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domingo, diciembre 27, 2015

Lassie vuelve a casa

1.
En la navidad de 1990 mi tía Queta me regaló la novela de Eric Knight, Lassie vuelve a casa. 
La novela de 223 cuartillas estuvo conmigo esa Navidad y el resto de mi infancia.
Nunca la leí. Al principio por imposibilidad: tenía seis años. 
En la cuarta de forro viene la edad para la que está dirigida esta novela: de 9 a 12 años. Y lo acompaña un texto que describe la colección: "Para los que se atreven ya con lecturas más complicadas y largas".
Abro mi libro de pastas duras y encuentro trazos con un crayón que atraviesa la página de un lado a otro. Esos rayones rojos y negros hablan de la edad que tenía, de mi primer acercamiento al libro, de la incapacidad de leerlo pero de la posibilidad de interactuar con él aunque fuera rayándolo.
Más tarde, cuando tuve la edad suficiente para leer la novela había dejado de interesarme. 
Quería leer otras novelas.




2.
Lassie estuvo precedida por una película y una serie. 
Liz Taylor fue una de las niñas que salió en la película de 1943 encarnando el personaje de Priscilla, la nieta del Duque que compra a Lassie y que deja escapar a la perra cuando están en Escocia. En 2005 hubo un último remake de esta historia. No sólo eso, el nombre de Lassie encarnó la raza. Recuerdo que durante años cuando veía un perro ovejero le decía Lassie antes de pensar en el perro ovejero o collie.
En su momento, cuando pude leer la novela, no me implicó ningún reto porque la historia ya tenía una imagen en mi memoria.
A los seis años ya sabía la anécdota: Una perra es vendida a un Duque y éste se la lleva al norte de Escocia. La perra tiene el instinto de volver con su amo, Joe, un niño de 12 años a quien espera todos los días a las cuatro de la tarde a la salida del colegio.
¿Cuántas personas habrán leído el libro de Knight en 1990? La literatura infantil y juvenil al menos en su aspecto de libro álbum comenzaba a tener su primer boom en el Fondo de Cultura Económica. Pero Lassie era una novela que implicaba un lector más profesional. 
No es una lectura sencilla.



3.
Sam Carraclough es el dueño de Lassie. Sam es padre de Joe Carraclough, un niño de 12 años que vive en Greenall Bridge un pueblo perteneciente al condado de Yorkshire.
En ninguna de mis etapas lectoras de niña hubiera podido leer correctamente el apellido de Carraclough. 
El inglés y yo hemos tenido una relación complicada de pronunciación. Pero sobre todo se me complica la pronunciación de los nombres. Qué otra cosa puede desanimar la lectura de un niño que encontrarse con una serie de palabras que no puede apropiarse con su propio vocabulario.
Este libro está lleno de nombres y localidades escritas en ese inglés superior del condado de Yorkshire. 
No que esté mal, simplemente me doy cuenta que aún si hubiera tenido el brío de lanzarme a la lectura no lo hubiera logrado.


4.
El mapa del Reino Unido en donde se dibuja el camino que Lassie recorre para volver a casa era la única página que visitaba cada que abría el libro. Ahí estaba la carita de la collie en el lugar de una rosa de los vientos. Lassie tenía que caminar hacia el sur para encontrar su hogar.
El mapa de mi vida desde que tuve este libro hasta el día de hoy comienza con un pequeño librero de caoba oscuro de cuando vivía en Portales, después, a los quince años me mudé a Los Reyes y ahí estuvo en un librero de madera que tenía en su parte superior un estante para libros altos. A los veintitrés me mudé a Caballo Calco y ahí vivió en algún librero del estudio junto con otros libros de literatura infantil que fui comprando. Y hace dos años terminó en un librero rosa que tengo en mi comedor en la calle de Allende, en el centro de la ciudad.
Si quisiera regresar al primer hogar, como Lassie, tendría que caminar hacia el sur.  




