domingo, febrero 01, 2015
miércoles, mayo 19, 2010
Estoy buscando.
domingo, abril 26, 2009
De las cosas que me emocionaron en mi cumpleaños y los días después, influenza, etc...
Bueno, ya no es mi cumpleaños pero la emoción me duró todos estos días que me la he pasado haciendo cosas de lo más variado.
Hace unos días decía que a mí sí me gusta que me festejen y que me canten las mañanitas y morder el pastel y ay tantas cositas así. Ese día me levanté a las seis de la mañana porque fui a Santa Fe y después regresé a mi casa de manera supersónica a bañarme y ponerme guapa y preparar aderezos y comprar la comida árabe y abrir los vinos y sentarme a esperar a mis invitados. Guau me la pasé bien emocionada todo el tiempo, estuvo muy contenta y al final del día me acuerdo que ya no podía tener los ojos abiertos y me dormí muy rápido siendo que casi siempre me tardo un poco en dormir.
De los regalos que más he disfrutado es estar escribiendo en una nueva compu que no se salta a escribir a otro renglón o que me deja escribiendo en el aire quién sabe por qué o que de pronto ya me abrió otra página, en fin, además de que no tengo que batallar con la letra “o” que estaba muy durita esa tecla. También he pasado harto tiempo observando un caleidoscopio de aceite buenísimo… regaló de mi Comadre. Todo estaba relativamente bien hasta que el viernes suspendieron las clases y no pude ir a mi clase de tap y lo que es peor no pude ir a la cita que tenía con mi asesor para saber sus opiniones finales sobre la tesis completa. Pero la verdad es que prefiero hablar de los múltiples regalos para comenzar estos 25 años:
Que Isolda me dibujara un comic; en donde viajamos al mundo de las Graces en donde somos liliputs y asistimos a la representación de un cuento mío.
Que Konstante cantara “Mírame” (aunque me debe una pizza).
Y de las cosas que quedaron pendientes fue la etimología de la palabra Pájara y su evolución a la Pakarda.
Por cierto ayer fuimos al Hard Rock Café, Elsa, Grace, Alberto y yo. Fue la última presentación y estuvo poca madre, aunque pudo estar mejor si la delegación no hubiera llegado a cerrar el lugar y corrernos a las diez y media. El caso es que nos tomamos una botella de vodka, órales, una botella Elsa, entre los tres porque Grace no tomó nada. Había un evento de motocicletas y entregaron la moto edición especial para el Hard Rock, y Konstante cantó unas cinco rolitas (estrené mi nueva cámara canon) y después nos llevaron la cuenta y nos tuvimos que ir. Hoy amanecí con una sed de siglos, con la noticia de que no habrá escuela hasta el 6 de mayo, que las cosas se ponen cada vez más graves. La única medida que he tomado es usar tapabocas y tomar un chochito homeópata disque para la influenza. Qué mal, ahora no tendremos clases hasta el 6 de mayo. Qué pasa con esta ciudad. No podemos quejarnos, primero se cae una avioneta en el periférico, ahora hay una epidemia después sálvese quién pueda. No es por nada pero es de las cosas que hubiera querido que sucedieran cuando estaba en la secundaria, no ahora que más bien me ponen nerviosa. Me alarma la situación cuando se dice que la UNAM (salvo cuando fue la huelga) no había suspendido clases desde 1985 y eso porque ocurrió el terremoto, que la Iglesia no había suspendido misas desde la Guerra Cristera, en fin, que algo se ha salido de control y cuando veo a las personas en la calle pareciera que a nadie le preocupa.
¿Qué nos depara?
miércoles, enero 21, 2009
Bueno, pues ayer se supone que iría al munal, pero no fue así.
Cosas que pasan sin que nadie pueda ponerle un remedio.
Ayer salí de estar con Ana y dejé mi carro estacionado en esta gran avenida que se llama Vasco de Quiroga, sobre la que se encuentra el Centro Comercial Santa Fe. Claro que no metí mi carro al estacionamiento porque es caro y ya muchísimas veces lo he dejado afuera porque está permitido estacionarse ahí, además era muy temprano y había lugar para dejarlo. Pues cuando salgo de con Ana, como a las diez de la mañana, voy caminando hacia mi carro y me doy cuenta que muy cerca de él hay todo un operativo de policías alrededor y cuando llego me doy cuenta que están sobre mi carro. Primero pensé: Se lo van a llevar, he pensado todo este tiempo que está permitido estacionarse aquí pero no es así. Y cuando me acerco más veo que está destrozado el cristal del copiloto. Me robaron. Y como soy una mexicana promedio, claro que todo es muy predecible: dejo la carátula de mi radio en la guantera, dejo mi i-pod, dejo mis lentes, porque pienso que eso de la inseguridad en la ciudad de México es una leyenda urbana. No es así.
