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domingo, febrero 01, 2015

Pensamientos de Domingo.

1. Correr

Me estoy preparando para un medio maratón que será el 15 de marzo y que pienso correr junto a P.
Ya estamos inscritas y solo necesitamos pasar por nuestra camiseta cuando se nos indique.
P. es conocida por un apodo, una reducción de su nombre y no me acostumbro a nombrarla de esa forma.
En realidad todas las personas que la conocen, la ubican de la preparatoria, de una escuela a la que fueron desde siempre.
Yo no pertenezco a ninguna de esas escuelas-de-toda-la-vida, siempre fui "la nueva", siempre estuve en constante cambio.
Cuando me encuentro con personas que resulta que también la conocen al principio me dicen:
¿P?
Sí P.
Ah no, mmm ¿no te refieres a P.?
Sí, ella.
Hoy corrí catorce kilómetros, pero no logro alcanzarla.
Me lleva por más de nueve kilómetros y las piernas me duelen.
Aproveché el ciclotón y corrí por todo Reforma hasta llegar al zoológico y regresar al Centro Histórico.
Correr es parte de mi vida. 
Lo sé ahora, después de dos años de comenzar a correr, y que esta actividad sea un acto cotidiano y de impecable voluntad conmigo misma.
"De impecable voluntad conmigo misma", sí, así, un pacto que me hice a mí misma y que a veces incluso me parece ajeno, casi raro.
¿Cuándo dejaré de correr? Cuando se me acaben las rodillas.
¿Qué pensaba mi papá cuando salía a correr al camellón en Plutarco Elías Calles?
Él también corría. 
Nunca pensé en que él corría por las mañanas.
Nunca era un tema de conversación que él corriera. 
Hasta ahora que corro.
Mi mamá cuando se refiere a que yo corro, ha deslizado la frase: pues sí como tu papá.
Aunque no he corrido más de 15 kilómetros seguidos, estoy preparada para hacerlo, hoy sentí que podía correr el medio maratón.
P. y yo pusimos una meta a largo plazo: el maratón de N.Y.


2. CDMX


Vivo en la mejor ciudad del mundo.
Sin duda.
Cuando venía de regreso, pasé por el puente que cruza Reforma y el Circuito Interior, en el horizonte el paradigmático rascacielos de la ciudad, cuyo nombre cambió de Hotel de México a WTC. 
Estos referentes visuales que tengo desde niña y que cambian de ángulo, que se miran desde abajo o desde el horizonte, que se visitan y se dejan de frecuentar, que se ajustan a nuevos significados, que se pegan al nombre de una calle y de una persona, y que al final van mutando.

Cuando iba a la Nápoles, de niña, mi papá me llevaba a visitar a un amigo suyo que apodaban Q.
Q. estaba paralítico. 
La historia era que en un estacionamiento lo asaltaron cuando acaban de comprar una videocasetera VHS, acababan de salir en ese entonces, y él se negó a dárselas, y los asaltantes le dieron un balazo, la bala lo dejó paralítico por el resto de su vida. 
Tenía frecuentes dolores en las piernas y usaba un aparato que le daba masajes.
Q. era divorciado, tenía una hija, que nunca conocí, pero cuando íbamos, yo jugaba con una enorme casa de Barbies, y Barbies que no eran mías y que me costaba trabajo asignarles una personalidad y un quehacer, pero me entretenía mientras mi papá y Q. tomaban cervezas y veían la televisión.
El Hotel de México era Q. y las Barbies sin dueño.

Después cuando cumplí 15 años mi abuelo Checo me llevó a comer junto con Z. al restaurante giratorio. Ese año fuimos más de dos veces porque Z. también cumplió 15 y también fuimos al restaurante giratorio. Y otro día fuimos sin festejar nada en especial, nos gustaba mirar la ciudad desde el ventanal del restaurante.
Al siguiente año una de mis mejores amigas se mudó a la calle de Chicago, en un diminuto departamento que tenía una habitación. 
C. vivía con su papá, y su papá dormía en un sofá-cama en la sala. 
Desde una ventana rectangular, muy delgada pero alargada se veía el reformado WTC.
Yo pensaba en lo impactante que era ver ese edificio recubierto de vidrio cuando siempre había sido un esqueleto. Una obra abandonada.
Después no volví a esa colonia.
Q. se murió.
C. se cambió de departamento.

