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lunes, abril 25, 2016

Creo que quiero tenerlo negro de nuevo. Me comporto diferente cuando tengo el caballo claro. Ya me harté de este comportamiento, me dice Graciela, mientras corta en rodajas las zanahorias para la sopa de jengibre que prepara. Con las dos manos coloca todo en una olla. El olor del cilantro recién picado hace que incline un poco el cuerpo para olerlo.
Graciela trae puesto un suéter de una marca que se vendía en los setentas para jugar tenis.
Yo traigo el mismo abrigo gris. No queremos prender la calefacción porque reseca la garganta.
Todavía es abril. Las nubes tienen lluvia y a veces hielo.
He buscado la forma y el significado de este tipo de nubes en la Guía sobre la observación de las nubes.
No encontré ninguna similar.

domingo, junio 21, 2015

And the bright rings we got in summertime, seemed like a breath of fresh air back in the summertime




1. Ya es domingo de nuevo.
Y mi mente sólo quiere volver atrás.
¿Qué hice la semana pasada?
¿Tenemos que recordar el domingo pasado y el pasado y el pasado? O será que simplemente el tiempo pasa y no sucede nada en domingo. ¿No sucede nada?
¿Se puede retener lo del domingo pasado o se esfuma en el olvido?
Unas palabras en mi libreta blanca:
Ojalá pudiéramos borrar el pasado como se borran las palabras, ojalá pudiéramos tacharlo al menos.



2. —Estas últimas semanas he sentido que el tiempo se evapora.
—Sí y no.
—Siento que se me está yendo la vida.
—Sí y no.



3. Desperté a las siete y me quedé viendo el techo blanco.
No puedo dejar mi mente sin que los pensamientos comiencen a surgir. He comenzado a adquirir una conciencia sobre los primeros pensamientos que tengo por las mañanas, aquellos que sólo surgen de algún sueño o del sueño mismo, sin más, sin que sea el resultado o la concatenación de otros pensamientos.
Desde que abro los ojos me gusta sentir cómo las palabras empiezan a manifestarse, como si mi cuerpo no pudiera quedarse en un puro-sentir, un estado neutro, sin tener que entrar en el lenguaje.
Me acordé de un fragmento de Los amores ridículos.
(Lo sigo leyendo. A ratos en el metro, a ratos mientras espero, a ratos acostada en mi cama.)
Klara está desnuda encima de una cama. Está en un ático que tiene un techo inclinado. Hay una parte en la que no se puede caminar porque te pegas en la cabeza.
Klara está acostada viendo el techo. No ocurre nada.
Yo desperté con mi piyama de rayas blancas y negras.
Siento que las personas que duermen desnudas es porque están en una película o ahora, y eso porque lo acabo de leer, en un cuento de Milan Kundera.



4. No hacer nada. No pensar en nada. Que la acción de ver el techo sea un acto digno de la literatura.
No hay ático, sólo una ventana que me gusta mucho.
Enmarca la torre Latino. Entra una luz blanquísima.
Estoy sola y pienso que todo es perfecto así.
Ventana, cortina blanca, edredón hasta el cuello, primeras luces rebotando en el espejo.
Y un silencio extremo.
Me gusta abrir la ventana y regresar al edredón.
Sentir que entra el aire frío. Sentir el futón: sólido, duro, roca.
Quiero quedarme más tiempo instalada en ese momento de la mañana.
En donde no ocurre nada. Sólo ocurre el amanecer y el tiempo. Así es la existencia: sin nada.