5.
Hace un mes estaba en el comedor de mi casa con Vicky.
Tenemos este hermoso ritual de tomar cerveza y vaporizar. Vicky ha visto cientos de veces el librero del comedor y de alguna manera siempre termina eligiendo un libro y leyéndome fragmentos. A veces sólo se queda mirando los libros y me pregunta por la historia de alguno. Si lo he leído, si no lo he leído, por qué tengo ese libro, cómo llegó a mis manos. A veces tiene una historia larga o alguna anécdota, otras veces no. Fue esa noche cuando Lassie vuelve a casa volvió a mis manos. Esculcamos el libro. Observamos el mapa. Leímos la dedicatoria y nos dimos cuenta que 2015 era el año en el que se cumplían 25 años de aquella Navidad.
25 años también sin leer esa novela. 



6.
No puedo seguir teniendo este libro sin leerlo. Sobre todo porque durante varios años, cuando aún era niña, tenía el deseo de leer la novela pero me sabía incapaz; su letra pequeña y su falta de imágenes me decían que sería una novela que tardaría años en leer o que quizá cuando comenzara a leerla no le entendería. Es sin duda alguna la primera novela que tuve en mi librero y que aguardaba el día en que pudiera leerla, de la misma forma que aguardaron otros autores y que cuando era adolescente me reconocía poco apta para leerlos. Pero Lassie fue olvidada y cuando regresaba a mis manos, cuando la empacaba con otros libros y cuando la colocaba de nuevo en un librero sólo tenía el recuerdo de aquella Navidad en la que fue un regalo un poco inútil. Era muy chica para recibir un libro que tuviera más de cien cuartillas.



7.
Hace dos semanas comencé a leer la novela. 
Ayer después de las doce de la noche terminé de leerla. Me dieron ganas de aventarla y que se estrellara contra la pared. Sólo por el gusto de que tuviera un final más dramático.
La niña de seis años que recibió esa novela nunca hubiera podido imaginar la lectura que hice de la novela.
Mi cuarto con dos luces prendidas, la lámpara de pie y el foco de la recámara. Mozart en un loop infinito. Pavlova recostada a mi lado. Yo leyendo Lassie con la lectura pervertida de una editora; encontrando callejones y viudas en la caja de texto. Midiendo las viñetas y pensando en cómo hubiera resuelto la cuarta de forro.
Le escribí un mensajito a Vicky: Terminé Lassie.
Vicky respondió: ¿Y del 1 al 10 cuánto?



8.
Supongo que la nostalgia y 25 años en la estantería aumenta los puntos. 
En la historia de mis lecturas antes de Lassie fue Flush y antes de Flush fue Kashtanka. 
Kashtanka es un cuento de Chéjov publicado en 1887, Flush es una novela de Virginia Woolf publicada en 1933 y Lassie come-home fue publicada en 1940. 
Adoro estas narraciones en tercera persona en donde el personaje principal es un perro. 
La historia de Lassie siempre es de pérdida porque regresar al hogar involucra perder la posibilidad de otros hogares. 
Lassie, Flush, Kashtanka son la esperanza que se vuelve realidad: volver a casa; recuperar lo perdido; el restablecimiento del orden; el triunfo de la rutina.
Pero será un retorno que hace la diferencia. Porque aunque todo parezca igual existe un cambio.
Lassie vuelve a casa pero no vuelve a la cerca de la escuela. 
Al principio por enfermedad y después porque se instauran nuevas rutinas.
Lo mismo sucede con Flush, cambia de país, su dueña se casa, hay un giro de rutina.
Kashtanka vuelve con el ebanista y su vida no vuelve a ser la misma.
Kashtanka, Flush y Lassie tienen un rasgo en común: son perros que pierden a su dueño y son personajes que como Alicia en el país de las maravillas tienen que pasar una serie de peripecias y emprender un viaje que los hará diferentes, volverán a casa, sí, pero habrán aprendido una serie de lecciones. Aprender la lección es una de las premisas que se impone en muchos de los libros escritos para niños y jóvenes.




