viernes, diciembre 19, 2014
León. Guanajuato. México
jueves, septiembre 18, 2014
Hoy, después de bañarme, decidí dejarme la toalla en el cabello mientras me maquillaba los ojos.
Pensaba en la tarea que les había dejado a mis alumnos del Lancaster. ¿Quién soy?
Uno de ellos me preguntó, ¿entonces tenemos que filosofar? Me dio risa. Porque usan la palabra filosofar sin ningún juicio de valor, sin agregarle algo más a filosofar, pero quién soy los remite a la filosofía, cuando a mí más bien me remite a un acto que tiene que ver con lo cotidiano, y que probablemente la filosofía ha dicho mucho al respecto.
No, no tienen que filosofar, puede ser cualquier cosa como el signo de su horóscopo chino o como el color que más les gusta.
Cuando me quité la toalla me di cuenta que aún tenía shampoo en el cabello.
Tuve que enjuagarme en el lavabo y hacer toda una operación, ¿por qué me dejé shampoo en el cabello?
¿En dónde está mi mente? Está en otra parte.
Estoy en Nueva York. Y al mismo tiempo ya no estoy en Nueva York. Ya estoy en la clase que daré mañana de Literatura, ya estoy en el camino a casa, ya estoy con la ilusión de encontrarme con Pavlova. Estoy allá. Estoy en México y en unas horas en un avión y después en un taxi y después todo lo que ya conozco y que espera, se ha quedado estático, pero ahí está.
Estoy triste.
Siempre me pone triste hacer una maleta.
Doblemente triste porque se termina un viaje que compartí con un cómplice perfecto.
Mientras soy espectadora de otras realidades. Me asomo a la calle y veo a las personas pasar.
Quiero ser una de esas personas que lleva el café y camina presuroso a su trabajo.
Esa realidad es la misma en otras partes, y no.
Estoy en otra parte. Quisiera quedarme en la otra parte.
sábado, abril 05, 2014
De viaje, dicen.
Hoy me compré unas botas Dr. Martens. Quizá la mejor compra que he podido hacer en el año.
También estoy de pasada en Madrid. Y aunque viví aquí cerca de 8 meses en el 2012, la nostalgia es fuerte, los recuerdos se pegan a los territorios como las manchas de vino tinto a los manteles.
Estoy contenta.
Muy contenta de encontrarme con rostros de personas que al final se convirtieron en amigos entrañables.
También contenta de escribir a mitad del viaje. Permitirme lo que a veces pienso que debería de olvidar para después escribir la sustancia de lo que significa el verdadero viaje. Me quito de encima un poco esa idea y escribo que he sido enormemente feliz de caminar por la plaza de Santa Bárbara más conocida por el metro Alonso Martínez.
Para este viaje he pensado en armar un álbum de fotografías como se hacía hace pocos años, uno toma fotos y después crea un álbum digital y lo sube. Algo así haré, pero sólo de retratos, de aquellas personas que reencontré en mi camino.
Hoy cumplo 8 días de viaje, 8 pares de calcetines sucios.
O lavas o te quedas sin calcetines.
Decidí ir al H&M y comprar 8 pares de calcetines y seguir ensuciando calcetines.
La cuestión es: ¿lavar o comprar? Y decidí comprar.
Nunca es malo tener calcetines.
Amo tener calcetines.
Además los calcetines que compré en el H&M de Callao son de animalprint.
Negros, grises, con un jaguar, una cosa hermosa.
Mañana se suponía correría una carrera de 10 kilómetros en Barcelona.
Mi amiga Georgina que sabía que vendría a España me inscribió a la carrera, misma que me perderé porque tengo otro compromiso en Madrid.
Muy en el fondo, esta entrada de blog quería dedicarla a esa carrera de 10 kilómetros.
Como no hice esa carrera fui a correr al Parque de Santander.
10 kilómetros. Sin parar.
De algo deben servir porque no he dejado de comer pincho de patata.
Conclusión: Madrid es un pueblo.
pero es un pueblo bello,
con sus Tigers, sus chinos gourmets, sus dr. martens, sus melissa, sus otulets y tiendas vintage, su calle de Fuencarral, su Universidad con cervezas a las once de la mañana y grafiti de paro y M22.
Me encanta Madrid.
Me encantaría volver a vivir en esta ciudad / pueblo.