5. Tuve una plática con G.
Me decía que de ahora en adelante sólo me pasará la música que escuche a través de Spotify.
—Abre tu cuenta y paga tu mensualidad.
Esas fueron sus palabras. Y eso hice.
Ya tenía cuenta sólo que hacía mucho no la ocupada.
Pagué tres meses de Spotify premium y comencé a hacer una playlist.
Coco Rosie, Portishead, Stone temple pilots, Smashing, Radiohead.
Revisaba listas de música. Agregaba algunas, eliminaba otras que después sentía que no soportaría escuchar por mucho tiempo.
Bob Dylan, Cowboy Junkies, Dean Blunt, James Blake, Nick Drake.
Hacer una playlist en donde las canciones no estén vinculadas con los recuerdos es una labor, hoy en día, prácticamente imposible. Porque ¿qué soy sino el reconocimiento de mí misma a través de recuerdos? A principios de esta semana salió una canción del nuevo disco de Beck. Leí un tweet que decía: corro a escucharla antes de que esta canción esté vinculada a un alguien que esté por romperme el corazón.
Recuerdo Figure 8 de Elliott Smith. Recuerdo el año que ese disco estuvo en mis manos. Recuerdo que era diciembre y G. tenía un fleco que le enmarcaba las cejas. Estaba sentada en la sala negra, cantaba "Between the bars", traía puesta su playera de David Bowie.
¿Se le pueden encimar recuerdos a un disco? ¿Cuántas capas de recuerdos puede tener la nostalgia en un solo objeto?



6. Después de todo lo más importante que nos ha pasado es la juventud. Así se titula un cuento de una alumna mía. La semana pasada tuvieron que entregar su cuento como parte de la calificación de Taller de Lectura y Redacción, materia que imparto en la preparatoria Lancaster.
¿De qué trata el cuento? De L., una chica de 15 años que no puede dejar de pensar en A., el chico que pensó que era su alma gemela. Y aunque se han separado y cada uno ha tenido a otras personas en sus vidas, L., la protagonista, no puede dejar de pensar en él. "¿Cómo dejar de pensar en cuando íbamos al Starbucks y él siempre pedía un Alto Green Tea Late?" Esa es una frase hacia el final del cuento que me conmovió porque qué somos si no el recuerdo de lo que al otro le gustaba hacer, tan trivial como tomar un café en el Starbucks.
¿Hay algo más genuino y cercano que la medida del café?, ¿sin azúcar, con leche light, con un shot extra?
Después de todo lo más importante que nos ha pasado es la juventud, frase que nunca más aparece en el cuento. Le da título y ya. Un título largo para una historia de amor, que tiene un final abierto:
"Ayer nos vimos. No sé qué pasará".
Antes pensaba que los mejores títulos son los más cortos.
Después tuve una plática con el editor de TA, ¿son mejores los títulos de una o dos palabras? En general me preocupa la caja de texto tan pequeña que tiene la portada de los libros del Fondo Editorial Tierra Adentro, no acepta títulos muy largos, es una cuestión de diseño. Esa vez comenzamos a enumerar los títulos largos que recordábamos. Eran muchos, y todos muy buenos: Museo de la novela de la Eterna (primera novela buena); No entres tan deprisa en esa noche oscura; El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan; Si una noche de invierno un viajero; La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy.
Los títulos largos me hicieron recordar el nombre de la escultura de Alberto Sánchez que está afuera del Reina Sofía: El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella.
Pocas personas saben el nombre de esa escultura. Los títulos largos suelen olvidarse.
Antes de escribir este post tuve que buscar entre todos los cuentos el título que quería citar, porque sabía que era largo, que me había gustado pero no lo recordaba con exactitud.
Recordar con exactitud.
Eso pasa con la música, con los sabores y con los olores.
No tanto con la literatura, hay que recurrir al texto.
A veces no es tan sencillo ir al texto.
Qué es el domingo si no el mejor día para recordar que las cosas existen y que los recuerdos tienen palabras, que los mensajes de texto siguen llegando, que el chat se abre como una ventana intrusa en medio de la tarde, que la playlist volverá con toda su fuerza para hacernos recordar quiénes somos.