9.
Lassie aprende sobre la condición humana. En cada capítulo de la novela se presentan diferentes personajes con los que se encuentra la ovejera. El ser humano va revelando sus diferentes rostros. El autor constantemente le recuerda al lector que un perro puede aprender a distinguir entre el bien y el mal con sólo escuchar el timbre de la voz. 
Lassie huye de dos hombres que intentan robarla, sale librada para luego ser acechada por una cuadrilla de niños que se divierten aventándole piedras, después es atrapada por la perrera de donde también escapa. En su camino hace amistad con una caravana que es arrastrada por una yegua, un señor con lunares en la cara en forma de botones y una perrita faldera. 
Lassie es alimentada y cuidada por este señor hasta que es atacado por dos asaltantes en un camino. La ovejera y la pomerania se ponen al ataque y logran defender a su dueño. Lassie se convierte en un perro furioso y logra que los asaltantes se vayan. Pero la pomerania recibe un golpe de muerte y no sobrevive.
Lassie es testigo de esa muerte y del ritual que hace su dueño al enterrarla. La ovejera no piensa detenerse, tiene que seguir adelante. No puede acompañar a todos los dueños que le dan alimento y cobijo. Debe volver a casa.
De esta manera Lassie aprende a distinguir en dónde y con quién está a salvo.
Y qué otra cosa tenemos que aprender si no es distinguir qué lugar y qué persona nos mantiene a salvo. Sobrevivimos también en soledad. Nuestro instinto nos obliga a dotar de sentido la vida, es la diferencia con Lassie. No se deja morir porque tiene que llegar a una cita con su amo. Tiene que esperarlo a las cuatro de la tarde a la salida del colegio. 
La pregunta es por qué tenemos que seguir viviendo si no tenemos dueño. 
Lo patético es que sobrevivimos aunque no tengamos una cita a las cuatro de la tarde, esa es la condición humana.



10.
Lassie es una novela que guarda un parecido en estructura con El amante de Lady Chatterley. Tanto Eric Knight como D.H. Lawrence son ingleses nacidos hacia finales del siglo XIX. Los dos novelistas hacen una clara referencia a la diferencia entre clases sociales: duques y condes versus mineros y guardabosques. Las dos novelas toman su tiempo para hacer precisas descripciones de sus personajes, sobre todo cuando alguno pertenece a la clase trabajadora y hace un esfuerzo por mostrar sus modales, como por ejemplo dejar a un lado el acento o el dialecto de la provincia a la que pertenecen. En varias ocasiones los personajes que pertenecen a otro estrato social tienen dificultad en entender ese inglés ligeramente diferente de los mineros.
La Inglaterra que se retrata es la misma aunque las tramas sean completamente opuestas. 
Uno de los capítulos más agotadores de Lady Chatterley es justo aquel en donde el narrador se detiene a hablar sobre las minas. En el caso de Lassie encontramos un capítulo en donde un matrimonio de ancianos vive de la pensión que les da el gobierno de un hijo muerto en la guerra en Francia. No es un capítulo tedioso, es un descanso que se toma Lassie después de cruzar la frontera entre Escocia e Inglaterra. El matrimonio la acoge y le da alimento y durante tres semanas la cuidan hasta que Lassie se recupera y su instinto de volver a casa hace que abandone ese hogar. Ese matrimonio es una muestra de cómo un par de ancianos sobreviven con una pensión que apenas les permite comprar leche y pan y que evoca cierto parecido con la descripción que hace Lawrence de los mineros.
—A veces pienso que hacemos las cosas por costumbre. Dicen que en China siempre toman el té sin leche.
Este es el diálogo que tiene la anciana que recoge a Lassie. La mujer decide darle la leche que tenía destinada para su té sólo porque ve que la ovejera está en muy mal estado y necesita tomar algo para recuperarse.
Pone la leche en baño María y alimenta a la perra.



11.
Aquella Navidad de 1990 con la novela de Lassie en mis manos, nunca hubiera imaginado mi propio camino en la literatura infantil. Tampoco que el tiempo y los cambios y una plática en mi comedor me devolverían la novela y con ello toda la carga que guardaba. Sólo entonces me pude atrever a emprender esta lectura que esperó tanto tiempo y que se impone completamente fuera de mi zona de confort. Porque la costumbre me lleva a leer novelas que me interesan por su trama y su estructura. Lassie vuelve a casa es una lectura que se impuso no por gusto, sino porque era una forma de cumplir con uno de mis más remotos y antiguos deseos, con el de una niña de seis años que esperó ser mayor para poder enfrentarse a esta narración.