Me encantan sus cafeterías / bar.
Su street art, su caña con casera, su gente bonita, su lenguaje siempre atinado.
No se dice carro, se dice auto, no se dice camión se dice autobus, no se dice flojera se dice pereza...
Estatus. Felicidad.
Vem ver a vida
Sem você meu amor eu não sou ninguém
jueves, julio 11, 2013
martes, julio 09, 2013
...
jueves, enero 17, 2013
Estando en Uayamón que es una exhacienda ahora convertida en hotel, encontramos una fila de hormigas, no supimos en dónde estaba el hormiguero porque era enorme verdaderamente enorme el camino y el tránsito iba pesado en ambos sentidos. Cientos de hormigas algunas cargando larvas, moscas, hojitas, impresionante. Las cuatro (Grace, Pilar, Paola y yo) nos quedamos viendo las hormigas y seguimos un poco el camino. Amé ese momento en donde ninguna quería irse sin saber hasta donde llegaban las hormigas. Tenía años de no maravillarme por un camino de hormigas.
Campeche fue:
Uayamón,
alberca,
helado de coco en La Brocha,
crema de coco en Champotón,
atardeceres,
noche con estrellas,
pelícanos y peces saltadores,
bikinis,
carretera con retenes,
exposición Olvido,
platillos voladores en la arquitectura,
más noche con estrellas,
té Reca,
té verde Reca,
Iglesia del cristo negro,
Chuc Chuc Chuc Chuc
más alberca,
más helado de coco,
y un hermoso final caminando por el malecón.
Fue una delicia este viaje.
Campeche además es hermoso, sus casas pintadas de colores, los restos de la muralla, me encantó conocer este pueblo. Además hacía calor y me picaron los mosquitos pero no importó. Siento que se me limpiaron los pulmones de tanta ciudad. Estoy contenta y es enero. La verdad es que enero siempre es un mes gris absolutamente, triste en algunos casos, no sé, enero no es un mes que me conmueva. Pero mientras estaba metida en el mar en playa tortugas nada importaba, sólo el mar, a lo lejos no había nadie, Paola y Mima fumando un cigarro, Grace y Pilar underwater y yo disfrutando cada vuelo de pelícano, qué delicia.
martes, diciembre 25, 2012
Desde que soy niña viajar horas sobre la carretera me pone nerviosa.
Hoy estoy segura que la molestia es pensar. Estar en carretera me hace pensar todo el tiempo.
Quién soy, por qué soy así, qué estoy haciendo, qué haré.
Tengo 28 años. Y me siento una auténtica treintañera, no me da pena aceptarlo. En la carretera de regreso a la ciudad de México no dejaba de pensar en este año.
Este año estuvo marcado por: volver a casa. Cuando aterrizaba en el aeropuerto de Barajas, pensaba en lo frágil de ese momento, volver a mi piso en Santa Brígida fue "volver a casa".
Pensé en lo diferente que es hacer viajes en Europa cuando uno vive en ese territorio en donde volteas y ya estás en otro país. Recuerdo que la vez que regresamos Alberto y yo de París, tomamos el metro, eran las seis de la tarde y antes de llegar a casa pasamos al súper a comprar pan y huevo. Porque claro, no cambiamos de horario, no hicimos 12 horas de vuelo, y así es regresar de París cuando uno vive en Madrid, no traíamos más que una maleta en la espalda porque no se puede llevar casi equipaje si vuelas por Ryan air.
Si tuviera veinte años pensaría que este año fue el mejor de mi vida, pero no es así, fue muy bueno, fui muy feliz, pero viajar no es lo mejor de la vida, viajar es parte de mi vida. Y es la primera vez que veo esa diferencia, antes yo viajaba porque tenía la voracidad de conocer, de beber, de ir y venir, de aprehenderlo todo como si fuese una esponja. Y ahora pienso que quiero hacer viajes más puntuales, vivir una ciudad, adentrarme a lo que no es turístico, descifrar qué es lo que hay qué hacer, cómo vive la gente y caminar, pero sobre todo compartir. Y este año estuvo repleto de estos viajes sin turismo, viajes sólo para tomar un vino en un restaurante, caminar junto al río, disfrutar de un pedazo de sol en una helada primavera, comprar ropa de diez euros con una amiga, entrar a HM, visitar el outlet de Mango y Fuencarral, caminar cotidianamente por Fuencarral hasta Gran vía.