miércoles, diciembre 24, 2014

Frío de lluvia más que de invierno.
Me gusta el sonido que hacen los carros al pasar por el asfalto mojado, una especie de shhhhhhh constante.
Hay un silencio que deja escuchar el sonido de todas las iglesias, desde catedral hasta Santa Domingo, y pareciera que las campanadas retumban en cualquier punto cardinal. Sí, tal como lo describió Humboldt en esa otra ciudad.
Todo está cerrado y hace frío.
Quisiera quedarme inmóvil.
Aunque alguien me dijo que soy una mujer que sabe volar, como el verso de Girondo.
A veces no es necesario abrir la ventana para volar.
Uno vuela aquí.
Con el dedo índice tocando el corazón.
Quisiera quedarme tomando sorbos de té frente a la ventana.
Estoy sentada viendo hacia el sur.
Ocupando mi librero de la ventana como escritorio y sentada en el banco pequeño que uso para alcanzar cosas de la parte más alta del closet.
No quiero ir al sur.
No quiero de verdad.
Usaré una pregunta de un diálogo que no es mío: ¿está mal?
Escucho In Europe de Moondog. Un disco de 1978. Me lo envió Grace.
Tiene el mood perfecto para este día y se lo agradezco enormemente.
Me imagino a alguien bailando un ballet muy mecanizado como si se tratara de un títere, como si perteneciera a la película de Casanova de Fellini.
Y este es el disco que está inundando todo mi estudio.
Siento que el tiempo estará detenido mientras siga escribiendo aquí y Moondog suene y el sol no salga, y las nubes blancas y negras sigan rodeando el horizonte.
Sí, el tiempo se detiene a veces. Como se detienen los sonidos.
Se detiene el paso de los carros y se detiene el calentador que calienta el agua.
Siento el frío colarse por la ventana y me enfría las manos al escribir.
Ese airecito helado colándose, este té caliente, este track de Moondog, este silencio de mañana de invierno y navidad, mis pies recargados en el banquito, esto es, un respiro de vida plena, sólo mío.

Quiero decirme algo en secreto: esto es un pedazo de felicidad que no cambiaría por nada.

jueves, mayo 03, 2012


Don't be like the one who made me so old
Don't be like the one who left behind his name
'Cause they're waiting for you like I waited for mine
And nobody ever came...


Jeff Buckley







lunes, abril 30, 2012


El 26 de abril de 2012: Yo estuve ahí con Vila-Matas y con Graciela.
Graciela llegó ese día a Madrid y lo primero que le dije cuando caminábamos del aeropuerto al metro fue: hoy conocerás a Vila-Matas porque ayer me enteré que estará en la Biblioteca Nacional y como seguramente habrá mucha gente hay que estar ahí una hora antes.
Pero Madrid no es el Distrito Federal en donde conferencias como la que dio Vila-Matas hubieran estado abarrotadas de gente con dos horas de antelación y al terminar su plática Vila-Matas hubiera sido acosado por miles de mexicas…
Pero es una maravilla que su conferencia no hubiera sido en México, lejos de Juan Villoro, lejos del Colegio de México, lejos del Fondo de Cultura, lejos de todos los pousers. En México hubieran puesto una mesita en el loby en donde hubieran vendido todos los libros de Vila-Matas un 10 por ciento más caros que en las librerías para motivar a la audiencia a comprar el libro.


No.

Aquí no es así y es lo que más me gusta.

Llegamos una hora antes y la chica de la entrada nos dijo que pasáramos a ver la exposición de Biblias porque el evento no abriría sus puertas hasta las siete menos cuarto. Y en efecto sólo Graciela y yo estábamos ahí como fans from hell. Al principio cuando no vi gente pensé que me había equivocado de fecha pero no. Madrid es muy racional y ordenado, a veces me sorprende tanta solemnidad.
Sentí que tenía 15 años y que vería a Kurt Cobain. A veces soy así de trivial con mis sentimientos, pero esa soy yo.


El señor Vila-Matas es un hombre sin barba. 


