me hace pensar todo el tiempo.
Quién soy, por qué soy así, qué estoy haciendo, qué haré.
Tengo 28 años. Y me siento una auténtica treintañera, no me da pena aceptarlo. En la carretera de regreso a la ciudad de México no dejaba de pensar en este año.
Este año estuvo marcado por: volver a casa. Cuando aterrizaba en el aeropuerto de Barajas, pensaba en lo frágil de ese momento, volver a mi piso en Santa Brígida fue "volver a casa".
Pensé en lo diferente que es hacer viajes en Europa cuando uno vive en ese territorio en donde volteas y ya estás en otro país. Recuerdo que la vez que regresamos Alberto y yo de París, tomamos el metro, eran las seis de la tarde y antes de llegar a casa pasamos al súper a comprar pan y huevo. Porque claro, no cambiamos de horario, no hicimos 12 horas de vuelo, y así es regresar de París cuando uno vive en Madrid, no traíamos más que una maleta en la espalda porque no se puede llevar casi equipaje si vuelas por Ryan air.
Si tuviera veinte años pensaría que este año fue el mejor de mi vida, pero no es así, fue muy bueno, fui muy feliz, pero viajar no es lo mejor de la vida, viajar es parte de mi vida. Y es la primera vez que veo esa diferencia, antes yo viajaba porque tenía la voracidad de conocer, de beber, de ir y venir, de aprehenderlo todo como si fuese una esponja. Y ahora pienso que quiero hacer viajes más puntuales, vivir una ciudad, adentrarme a lo que no es turístico, descifrar qué es lo que hay qué hacer, cómo vive la gente y caminar, pero sobre todo compartir. Y este año estuvo repleto de estos viajes sin turismo, viajes sólo para tomar un vino en un restaurante, caminar junto al río, disfrutar de un pedazo de sol en una helada primavera, comprar ropa de diez euros con una amiga, entrar a HM, visitar el outlet de Mango y Fuencarral, caminar cotidianamente por Fuencarral hasta Gran vía.
Recuerdo con cierta nostalgia aterrizar en Barajas y ver el páramo. Barajas está a las afueras de la ciudad y no hay edificios, no hay nada, un par de casitas por ahí.
Pensaba todas esas veces en la ciudad de México, en lo espectacular que es aterrizar en esta ciudad, pensaba que mientras no aterrizara en México, no podría decir "he vuelto a casa".


Regresamos en carro de León Guanajuato a la ciudad, evidentemente no nos dan ganas de pasar a comprar pan y huevo. Llegamos fulminados, por el sol que hacía en la carretera, el tráfico y la nube de pensamientos que están ahí. ¿Qué voy a hacer?
Tengo que escribir. Tengo que escribir.
¿Por qué cuando me repito a mí misma "tengo que escribir" pienso en mi amigo Frederik? No lo sé.
Comencé a escribir una novela. Ese día después de la carretera pensé en escribir una historia, no sé hacia dónde va, no sé por qué, sólo sé que lo quiero hacer y eso es suficiente.
Frederik estaba en mi mente, con su mirada de no estoy entendiendo, con su mirada de qué estás haciendo y por qué.
Escribí y escribí. Me puse triste. Pensé en mi blog, pensé en "mejor escribo en mi blog". Pero este espacio es diferente, es para relajarme.
Me pongo a buscar en mi archivo.
Encontré esta entrada que ahora pongo aquí. La quiero dejar en este momento porque ya no estoy con Rita, ya no estoy en ese cuarto y la transformación me parece lejana pero aún sigue dentro de mí.

Estoy escribiendo con mi laptop en el comedor de mi casa. En este aburrido 25 de diciembre. Es aburrido porque es como domingo, porque no hay muchas cosas qué hacer, porque de alguna forma estamos obligados a reposar, a tomar estas vacaciones y no quiero reposar, y no quiero tomar vacaciones. Estoy escuchando a Nick Drake y después a Chilly Gonzales. Las flores que me compró Alberto están abiertas y su olor impregna toda la estancia. Tengo una casa muy bonita, lo digo en serio, estoy viendo todo a mi alrededor y pienso qué bonito es.
Tomo el libro de Legátova y comienzo a leer mis subrayados:
Su día era una canción alegre que acababa por las tardes en forma de fanfarria triunfal con la vuelta de su marido. 
Para todo hace falta talento. Incluso para la felicidad.