Y entonces me preguntan si soy yo la propietaria del carro. Y digo que sí. Y me dicen que le dieron un cristalazo a mi carro y que me robaron el radio. Me asomo y veo todo destripado el hueco del radio, con cables y miles de pedacitos de vidrio. Pero me dicen los policías: Los atrapamos. Los vimos echarse a correr y los agarramos con todas sus cosas. Los tenemos en la patrulla y necesitamos su declaración. ¿Es de usted este i-pod? Y yo ¡sí! Y este estéreo ¡sí también! Bueno pues nos tiene que acompañar a la delegación Cuajimalpa para levantar un acta. Y yo en mi súper felicidad de tener todas las cosas por segundos perdidas digo que claro que sí iré a levantar el acta. Entonces se sube un policía a mi carro y me dice que él me lleva a la delegación. Y ya cuando lo traigo en mi carro y ya voy para la delegación Cuajimalpa que, en dónde demonios está eso, comienzo a pensar que todo ese operativo es un teatro de gente mala y que en realidad me van a secuestrar. Qué horror, y me comienzo a poner nerviosa y a preguntar si ya vamos a llegar a la delegación y no veo nada que se le parezca, sólo subidas y pueblo y lugares harto desconocidos por mí. Entonces comienzo a marcarle por teléfono a Alberto y no responde, y no responde, y no responde. Y claro que pienso, le tengo que hablar a mi mamá, pues qué otra. Y me dije, no, no le hablaré a mi mamá, toda desesperada sólo la voy a asustar. Pero dentro de mí, en el fondo de mi ser había un grito: MAMÁAAAAA. Y por fin llegamos a la delegación Cuajimalpa y no eran secuestradores, mi malviaje se terminó: eran auténticos policías haciendo su trabajo, ¿cuál? pues agarrar criminales y regresar el i-pod a señoritas como yo.
Entonces empezó todo el horror, eran niños los que rompieron el cristal y me robaron, niños de once, doce y trece años, y los de la delegación Cuajimalpa les dijeron a los policías que no, que ellos no levantarían una investigación porque eran menores de edad y eso le correspondía al tutelar de menores. Llévenlos allá o déjenlos libres. Y los policías, que nunca habían ido al tutelar me dijeron que tenía que ir con ellos. Y yo pues claro que iba a ir. Fuimos a Niños Héroes y Fray Servando. Y los policías se perdieron, en ese momento me dieron ternura, pero tenían un ánimo y unas ganas de hacer su trabajo como nunca en mi vida lo había visto. Afuera toda esa mierda de que no hacen nada y son unos panzones flojos que andan por ahí. Mis policías, mis héroes no tenían panza y eran de mi misma edad. Total que anduvieron preguntando hasta que por fin llegamos. Y resultó que el tutelar ya lo habían cambiado a Obrero Mundial, muy cerca del ahora Parque Delta. Y llegamos allá. Pusieron a los niños en un pasillo junto con unas niñas que se habían robado un peluche de Elmo. Y de pronto me pensé yo misma ahí con un libro robado. Pero no, no soy menor de edad y nunca me han cachado robando libros. Pensé: Pena robar y que te cachen. Niños tontos. Eran niños como de la calle, la verdad sentí mucha pena cuando los vi, y uno de los niños me veía mucho y lo vi directo a los ojos y me di cuenta que no le daba pena verme y saber que a mí me había robado, no, nada de pena, hasta me llamó para que fuera, como que quería decirme algo, pero no fui porque estaban los policías ahí. Entonces me preguntó la hora y se la di. En el tribunal estuve tres horas porque había muchos niños que atender y muchos permisos para que puedan pasar las mamás de los niños a darles comida.
Por fin pude levantar mi acta junto con los dos policías. Estos dos policías me hicieron ver que sí, que allá afuera hay personas que están dispuestas a proteger a los ciudadanos. Y además no podía quitarme de la cabeza cuando llegué a mi carro y vi todo el operativo, vino a mi mente la cancioncita de: COPS COPS! Y me emocionaba pensar que rescataron mis cosas y sólo por eso valió la pena tanta pérdida de tiempo.
Les pedí sus nombres para reconocimiento público, además de que después de escribir esto haré una carta a la delegación Cuajimalpa para felicitar a estos chicos que no sólo hicieron bien su trabajo, si no que además tuvieron paciencia en todo momento y me calmaron el ánimo cuando ya estaba harta de estar en el tribunal y ver niños infractores. Los policías preventivos de la 16 unidad de protección ciudadana “el Yaqui” son Roberto González Velasco, Mario Alberto Martínez Camargo, y me faltan los nombres de todos los policías que estuvieron en el operativo. Pero a todos ellos les agradezco profundamente todo lo que hicieron, ya sé que es parte de su trabajo pero hay personas que no hacen nada y ellos no sólo hicieron bien su trabajo si no que pese a que nadie quiere levantar actas contra los menores infractores porque salen al día siguiente, ellos lo hicieron. Sí, fue un horror estar en el tribunal de menores tanto tiempo y después llevar mi carro a que le pusieran un cristal nuevo, hablar al seguro y regresar al tribunal para recoger mi estéreo después de que pasara por el peritaje. En fin… cuando llegué a mi casa sólo quería dormir, dormir, dormir.
Mi declaración, no la escribí yo, pero tiene cosas como:
“en el vehículo descrito se encontró a elementos de la policía preventiva quienes le hicieron de su conocimiento que habían detenido a tres sujetos al ser sorprendidos sustrayendo del interior del vehículo precitado el auto-estéreo de la marca kenwood. Por lo que al revisar el interior del vehículo se percató que efectivamente faltaba su auto-estéreo y pudo ver que en el interior de la patrulla ya se encontraban detenidos tres sujetos del sexo masculino…”