Recuerdo con cierta nostalgia aterrizar en Barajas y ver el páramo. Barajas está a las afueras de la ciudad y no hay edificios, no hay nada, un par de casitas por ahí.
Pensaba todas esas veces en la ciudad de México, en lo espectacular que es aterrizar en esta ciudad, pensaba que mientras no aterrizara en México, no podría decir "he vuelto a casa".
Regresamos en carro de León Guanajuato a la ciudad, evidentemente no nos dan ganas de pasar a comprar pan y huevo. Llegamos fulminados, por el sol que hacía en la carretera, el tráfico y la nube de pensamientos que están ahí. ¿Qué voy a hacer?
Tengo que escribir. Tengo que escribir.
¿Por qué cuando me repito a mí misma "tengo que escribir" pienso en mi amigo Frederik? No lo sé.
Comencé a escribir una novela. Ese día después de la carretera pensé en escribir una historia, no sé hacia dónde va, no sé por qué, sólo sé que lo quiero hacer y eso es suficiente.
Frederik estaba en mi mente, con su mirada de no estoy entendiendo, con su mirada de qué estás haciendo y por qué.
Escribí y escribí. Me puse triste. Pensé en mi blog, pensé en "mejor escribo en mi blog". Pero este espacio es diferente, es para relajarme.
Me pongo a buscar en mi archivo.
Encontré esta entrada que ahora pongo aquí. La quiero dejar en este momento porque ya no estoy con Rita, ya no estoy en ese cuarto y la transformación me parece lejana pero aún sigue dentro de mí.
Estoy escribiendo con mi laptop en el comedor de mi casa. En este aburrido 25 de diciembre. Es aburrido porque es como domingo, porque no hay muchas cosas qué hacer, porque de alguna forma estamos obligados a reposar, a tomar estas vacaciones y no quiero reposar, y no quiero tomar vacaciones. Estoy escuchando a Nick Drake y después a Chilly Gonzales. Las flores que me compró Alberto están abiertas y su olor impregna toda la estancia. Tengo una casa muy bonita, lo digo en serio, estoy viendo todo a mi alrededor y pienso qué bonito es.
Tomo el libro de Legátova y comienzo a leer mis subrayados:
Su día era una canción alegre que acababa por las tardes en forma de fanfarria triunfal con la vuelta de su marido.
Para todo hace falta talento. Incluso para la felicidad.
19/06/2008
viernes, junio 29, 2012
lunes, junio 04, 2012
Así que son las 18:25 y no estoy como zombie.
Mayo se terminó y nunca le dediqué una entrada a mi viaje a Londres.
A veces siento que no hay palabras que puedan describir un viaje como fue el que hice a Londres, no porque fuera extraordinario e inenarrable, no, fue un viaje bonito, sencillo, redondo. Pero quizá siento que no quisiera escribir nada al respecto y dejar que el olvido se lleve Londres y que cuando dentro de unos años me acuerde de ese viaje sepa que ese es el verdadero recuerdo, el que se quedará ahí para siempre.
Pero de Londres quedé maravillada por un gato momificado conservado en una de las vitrinas de los últimos pisos del British Museum. Sí, yo sólo quisiera escribir sobre gatos, así que Londres para mí es este gato.
En tres palabras Londres es: caro, lluvioso, elegante y verde. Bueno ni modo fueron cuatro palabras.
Me enamoré de esos taxis que todavía pertenecen a otro siglo, son como caravanas pero modernas, amé el inglés superior que hablan las personas, y sobre todas las cosas, me impresionó el verde de los parques y de los árboles después de cada chipichipi.
lunes, abril 09, 2012

Y la semana santa fue París.