miércoles, diciembre 24, 2014

Frío de lluvia más que de invierno.
Me gusta el sonido que hacen los carros al pasar por el asfalto mojado, una especie de shhhhhhh constante.
Hay un silencio que deja escuchar el sonido de todas las iglesias, desde catedral hasta Santa Domingo, y pareciera que las campanadas retumban en cualquier punto cardinal. Sí, tal como lo describió Humboldt en esa otra ciudad.
Todo está cerrado y hace frío.
Quisiera quedarme inmóvil.
Aunque alguien me dijo que soy una mujer que sabe volar, como el verso de Girondo.
A veces no es necesario abrir la ventana para volar.
Uno vuela aquí.
Con el dedo índice tocando el corazón.
Quisiera quedarme tomando sorbos de té frente a la ventana.
Estoy sentada viendo hacia el sur.
Ocupando mi librero de la ventana como escritorio y sentada en el banco pequeño que uso para alcanzar cosas de la parte más alta del closet.
No quiero ir al sur.
No quiero de verdad.
Usaré una pregunta de un diálogo que no es mío: ¿está mal?
Escucho In Europe de Moondog. Un disco de 1978. Me lo envió Grace.
Tiene el mood perfecto para este día y se lo agradezco enormemente.
Me imagino a alguien bailando un ballet muy mecanizado como si se tratara de un títere, como si perteneciera a la película de Casanova de Fellini.
Y este es el disco que está inundando todo mi estudio.
Siento que el tiempo estará detenido mientras siga escribiendo aquí y Moondog suene y el sol no salga, y las nubes blancas y negras sigan rodeando el horizonte.
Sí, el tiempo se detiene a veces. Como se detienen los sonidos.
Se detiene el paso de los carros y se detiene el calentador que calienta el agua.
Siento el frío colarse por la ventana y me enfría las manos al escribir.
Ese airecito helado colándose, este té caliente, este track de Moondog, este silencio de mañana de invierno y navidad, mis pies recargados en el banquito, esto es, un respiro de vida plena, sólo mío.

Quiero decirme algo en secreto: esto es un pedazo de felicidad que no cambiaría por nada.

martes, octubre 28, 2014

Tomo café en la taza que tiene retratos de animales.
Agradezco haber tenido la osadía de comprar esta taza un día que paseaba por el Zara Home de Santa fe, y a pesar de que Alberto me veía con cara de ¿otra taza? ¿es necesario?
La tomé y la compré.
Pensé en hacerla mi taza favorita. Por su tamaño, por sus imágenes.
Amo el retrato de la coneja con su vestido rojo y su moño amarillo. Y el del pato con su saco azul y su corbata morada en forma de nudo.
Y ahora me acompaña y me hace recordar todo eso.
Me hace recordar la cara de Alberto.
La cara de Alberto con unas gafas redondas viendo cubiertos en el Zara Home.
La cara de Alberto con el pelo crecido.
La cara de Alberto con los ojos cerrados.
La cara de Alberto con barba.
Y cuando empiezo a ver la cara de Alberto, la imagino con todas las transformaciones que ha tenido.
Sin barba.
Con bigote.
Sin bigote.
Con granitos por donde pasó la navaja.
La cara de Alberto con los ojos enfermos.
Con los ojos llorosos.
Con los ojos abiertos y sanos,
aunque pocas veces.
Sus ojos.
Un guiño.
Guiñándome un solo ojo y sonriendo.
La cara de Alberto con el pelo cortito.
La cara de Alberto a rape.
La cara de Alberto cubierta por su mano.
Una mano cubriendo su boca, después su frente, después tallando un ojo.
La cara de Alberto con unas gafas rojas.
Luego azules.
Luego moradas.
Luego con unas gafas para el sol.
Dr. York.
La oreja izquierda de Alberto con un arete.
Con dos.
Con uno de nuevo.
La cara de Alberto serio.
La cara de Alberto hablando de algo importante.
La cara de Alberto hablando de algo trivial.
La cara de Alberto sonriendo.
Riendo y medio tosiendo por la risa y riendo de nuevo.
La cara de Alberto diciendo “bye, bye”.
La cara de Alberto enviando un beso al aire.
La cara de Alberto haciendo un puchero.
La cara de Alberto ofendido por la vida.
La cara de Alberto recuperándose del puchero y dando por sentado,
aquello solo era broma.
La cara de Alberto
hoy:
cabello a dos centímetros,
blanco
barba blanca,
bigote, también blanco.
Cejas negras, algunas canas.
Ojos enfermos de conjuntivitis.
Labios delgados.
Nariz ¿qué tipo de nariz es esta?
¿semiredonda, partida a la mitad?
Nariz con un algo pequeño en la comisura.
Frente, con arrugas, horizontales.
Orejas, una sola perforación.
La cara de Alberto.
De nuevo en el Zara Home. Con el pelo largo y con la barba crecida.
No compres esa taza, ya tenemos muchas.
La cara de Alberto siendo condescendiente.
Está bien, una más.
Está bien porque hoy esa taza guarda un sin fin de recuerdos.
De imágenes.