15 años después...
P. vive en la Nápoles, M. también.
La primera cita que tuve para platicar sobre la adaptación que haría de Barba Azul fue en un Starbucks que está a un costado del Poliforum, que está un lado del WTC.
El Hotel de México comenzó a tener un nuevo significado.
La Nápoles ahora representa una colonia que en palabras de P. no tiene pretensiones, y que en palabras de M. sus calles tienen nombres como Galvestón, una ciudad gringa de bajo perfil.

En la distancia, mientras corría y cruzaba el Circuito Interior sobre Reforma, siento que la ciudad de México me recorre, porque en ella está mi vida y mis recuerdos, y no puedo dejar de sentir que es la mejor ciudad-del-mundo, que me hace ser quién soy y que soy enormemente feliz cuando la cruzo corriendo.

Sol, calles cerradas, bicicletas, encuentros y desencuentros, desayuno con A. 
Enorme y larguísima siesta con el sol quemándome las piernas y después cerveza artesanal por la tarde mientras escribo mi blog y escucho el viejísimo disco de Coldaplay, Parachutes.

¿Quién soy? Esa pregunta nunca hay que olvidarla.
Soy Idalia. Estoy escribiendo en el comedor para evitar el sol de la tarde entrando directo en el estudio.
Escuchando música que me recuerda otra época, cuando la Nápoles era el norte de la ciudad.

A veces pienso que sí, que las situaciones y las personas en la vida de una, yo, se acoplan de forma casi perfecta y me siento contenta, a punto de ocupar la palabra feliz.

Soy sola. Y soy feliz.




miércoles, mayo 19, 2010

Hoy me voy al centro.
Estoy buscando.
Creo que siempre que esté buscando saldrán bien las cosas.
Además me puse unos pantalones negros que hacía rato no me ponía y son muy cómodos.
En este momento traigo mis audífonos y escucho un muy buen remix.
Próximamente crónicas del club de la araña o cómo hacerte ama de casa y al final del camino hacer una maestría en historia del arte.

¡A buscar al centro!

domingo, abril 26, 2009

De las cosas que me emocionaron en mi cumpleaños y los días después, influenza, etc...


Bueno, ya no es mi cumpleaños pero la emoción me duró todos estos días que me la he pasado haciendo cosas de lo más variado.

Hace unos días decía que a mí sí me gusta que me festejen y que me canten las mañanitas y morder el pastel y ay tantas cositas así. Ese día me levanté a las seis de la mañana porque fui a Santa Fe y después regresé a mi casa de manera supersónica a bañarme y ponerme guapa y preparar aderezos y comprar la comida árabe y abrir los vinos y sentarme a esperar a mis invitados. Guau me la pasé bien emocionada todo el tiempo, estuvo muy contenta y al final del día me acuerdo que ya no podía tener los ojos abiertos y me dormí muy rápido siendo que casi siempre me tardo un poco en dormir.

De los regalos que más he disfrutado es estar escribiendo en una nueva compu que no se salta a escribir a otro renglón o que me deja escribiendo en el aire quién sabe por qué o que de pronto ya me abrió otra página, en fin, además de que no tengo que batallar con la letra “o” que estaba muy durita esa tecla. También he pasado harto tiempo observando un caleidoscopio de aceite buenísimo… regaló de mi Comadre. Todo estaba relativamente bien hasta que el viernes suspendieron las clases y no pude ir a mi clase de tap y lo que es peor no pude ir a la cita que tenía con mi asesor para saber sus opiniones finales sobre la tesis completa. Pero la verdad es que prefiero hablar de los múltiples regalos para comenzar estos 25 años:

Que Isolda me dibujara un comic; en donde viajamos al mundo de las Graces en donde somos liliputs y asistimos a la representación de un cuento mío.

Que Konstante cantara  “Mírame” (aunque me debe una pizza).

Y de las cosas que quedaron pendientes fue la etimología de la palabra Pájara y su evolución a la Pakarda.