Me da un poco de pena escribir sobre París sin sonar cursi, obvia y lugar común pero ni modo: París es una fiesta como dice Vila-Matas. Lo mejor es caminar, perderse por las calles, que nunca te pierdes si te encuentras con un metro o un café. La mejor visita que pude hacer a esta ciudad fue dejando a un lado los museos y los lugares harto turísticos en donde llegan manadas de turistas. Así que no fui corriendo a ver el código de Hammurabi, y bueno tampoco hice todo lo que viene en la guía de turismo. Lo que sí hice:
Fui al panteón de Montparnasse a visitar a Julio Cortázar. Afuera compré unas flores amarillas y fue muy triste llegar a una tumba llena de rayones y de mensajes tontos que le ha dejado la gente. Fue terrible porque la mayoría de los mensajes escritos con plumón indeleble y algunos hasta grabados con gubias sólo afean la tumba. Muy decepcionante. La última vez que estuve ahí fue en 2003 y la tumba estaba limpia, esto quiere decir que desde 1984 no se había rayado, y ahora 2012 está llena de mensajes y de tonterías como si se tratara de un baño público. Además la cantidad de turistas es un poco agobiante, en Montparnasse no hay casi turistas y aproveché la ocasión para visitar a Porfirio Díaz y tomar un par de fotos a su tumba. También visité a Susan Sontag, Sartre, Baudelaire, aunque los visité nomás porque sabía que estaban en el mismo panteón, el único que me importaba era Cortázar.
Estuve caminando muy cerca del museo de Orsay y ahí en donde se concentran miles de personas sientes que eres uno más de la bola que saca su cámara ¿y qué tomas? Esta pregunta me venía a la mente a qué le saco una foto, ¿no son ya suficientes las fotos que hay del París turístico?
Fui a la mítica librería en donde estuvo Joyce, Hemingway y seguramente todo el elenco de escritores que salen en París a la media noche. “Shakespeare and company” es muy bello lugar, hay un piano y me tocó escuchar a una chica que aporreaba el piano pero que hacía un ambiente muy rico. El lugar es acogedor, tiene una luz tenue y los libros están encimados, hay un acomodo de librería de viejo. La librería tiene toda la parafernalia del turismo: te venden la bolsa, la postal de Joyce, la libreta, pero con todo y eso: sí vale la pena ir, subir al segundo piso y sentarse junto a la ventana y ver Notre Dame. Sí es increíble estar ahí pero todo lo que rodea este acto es ponerte en la postura del turista que igual se sube a la Torre Eiffel y toma el paseo en el Sena pero pues ni modo, es el turismo que me toca vivir y lo asumí sin sentirme mal, ahora me arrepiento un poquito no aventar un euro al pozo de los escritores pero pues ni modo, no me nació hacerlo. Es una librería que todos quieren visitar y es mucho más bonita que su hermana gemela en Nueva York. Últimamente he sentido que las grandes ciudades: Nueva York, París, Madrid, La Ciudad de México, tienen lugares, quizá La Ciudad de México mucho menos, pero sí estoy segura que las tiendas de los museos te venden el mismo trique, los mismos lápices, el mismo patito amarillo para la bañera, la misma libreta de apuntes, la postal de Bansky junto a la postal de Degas, los imanes para formar palabras, el muñequito de Freud. En fin… Ya no tiene esta magia que todavía hace diez años se podía dar como comprar algo que sabes que sólo hay en un país y que ese lápiz es único y especial y… no, ya no es así, ya no hay cosas especiales que comprar. Lo más especial que traje de París fueron tres cuentos clásicos para niños, que estoy segura se consiguen en cualquier librería de Francia y en Amazon que lo tiene todo, pero bueno yo los conocí en una tienda de comics muy cerca de la rotonda de Clichy. Me gustaron por ser pequeños y tener ilustraciones muy clásicas. Además cada uno me costó dos euros porque es la reedición ocho mil desde la primera en 1952. Y bueno comí fondue, ese sí que no hay uno más rico, o eso pienso, y comí comida japonesa, también deliciosa. El desayuno del hotel no era nada malo y los croissants eran muy ricos. Toda la panadería francesa lo mejor de lo mejor.
De vuelta a Madrid.
Fui a comprar té con Yuli y platicamos de los precios del alquiler, de Malasaña, del dueño de un bar que frecuento mucho que se llama “La bodega de la ardosa”, y me di cuenta que Yuli me trataba como una chica con la que podía platicar del “cotilleo” de nuestro barrio.
Los últimos días de Semana Santa descubrí un foro, muy cerca de casa, se llama Nudo Teatro. Y tiene unas obras extraordinarias.
He visto tres, pero ahora soy tan fan que ya tengo reservación para la función del miércoles y cuando venga Grace a finales de mes, ¡Grace viene a visitarme y me emociona mucho! Pues volveré a ir a ver con ella las obras que más me conmovieron.
Pero Nudo Teatro merece una entrada de este blog...