19/06/2008


Me gusta el sabor de las galletas marías cuando se hacen viejas y blandas. Ese sabor y el té de cereza negra son la medida de mi felicidad.
Por la tarde fui a recoger mi computadora y algunas cosas al departamento.
Hablé con el mecánico que está arreglando mi estéreo y me dijo que estaría listo en quince minutos o media hora.
Entré a mi cuarto y me puse a releer un libro que me gusta mucho, La transformación de Květa Legátova. Pensé que mientras podría leer un poco ese libro y recordar frases subrayadas. Lo tenía encima de mi cómoda porque me lo acaba de regresar una amiga a la que se lo presté. Hace casi un año que leí ese libro y esa transformación mía que comenzó en julio del año pasado sigue todavía en camino, marchando como la imitación que hago de los soldaditos, los buenos momentos han marcado el año entero.
Buenos momentos que de pensarlos me estremecen.
Pequeños detalles se acomodan día con día, y sin duda no soy la misma.
Ayer y hoy estuve pensando en Frederik. Más bien me venía mucho a la mente una frase que él me decía mucho para señalarme alguna cosa por hacer. “No es por intrigar pero…” Su recuerdo viene y se va. No es por intrigar pero sería mejor ir preparando la exposición. No es por intrigar pero creo que deberías mandar ese texto. Sí, lo extraño. En momentos me asombra. Y sólo se queda en mí, una y otra vez, cómo pudo ser.
Después de todo decidí no despegar el calendario 2007 de mi cuarto.
Porque en esos días toda mi vida ha cambiado, esos días no se despegaran nunca de mí, porque son como lágrimas que se pronunciaran siempre en mi recuerdo.
No sé si soy mejor persona, pero sí sé que me alivia sentirme ligera.
Me doy cuenta que he aprendido a no enojarme.
Desde hace dos años pocas cosas me molestan. Y eso me hace más ligera. Mis pensamientos son frases sencillas, y al ser sencillas no me lastiman, no tienen esas aristas que tienen los pensamientos rebuscados que se entierran como las uñas, se clavan como un dolor imperceptible que al final resulta cansado, inútil. Antes así era. Y todo el tiempo me quejaba, me ponía triste, y también escribía, pero sobre todo porque me sentía hostigada por pensamientos tontos.
Ahora más bien me siento impregnada de recuerdos que surgen sin que me dé cuenta.
Las frases que subrayé en ese libro me siguen pareciendo maravillosas.
Me hice un ovillito y deseé quedarme así hasta el fin de los tiempos.
De pronto, sentada en mi cama, leyendo ese libro, el tiempo me tiene sin cuidado. El departamento adquiere un color anaranjado por eso de las seis, y de pronto vi que Rita, mi gata blancuzca, se me acercaba con cierto sigilo, como si le sorprendiera verme sentada con tanta quietud, nada de prisa, simplemente releyendo partes del libro. Alcé la mirada y la vi a través del espejo, me veía con asombro y sus pupilas estaban pequeñísimas en una fina línea negra, sus ojos eran más azules que las tapas del libro.
Vi mi cuarto y sentí que ese era el último momento en que veía mi cuarto tal como siempre ha estado. Sentí que ese cuarto nunca volvería a ser tan mío como hasta entonces. La transformación también avanzaría sobre mis cosas. Cada día irá mudando, hasta quedar vacío de mí, solo sin mí, ese cuarto que ahora comienza a terminar.
Y sentí la tristeza que acompaña todas las despedidas.
Rita saltó a la cama y se me acomodó en mis piernas. Me quedé con ella hasta quedar casi a oscuras. Me dieron ganas de llorar, pero mi propia felicidad se inclinó hacia mí con el ronroneo de Rita y estuve muy bien, pensando que nunca estamos del todo preparados para que terminen las cosas, cualquier cosa, incluso una tarde, una caricia, un libro.



sábado, abril 21, 2012

Hace unos años pasé un cumpleaños en Puebla. Mi tía Queta vive allá y recuerdo que ese día había un noticiero en donde al final felicitaban a las personas que cumplían años. Recuerdo que estaba acostada en su enorme cama king size y en la tele el presentador dijo "feliz cumpleaños a... Idalia". Fue muy rápido y además felicitaron a más personas. Pero fue y sigue siendo uno de los mejores regalos que me hicieron porque hoy todavía está en mi mente. La verdad es que me emocionó muchísimo que en la televisión pudieran saber de mi cumpleaños.
Hoy cumplo 28 años y estoy en Madrid. Es la primera vez que cumplo años fuera de mi país. Y decidí comenzar mi día viniendo a la Biblioteca Nacional que por ser sábado sólo abre medio día, así que estaré trabajando en mi tesis hasta las dos de la tarde y después me iré a festejar. Estoy muy contenta y hace frío. Creo que es también el primer cumpleaños que festejo usando un abrigo.

domingo, marzo 04, 2012

“Antes debo solucionar mis asuntos con el resto del mundo. El teléfono es una línea de vida, así que empezaremos por él. No hay teléfono, no hay internet, y yo tengo que enviar mi trabajo. Me siento como una araña a la que le han destrozado la tela, una dependencia humillante”.

