domingo, noviembre 21, 2010

Checo

Nunca pensé que la gente fuera a hacer una fila para entrar a la presentación del libro. Y muchos no es que fueran a la presentación, había tanta gente en la Feria que de pronto veían que la gente se formaba y comenzaban a hacer la cola nomás porque sí, porque sabían que entrarían a un evento y ya. Tanta gente fue que cerraron la carpa y no dejaron entrar a algunos amigos que llegaron tarde.

Andrea Fuentes leyó un texto sobre la escritura, la ficción, la edición y por último cómo pensó que fuera Cecilia Varela la que diera rostro a toda la historia. Y aquí es completamente cierto eso que dijo el editor de zorro rojo: “los autores no hacen libros, los libros los hacen los editores”. “Checo” es un libro hecho por Andrea Fuentes, y la edición es muy bella, es un libro que vale la pena hojear con detenimiento, observar las marcas de agua, dejarse envolver por cada una de sus páginas.

Después Verónica Murguía me llevó a los recuerdos de la Sogem, a la historia interminable de Ende, a las piedras en el riñón que tuvimos al mismo tiempo, a la banca que ocupaba, a las chalinas con las que me envolvía la cabeza. De pronto me di cuenta que esa Idalia que recordó Verónica es lejanísima. La Idalia que fui y que Verónica me hizo traer de nuevo a la memoria me llegó a la cabeza como de golpe porque fue ahí, en ese curso que dio ella, cuando tomé dos decisiones importantes en mi vida:

Uno: que quería escribir para niños.

Dos: que quería estudiar Historia.

Y me dio Enorme gusto haber estado sentada a su lado y tomarla del brazo y saber que:

Uno: escribí un libro para niños.

Dos. Estudié la carrera de Historia.

Y ahora es el comienzo y ese comenzar me gusta. Me gusta mucho.

Terminó Verónica y el Cuentacuentos hizo una atmósfera especial en la narración de su relato porque por lo general él cuenta historias de personas que no están presentes, que existieron o que son inventadas, pero cuando supo que ahí estaba el protagonista, Checo en persona, en primera fila, pues lo hizo partícipe de toda la narración. Así nos enterábamos de que la hacienda del Temoluco estaba por Toluca y que su padre lo puso a pintar la herrería de anaranjado. En algún momento vi cómo a mi abuelo Checo se le llenaron los ojos de lágrimas y se me enchinó la piel…

Al final las personas le pedían a Checo que firmara el libro.

“Dicen los que dicen y Cuentan los que cuentan que un 28 de septiembre de mil novecientos treinta nació Checo”.

Así comenzó el Cuentacuentos. Y todo fue una Grandísima emoción.

1 comentario:

Erato dijo...

Entrañable Checo y entrañables tus palabras como cada entrada tuya que trae envueltas letras de sueños cumplidos.Y eso me encanta.Bien por Checo y por ti.Un abrazo transoceánico, Idalia.