Y es un señor que vale la pena escuchar hablar. Me sentía muy tensa con la enumeración de puntos en los que consistía su conferencia y no recuerdo casi nada, sólo que mencionó a Laurence Sterne, pero no entendí que quería decir con Tristram Shandy, pero creo que no entendí porque estaba nerviosa tratando de prestar atención y de pronto hablaba tan deprisa que se me perdía la idea y me llegué a sentir realmente estúpida. Habló de Italo Calvino no recuerdo qué. Pero sí recuerdo lo más importante y eso hace que todo tenga sentido: “vive y averigua quién eres”, escuché esto y pensé: Vila-Matas es el Píndaro posmoderno sin duda.
Después, al terminar la plática resolví mentalmente uno de los motivos principales que me tienen aquí en Madrid: la investigación de mi tesis. He estado investigando las relaciones entre dos murales de guerra: el Dive Bomber and Tank de Orozco y el Guernica de Picasso. Tengo toda la investigación casi resuelta y es un poco penoso porque hay poco diálogo entre ambos artistas, de hecho están bastante separados. Comencé a escribirlas y me parece tan soso todo lo que ocurre ahí, porque es tan lugar común y aburrido… que nada, no hay mucho que hacer. Pero después de escuchar a Vila-Matas sobre cómo fue a los archivos de L.A. y estuvo revisando los guiones de las películas que escribió Scott Fitzgerald, se llevó más de seis meses en esta tarea, para averiguar sólo una frase de una película inédita me quedé impresionada, de hecho creo que ni Piglia que es historiador ha sido tan riguroso como Vila-Matas, y eso ya es mucho decir. Pues tuve una idea brillante, quizá la mejor que se me pudo ocurrir entre el Dive Bomber y el Guernica.
Esta semana terminaré de escribir la investigación y sin duda le debo ese final al señor Vila-Matas, con quien me tomé una fotografía… y aquí está la prueba de ello.


El 26 de abril de 2012 también pasará a la historia porque estuve muy feliz a lado de Graciela, que después de conocer a Vila-Matas, caminamos por Malasaña, nos tomamos un vino en Pepe botella, compramos té con Yuli y no pudimos dormir de la emoción. Te quiero y ya te extraño Grace.


lunes, marzo 19, 2012

berlín con grace

“La basura en Alemania no huele” nos dijo Miss Yola, mi maestra de tercero de primaria en el Quetzalli. “Mi hermana se casó con un alemán y vive allá. Si no separas la basura la policía te multa. Por eso se tiene que separar antes de tirar en diferentes botes: comida orgánica, plásticos, cartón, vidrio. Antes de tirar una lata se lava, así que todo lo que está en los botes que no son orgánicos es basura que no huele”. Este recuerdo es el más antiguo que tengo sobre Alemania. De hecho recuerdo que miss Yola hablaba muchas más cosas sobre su hermana en Alemania, pero ese es el único que recuerdo perfecto. Antes de saber la historia de Alemania, antes de saber que el bocho azul en el que me llevaban a la escuela era de una automotriz alemana o de saber cómo se escucha el alemán, lo primero que supe fue que la basura no olía mal. Cuando venía en el taxi que me iba a dejar al aeropuerto para regresar a Madrid me acordé de Miss Yola. También me acordé que en casa de Grace no se divide la basura en siete botes diferentes. No sé realmente si la basura no huele mal pero a los ocho años sí me impactó enterarme que podía existir un lugar en donde la basura no tuviera ningún olor, me hacía mucho sentido que si se lavan las cosas antes de tirarse no tienen porque tener un olor a putrefacto. Y de hecho antes de tirar las latas de atún trato de lavarlas para que no se quede el olor a atún en la casa mientras que están esas latas en la basura.