Por cierto ayer fuimos al Hard Rock Café, Elsa, Grace, Alberto y yo. Fue la última presentación y estuvo poca madre, aunque pudo estar mejor si la delegación no hubiera llegado a cerrar el lugar y corrernos a las diez y media. El caso es que nos tomamos una botella de vodka, órales, una botella Elsa, entre los tres porque Grace no tomó nada. Había un evento de motocicletas y entregaron la moto edición especial para el Hard Rock, y Konstante cantó unas cinco rolitas (estrené mi nueva cámara canon) y después nos llevaron la cuenta y nos tuvimos que ir. Hoy amanecí con una sed de siglos, con la noticia de que no habrá escuela hasta el 6 de mayo, que las cosas se ponen cada vez más graves. La única medida que he tomado es usar tapabocas y tomar un chochito homeópata disque para la influenza. Qué mal, ahora no tendremos clases hasta el 6 de mayo. Qué pasa con esta ciudad. No podemos quejarnos, primero se cae una avioneta en el periférico, ahora hay una epidemia después sálvese quién pueda. No es por nada pero es de las cosas que hubiera querido que sucedieran cuando estaba en la secundaria, no ahora que más bien me ponen nerviosa. Me alarma la situación cuando se dice que la UNAM (salvo cuando fue la huelga) no había suspendido clases desde 1985 y eso porque ocurrió el terremoto, que la Iglesia no había suspendido misas desde la Guerra Cristera, en fin, que algo se ha salido de control y cuando veo a las personas en la calle pareciera que a nadie le preocupa.

 

 


¿Qué nos depara?

miércoles, enero 21, 2009

Bueno, pues ayer se supone que iría al munal, pero no fue así.

Cosas que pasan sin que nadie pueda ponerle un remedio.

Ayer salí de estar con Ana y dejé mi carro estacionado en esta gran avenida que se llama Vasco de Quiroga, sobre la que se encuentra el Centro Comercial Santa Fe. Claro que no metí mi carro al estacionamiento porque es caro y ya muchísimas veces lo he dejado afuera porque está permitido estacionarse ahí, además era muy temprano y había lugar para dejarlo. Pues cuando salgo de con Ana, como a las diez de la mañana, voy caminando hacia mi carro y me doy cuenta que muy cerca de él hay todo un operativo de policías alrededor y cuando llego me doy cuenta que están sobre mi carro. Primero pensé: Se lo van a llevar, he pensado todo este tiempo que está permitido estacionarse aquí pero no es así. Y cuando me acerco más veo que está destrozado el cristal del copiloto. Me robaron. Y como soy una mexicana promedio, claro que todo es muy predecible: dejo la carátula de mi radio en la guantera, dejo mi i-pod, dejo mis lentes, porque pienso que eso de la inseguridad en la ciudad de México es una leyenda urbana. No es así.

Y entonces me preguntan si soy yo la propietaria del carro. Y digo que sí. Y me dicen que le dieron un cristalazo a mi carro y que me robaron el radio. Me asomo y veo todo destripado el hueco del radio, con cables y miles de pedacitos de vidrio. Pero me dicen los policías: Los atrapamos. Los vimos echarse a correr y los agarramos con todas sus cosas. Los tenemos en la patrulla y necesitamos su declaración. ¿Es de usted este i-pod? Y yo ¡sí! Y este estéreo ¡sí también! Bueno pues nos tiene que acompañar a la delegación Cuajimalpa para levantar un acta. Y yo en mi súper felicidad de tener todas las cosas por segundos perdidas digo que claro que sí iré a levantar el acta. Entonces se sube un policía a mi carro y me dice que él me lleva a la delegación. Y ya cuando lo traigo en mi carro y ya voy para la delegación Cuajimalpa que, en dónde demonios está eso, comienzo a pensar que todo ese operativo es un teatro de gente mala y que en realidad me van a secuestrar. Qué horror, y me comienzo a poner nerviosa y a preguntar si ya vamos a llegar a la delegación y no veo nada que se le parezca, sólo subidas y pueblo y lugares harto desconocidos por mí. Entonces comienzo a marcarle por teléfono a Alberto y no responde, y no responde, y no responde. Y claro que pienso, le tengo que hablar a mi mamá, pues qué otra. Y me dije, no, no le hablaré a mi mamá, toda desesperada sólo la voy a asustar. Pero dentro de mí, en el fondo de mi ser había un grito: MAMÁAAAAA. Y por fin llegamos a la delegación Cuajimalpa y no eran secuestradores, mi malviaje se terminó: eran auténticos policías haciendo su trabajo, ¿cuál? pues agarrar criminales y regresar el i-pod a señoritas como yo.