Cees Nooteboom en Lluvia roja.

Esta cita resume en muy pocas palabras lo que he vivido en Madrid intensamente durante un mes. Y hoy, creo, quiero creer, que eso ha terminado. Que tengo teléfono, internet y que ya no soy esa araña a la que le han destrozado la tela. Hoy es domingo y todo está muerto. Al menos casi todo. Hoy iré al cine y veré “the artist”… ya no me cuenten, ¡ya quiero verla! y espero que esté a la altura de todas las expectativas que me ha formado el twitter y los comentarios que he escuchado. También porque es domingo escribo en este blog. Es domingo y no tengo que ver a ninguna familia, a los pocos amigos que tengo en Madrid ya los vi desde el jueves, viernes, sábado, ya nadie está dispuesto a verte un día más.

Terminé de leer “Zazie dans le metro”, nunca lo pude leer en francés porque es una lectura complicadísima y cuando lo encontré en “tipos infames” la librería que está a la vuelta de mi casa, me emocioné y la compré. Después me enojó mucho porque está plagada de slang español, gilipollas, me sabe mal, me la suda y pues bueno, no me gustó tanto, en realidad, no me gustó la traducción. Ni modo, ese es el precio de ser una floja y no seguir en las clases de francés.

Ayer fui a la casa del libro y me pasé horas viendo los libros, buscando algo que leer…

Así que me compré un libro, también de traductor español, pero que no tiene slang así que no hay problema, de Cees Nooteboom. Yo me enamoré de Nooteboom en el 2005. Me encantó con su libro de Mokusei! Que justo lo leí después de un viaje que hice a Tokyo. En ese momento estaba muy impresionada con la capacidad de describir a la sociedad japonesa, me gustó muchísimo, recuerdo una de las frases que decía “los japoneses usan el arte para todo, hasta para vender toyotas”. El libro no sólo describe a los japoneses en sus virtudes y defectos sino también hace una crítica de cómo perciben el mundo y cómo se comportan con los extranjeros, unos especiales porque odian a los extranjeros. El caso es que me encontré con el estante en donde estaban al menos ocho libros de Nooteboom, saqué uno y comencé a leer y me dio flojera, otro y otro, otro, igual no me decía nada. La verdad es que yo decido qué leer si las primeras cinco líneas de cómo comienza el libro me emocionan de otra manera no. Después de agarrar como cuatro o cinco libros de él, tomé "Lluvia roja" y supe que debía comprar ese libro porque hablaba de su gata. La primera frase que leí fue:

"Heredé Murciélago hace años. No un murciélago cualquiera, no. Me refiero a Murciélago, una gata gris de raza cartuja..."

Pensé de inmediato yo debería escribir historias de gatos y ya, sólo eso, historia de gatos. Ese relato sobre “Murciélago” casi me hace llorar. El libro entero vale sólo por leer la historia de “Murciélago”. Lo mejor es que los siguientes relatos son sobre su vida en una isla de España, y de nuevo su impresión del mundo español es adorable, me di cuenta que era lo que necesitaba leer. Hay una frase que describe bastante bien lo que se siente al estar en un lugar público “los españoles son adictos al ruido o insensibles a él”. Me moría de risa porque es verdad, los españoles gritan mucho, la televisión está a todo volumen, en fin, el otro día en una marisquería terminé hablando a gritos porque de otra manera nadie te escucha.

Antes de escribir aquí pensé “hoy es un buen día para varias cosas”:

Escribir en mi blog.

Pintarme las uñas de azul claro.

Probar la combinación de palomitas de caramelo con saladas que hacen en el cine Ideal.

Ver “The artist”.

Leer “Lluvia roja”.



Y la buena noticia de la semana: El siguiente fin de semana vuelo a Berlín a pasar unos días con mi querida Grace.

Además estoy escuchando Radiohead y estoy harto feliz.