De rostros que mutan pero que siempre guardan un parecido.

martes, agosto 06, 2013



Algunas de las nuevas aberraciones que estoy haciendo con mi máquina Singer.
Hay cosas que no sirven para nada, esto no es un parche, no es una ilustración, no es parte de nada. Esto es un pedazo de manta llena de puntadas, un gato con tacones en zigzag, una nube con lluvia en forma de triángulos deformes. A veces sólo hacer cosas libres tranquilizan la mente. Puntadas sin destino; curvas, líneas, zigzags... todo esto me dan una guía de pensamientos que acaban ahí en donde la aguja hace un alto.
Pensamientos cortos como una puntada.
Empezar desde cero algo que no conozco.
Agosto siempre es bueno para comenzar.

jueves, febrero 28, 2013

Mi horóscopo chino me recomendó escribir un diario.
Lo comencé en enero y desde entonces siento que ya no escribo en mi blog.
Es raro, mi diario comenzó siendo muy parecido a lo que he escrito estos últimos años en mi blog y poco a poco, como si se tratara de un pudor literario, me fui abriendo más y más, hasta que se volvió tan íntimo que es imposible publicar.
Escribo esta entrada una hora antes de que termine febrero. Como si fuera la tarea que hay que entregar el último día a la última hora. Siempre me da tristeza ver cómo pasan los días y el blog se queda sin actualizar.
Qué escribir. Quisiera decir mucho de lo que ha pasado en tan solo 15 días ¿o menos? Quizá por eso mi horóscopo me recomendó la escritura de un diario porque las cosas pueden cambiar de un día para otro:
De nuevo me voy de México.
Sí, de nuevo me voy a vivir a otra parte. Aún faltan unos meses, pero ya está sobre la mesa.
Esta vez se trata de un proyecto literario: una estancia con una escritora reconocida. Muy reconocida, y esta noticia me tiene muy emocionada y muy ocupada también. Muy muy muy muy, todas esas repeticiones, son así, en serio.
Parte de esta nueva etapa tiene como resultado mi página web: idaliasautto.com
Claro que seguiré publicando noticias de los rumbos que vaya tomando.

miércoles, enero 23, 2013

Hoy me regalaron unas habichuelas mágicas.
En realidad son unos frijoles saltarines pero son tan mágicos como las habichuelas.
@ishcorp me contó que cuando era niño su papá le traía estos frijolitos que con el tiempo de marchitan o le salen polilla, pero mientras están vivos se mueven con el calor y con la luz del sol saltan mucho. Son unos frijolitos partidos a la mitad y son muy hermosos porque en serio son mágicos. Basta tenerlos en el puño cerrado para sentir su vida. Es impresionante. Quiero decir: es impresionante sentir la vida de una semilla en la mano cerrada. Yo también hubiera querido tener un papá que me trajera habichuelas mágicas que saltan con el sol y se mueven en la mano cerrada porque estoy segura que hubiera inventado algo así como que soy capaz de mover los frijoles con la mente. También hubiera inventado que esos frijolitos son mi poder mágico. Desde hoy lo son. Por eso esta entrada está escrita sólo con mi dedo índice izquierdo y mi mano derecha, porque tengo el puño cerrado y se mueven mientras escribo todo esto como si supieran que alguien los enuncia.

Verdades del día:

Existe un papá que regala frijoles saltarines a un hijo.
Puedo pasar viendo frijoles en la palma de mi mano al menos unos quince minutos hasta que se enfrían y necesitan más calor.

También volví a ver Moonrise Kingdom en el Cine Tonalá.
Y:
Amo cada pequeño detalle de la película: como el amarillo. Observar todas las cosas que hay en amarillo.  Y que desde la primera escena de introducción, mientras pasan los primeros créditos, ya está anunciada toda la película.