Entonces empezó todo el horror, eran niños los que rompieron el cristal y me robaron, niños de once, doce y trece años, y los de la delegación Cuajimalpa les dijeron a los policías que no, que ellos no levantarían una investigación porque eran menores de edad y eso le correspondía al tutelar de menores. Llévenlos allá o déjenlos libres. Y los policías, que nunca habían ido al tutelar me dijeron que tenía que ir con ellos. Y yo pues claro que iba a ir. Fuimos a Niños Héroes y Fray Servando. Y los policías se perdieron, en ese momento me dieron ternura, pero tenían un ánimo y unas ganas de hacer su trabajo como nunca en mi vida lo había visto. Afuera toda esa mierda de que no hacen nada y son unos panzones flojos que andan por ahí. Mis policías, mis héroes no tenían panza y eran de mi misma edad. Total que anduvieron preguntando hasta que por fin llegamos. Y resultó que el tutelar ya lo habían cambiado a Obrero Mundial, muy cerca del ahora Parque Delta. Y llegamos allá. Pusieron a los niños en un pasillo junto con unas niñas que se habían robado un peluche de Elmo. Y de pronto me pensé yo misma ahí con un libro robado. Pero no, no soy menor de edad y nunca me han cachado robando libros. Pensé: Pena robar y que te cachen. Niños tontos. Eran niños como de la calle, la verdad sentí mucha pena cuando los vi, y uno de los niños me veía mucho y lo vi directo a los ojos y me di cuenta que no le daba pena verme y saber que a mí me había robado, no, nada de pena, hasta me llamó para que fuera, como que quería decirme algo, pero no fui porque estaban los policías ahí. Entonces me preguntó la hora y se la di. En el tribunal estuve tres horas porque había muchos niños que atender y muchos permisos para que puedan pasar las mamás de los niños a darles comida.

Por fin pude levantar mi acta junto con los dos policías. Estos dos policías me hicieron ver que sí, que allá afuera hay personas que están dispuestas a proteger a los ciudadanos. Y además no podía quitarme de la cabeza cuando llegué a mi carro y vi todo el operativo, vino a mi mente la cancioncita de: COPS COPS! Y me emocionaba pensar que rescataron mis cosas y sólo por eso valió la pena tanta pérdida de tiempo.

Les pedí sus nombres para reconocimiento público, además de que después de escribir esto haré una carta a la delegación Cuajimalpa para felicitar a estos chicos que no sólo hicieron bien su trabajo, si no que además tuvieron paciencia en todo momento y me calmaron el ánimo cuando ya estaba harta de estar en el tribunal y ver niños infractores. Los policías preventivos de la 16 unidad de protección ciudadana “el Yaqui” son Roberto González Velasco, Mario Alberto Martínez Camargo, y me faltan los nombres de todos los policías que estuvieron en el operativo. Pero a todos ellos les agradezco profundamente todo lo que hicieron, ya sé que es parte de su trabajo pero hay personas que no hacen nada y ellos no sólo hicieron bien su trabajo si no que pese a que nadie quiere levantar actas contra los menores infractores porque salen al día siguiente, ellos lo hicieron. Sí, fue un horror estar en el tribunal de menores tanto tiempo y después llevar mi carro a que le pusieran un cristal nuevo, hablar al seguro y regresar al tribunal para recoger mi estéreo después de que pasara por el peritaje. En fin… cuando llegué a mi casa sólo quería dormir, dormir, dormir.

 

 

Mi declaración, no la escribí yo, pero tiene cosas como:

“en el vehículo descrito se encontró a elementos de la policía preventiva quienes le hicieron de su conocimiento que habían detenido a tres sujetos al ser sorprendidos sustrayendo del interior del vehículo precitado el auto-estéreo de la marca kenwood. Por lo que al revisar el interior del vehículo se percató que efectivamente faltaba su auto-estéreo y pudo ver que en el interior de la patrulla ya se encontraban detenidos tres sujetos del sexo masculino…”