Ahora mi recuerdo de Berlín tiene sabor a té chai con leche de soya. Tiene también el sonido del mercado turco, las personas con acento hablando alemán, gritando, ofreciendo aceitunas, humus, frutas, dátiles, medias, telas, botones, todo esto en el mismo sitio. En Berlín tomé vino tinto, agua mineral y unas quesadillas con aguacate y salsa de Campeche que me hizo Grace con unas tortillas que le habían enviado de México, fue increíble comer estas quesadillas. Pero sobre todo disfruté pasear por el barrio.

Grace vive en Kreuzberg muy cerca del canal. Un canal que es más bien un río con barcos y cisnes y patos y árboles altos a los lados. Ahí Grace me enseñó a diferenciar entre un cisne bebé y un cisne adulto. Los cisnes bebés tienen la parte de la cola más café, cuando crecen se les vuelve blanca. Hacía muy buen tiempo así que pudimos sentarnos en unas rocas y platicar. En realidad en Berlín no dejé de platicar ni un instante. Visitamos un cementerio con tumbas muy viejas y con una atmósfera muy bucólica, ramas secas cubriendo las paredes de ladrillo, columnas clásicas con las marcas de las balas, pero ahí, como parte de lo que dejó la guerra. De regreso caminamos de nuevo junto al canal y vimos un señor tocando el piano en medio de un lugar al aire libre. Grace me contó que es un homeless que vive en el piano y que lo empuja y lo va cambiando de lugar, pero ahí guarda sus cosas y esa es su casa y su trabajo. A simple vista era un hombre como de cincuenta años, con una botella de vino encima del piano y una copa. Ahora lo pienso y me hubiera gustado sentarme en ese lugar a tomarme una copa y escucharlo, pero la verdad es que sólo pasamos por ahí y tenía muchísimas ganas de seguir caminando más que sentarme en un lugar. En verano pienso regresar, espero que en algún lugar encuentre al pianista y lo pueda escuchar. Estoy contenta ahorita que escribo esto, porque es verdad, la pasamos muy bien, muy bien, muy bien, muy bien, así, los cuatro días fueron excelentes... Ahora quisiera hablar sobre Ruth Müller.

Ruth Müller está muerta. No, la verdad es que no lo sé, si no está muerta ya no es dueña de sus fotografías de la infancia. Debería comenzar así: Esta es la historia de Ruth Müller, una niña que sobrevivió a la segunda guerra mundial estudiando clases de canto en Kreuzberg. Ruth Müller nació en 1930, igual que mi abuelo Checo. Lo sé porque tengo una foto de ella a los seis años y es de 1936. Está fechada. Después otra foto de Ruth Müller jovencita, quizá diecisiete años, besándose con alguien.

El domingo nos levantamos temprano, fuimos a desayunar a un barco sobre el canal. Desayuno de campeón, una tortilla de huevo con papa y verduras deliciosa. Después nos fuimos en metro a un barrio al que va mucho Grace por ahí están los estudios de grabación y los lugares en donde tiene ensayos y en donde están las oficinas de Project Mooncircle. Antes de llegar al mercado nos metimos a una maquinita de fotografías y nos tomamos unas fotos, tenía años que no hacía algo así, y me gustó estar haciendo gestos ¡fue muy divertido! ¡me divertí mucho ese día! Total que llegamos a una plaza en donde hay un mercado que se pone los domingos. Además de vender muebles viejos venden discos, lentes, sacos, abrigos y fotografías. Por tres euros compré las fotografías que Ruth Müller conservó durante toda su vida como el primer día de clases con su cucurucho lleno de dulces, como la fotografía con su muñeca, en el campo. Ruth besando, Ruth en clases de música, Ruth sentada tomando el sol… los recuerdos de una vida por tres euros. Ese día Grace y yo decidimos dividirnos las fotografías de Ruth Müller y darle significado a esos recuerdos sin dueño. Además vimos que las fotografías habían sido reveladas a tres cuadras de casa de Grace, en una fotografía que ahora ya no existe. También dividimos nuestra propias fotografías de maquinita, pensando que quizá algún día terminen como las de Ruth Müller.