De regreso a mi casa, manejando sobre Amores me doy cuenta que ese camino de vuelta a casa se ha convertido en una especie de mantra en estos últimos años, siempre que manejo por esa avenida hay una reflexión o algún comentario me pasa por la cabeza. Me gusta mucho Amores, hay muchos edificios que me gustan, que me hacen pensar cómo sería mi vida si viviera en ese lugar...  Hoy recordé que una vez, hace muchos años, venía en el carro con mi mamá y me dijo que pasando una casa que siempre tiene la luz iluminada y está casi esquina con la glorieta en donde se puede uno ir hacia Av. Coyoacán o División del Norte, siempre en esa casa pensaba dos cosas: Que la luz del portal de esa casa le daba la impresión que estaba habitada por personas muy conservadoras, y que pasando esa calle sabía que faltaba poco para llegar a casa. Claro faltaba poco pensando que mi mamá estaba manejando desde el norte de la ciudad, cuando daba clases en Naucalpan. Cuando pasé hoy por esa casa me di cuenta que habían cambiado la fachada y que esa luz que estaba prendida ahora había sido cambiada por un faro diferente que en lugar de dar luz cálida da una luz blanca. No me sentí más cerca de casa porque había mucho tráfico pero pensé en mi mamá y en los cientos de veces que pasamos juntas por ahí siendo yo su copiloto. Esta vez traía los frijolitos en la bolsa de mi abrigo, puede ser que por ahí me hallan brincado tantos recuerdos.
Y venía escuchando Le temps de l'amour.

lunes, diciembre 17, 2012


Los invito a la presentación del libro Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo en donde colaboré junto con Paola Uribe con el texto "Entre el drama y la explosión: Gerardo Naranjo" ahí analisamos la obra cinematográfica de Naranjo. Este texto lo escribí al mismo tiempo que el relato "Voy a explotar". Estoy muy contenta que dos textos que escribí en 2012 vean la luz en este mismo año. Estoy tan contenta que hasta me dan ganas de desearles feliz navidad y año nuevo, así que lo haré:
Felices fiestas.

miércoles, diciembre 12, 2012



Esto es el presente.
Voy a explotar.
Finalmente lo que tenemos es esto: la palabra escrita que no se aburre nunca de nosotros.
—¿Quiénes nosotros?



1. "Voy explotar" fue ilustrado por mi amado amigo Ismael Angeles (@ishcorp) y juntos decidimos meter el relato y la ilustración al concurso que organizó Opticks Magazine y quedamos seleccionados para formar parte del libro que hoy se presenta en Valencia. Me encanta la idea de que este relato tan personal y entrañable haya sido:
uno. Ilustrado por Ismael es amor.
dos. Publicado en Relatos ilustrados opticks.

2. Este texto lo escribí estando en Madrid. Un día mientras el calor me tenía un poco lenta y la Biblioteca Nacional pasaba por una calma chicha días antes de que activaran el aire acondicionado y las puertas estaban abiertas y el sudor de las personas comenzaba a oler... me sentía aburrida, aburrida, aburrida. Detesto sentirme aburrida pero no podía hacer nada al respecto porque cuando leía no entendía y cuando escribía me sentía a punto de explotar... hacía tanto calor y el sol no se iba a las siete ni a las ocho ni a las nueve de la noche... Aprendí que en Madrid, como en otros lugares de Europa, la noche no existe en verano.
Y eso es terrible para una mexicana que vive todo el año en primavera. Es terrible tener que hacer cosas porque el sol no se pone, y es impresionante cómo el cuerpo responde a ese estímulo de la luz solar.

3. "Voy a explotar" es un relato que escribí al mismo tiempo que redactaba un análisis sobre la película de Gerardo Naranjo del mismo nombre. Estando en Madrid me mandaba mails con Paola y a cuatro manos escribimos un ensayo que se publicó este mes en el libro: Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo editado por Cineteca Nacional y Estudio Paraíso.
Vi tantas veces "Voy a explotar" que me aprendí de memoria varios diálogos, y en la nostalgia que sentía por México viviendo en Madrid, siempre que escuchaba la voz de la protagonista decir "Pinche Martha desde que te fuiste a México todo me sale mal" pensaba qué ganas de escuchar mexicano, qué ganas de escuchar algo tan cotidiano como pinche Martha.