Escuchamos “A man needs a maid” y nos pareció un descubrimiento escuchar con detenimiento la letra de esa canción.

Esto es lo más importante que puedo narrar sobre Berlín. Ahora recordé los árboles pelones de regreso a casa de Grace. Íbamos cargando las fotografías de Ruth, los discos vinyl de Nina Simone, Leonard Cohen y Neil Young, ni un alma en la calle, mucho silencio y los pajarillos cantando a tope. Grace me dijo “saben que es primavera porque escuchan a los pájaros”.

El último día me regaló un imán con un pájaro, pero lo mejor, y esto sin duda debe quedar escrito para siempre, fue una gran anfitriona en su casa y me gustaba despertar por las mañanas y poder ver a través de la ventana dos copas de árboles meciéndose y una carita feliz pintada en la esquina de un edificio. Soy esa carita feliz.

martes, septiembre 01, 2009



Días de trámites. Me pregunto qué otra cosa estoy tramitando además de que cada día se acerca más el examen de licenciatura. La estoy pasando bien ahora que Grace regresó de Berlín. Visitando museos y comprando postales y libros y el cielo por un beso. El soundtrack de mi vida se reduce a: "at last" interpretado por Grace... ay sí, suspiro largo, haciendo recuerdos para siempre. El miércoles pasado mientras manejaba sobre Reforma camino a la Condesa, puse mi i-pod en la canción más escuchada del mes, "at last" y Grace la cantó en el carro y fue impresionante sentir cómo sale su voz desde las entrañas, inolvidable.
Es necesario que entren aquí y escuchen "at last", también "song clap" me encanta, bueno en realidad todas me encantan y me emociona que me gusten tanto...
"Falling in love" es tan Fellini, tan Casanova... pero al mismo tiempo un homenaje espléndido a Klaus Nomi. Cuando escucho esta canción siento como si estuviera en un carrusel que nunca termina porque es en parte una canción en círculo que podría no terminar nunca y seguir y seguir y seguir y seguir...
Ojalá disfruten esta música, me ha acompañado las últimas dos semanas y no me canso de escucharlas.
Si desean tenerlas en su i-pod, sólo es necesario que me manden un correo para que yo les mande el link para bajarlas.
Elsa: Me encanta que estés en la Facultad,
espero ¡ya! el té del sueño.

viernes, abril 10, 2009


Hoy fui al superama a comprar la despensa y cuando regresé a mi casa: ¡Sorpresa! ¡Qué alegría y qué emoción! ahí estaban los esténciles de Konstante. Ufff... Me alivia ver estas imágenes, pensé que no las vería.
En todo el mes de abril: presentaciones de Konstante en el Hard Rock Café, jueves, viernes y sábado, los que no fueron ayer pueden ir hoy o la próxima semana.
Los esténciles de Konstante hechos por Mother Monkey Collective. Muchas gracias quedaron supersónicos: Konstante Rules. Iré a darme la vuelta por Coyoacán a ver si veo otros.

Entre otras cosas ayer tocó mi amiga Grace en el Hookah de Santa Fe (que está bien nice). Sí, esuvo poca madre. La pasamos muy agradable y fumé una Hookah de la casa (de frutos secos con menta) después de más de dos años de no fumar nada, fumé y no estuvo nada mal. Alberto se resistía a fumar pero a la mera hora ya no quería dejar la pipa, creo que a este restaurante la ley de no fumadores no aplica o les vale gorro. Además de que probé el Absolut de Pera, y me gustó. Hoy que fuimos al superama preguntamos por este Absolut y es el único que no manejan, así que compramos Ruby Red.

Disfrutando de estos días sin ir a la Facultad y no hacer otra cosa más que mi tesis, claro, y tomar vodka y sentir como el calor va aumentando...