lunes, julio 25, 2016

Fui a la Comer de Miguel A. de Quevedo porque mi madre me pidió la compra. Mi madre está convaleciente desde hace unas semanas. Fui en su carro. Tenía varios años sin ir a la Comer. Sin ir a esa Comer. Cambiaron el logo, ahora es más comic sans y menos helvética. El mundo sí cambia. Se hace más feo. La luz blanca sigue igual de inhóspita. Había poca gente. Eran las once de la mañana, de hoy, lunes. Compré verdura, vino tinto, mezcal. Aproveché para hacer mi propia compra porque hoy, lunes, regreso a mi casa. Pensé en lo vacío que estaría mi refri. Me imaginé llegando. Abriendo una alacena y un refri. Sin poder hablar con nadie. Subí al segundo piso.
Me deprimió no poder mover mi carrito en la rampa que sube al segundo piso. Tuve que quedarme ahí de pie. Con mis manos colocadas sobre el carro y observando a la gente que estaba más adelante o que viene bajando del otro lado. "Esto es agua" pensé. No quererte dar un tiro a las once de la mañana en una rampa del súper. Del otro lado, en bajada, venía una profesora de filosofía, ya mayor, que me dio clases de teoría de la historia en la Facultad. Hace ahora 10 años de esas clases. ¿Cómo puede ella, que es filósofa, no haber muerto de horror? ¿Por qué no se ha suicidado? Tenía razón Platón cuando dijo que los viejos siempre serían sospechosos. La única sospecha que levantan es la cobardía. No murieron por cobardes. Me acordé de una clase sobre Hegel. Era muy apasionada. Recordé su voz ronca. Vi su carrito semivacío. Tenía té y vino tinto, Casa Madero. Sus manos arrugadas y su cabello negro azabache con una gran raíz blanca. No quiero ser ella, pensé.
No quiero estar en una rampa de súper con las canas en la raíz y el vino tinto de 390 pesos en el carrito. Mirada perdida. Sin Hegel. Con luz blanca. Con un logo de la Comer en el horizonte.

Luego:

Regresas a casa de tu madre.
Sacas la lista.

papel de cocina.
papel de baño   regio opción verde.
fabuloso lavanda.
1/2 k jamón virginia
vino tinto
cacahuates tostados
galletas chockis sin azúcar

Separas las compras.
Las galletas normales, tuyas.
El vino tinto, dos botellas.
Una y una.
La botella de mezcal,
sólo para ti.
Los cacahuates, ella.
Regio, opción verde, ella.
Cottonelle, unique, tú.
La vida de las marcas.
La vida.
Sin marca.
Pero llena de cicatrices.
                    (—¿qué te picó?
—Nada. Me dio herpes.
Herpes Auster
                     )
Tu celular que comunica.
y dejas sonar.
y no contestas.

Abres tu computadora
y respondes mensajes:
Un Power Ranger Rojo.
                 Hace un corazón con sus manos.
de niña
te parecía la caricatura más estúpida
de la historia de las caricaturas
parece increíble
ahora la usas para expresar emociones.
Esto es el 2016.





domingo, julio 24, 2016





Ayer vi Sugar man.
Un día llegué al Cine Tonalá y vi los carteles.
Pero nunca vi el documental.
Después agregué a una de mis listas Sugar man.
Sin saber la historia de Rodríguez.
Sin saber que el director, Malik Bendjelloul, se suicidó en 2014.
Quiero abrazar a mis sugar friends.

viernes, julio 22, 2016

—No he leído eso que escribiste sobre Pavlova.
—¿Lo de mi blog?
—En el Face o en tu blog, no sé, no me interesa leerlo.
—¿Por?
—Porque no quiero sentirme mal.
—Apaga ya la tele.
—No.


*


Comencé a leer el tercer capítulo de la novela de William Gibson.
El archivo adjunto.
Ahí escribe: "Necesita desesperadamente salir de ese laberinto de logos".
No saldrá. Irá al quinto piso en un elevador, la traducción dice ascensor, la descripción es "Sí, un ascensor del tamaño de un armario".  Luego continúa: "sabe que está sola en ese ataúd vertical de espejos y acero bruñido".


*

Recibí un e-mail hoy por la mañana.
Se trata de la compañía de alimentos en donde compré por última vez comida para Pavlova.

Un sábado llevamos a Pavlova al veterinario.
Hacía calor y Graciela se puso un vestido negro. Yo no recuerdo qué me puse, si vestido o pantalón, no importa ahora. La doctora revisó a Pavlova. Tocaba su cuerpo. Está muy bien. Está perfecta. La inyectó, una medicina para su garganta, en su lomo gris con blanco, y dijo, es una infección, nada grave. Luego dijo que la gatita tenía una alergia, que era necesario cambiar su alimentación. En un post-it la doctora escribió una página de Internet. Llegando a casa entré y ordené el alimento. Luego me di cuenta que me había equivocado, necesitaba el que era de alergias. Escribí y me mandaron un mail diciendo que ya estaba la orden realizada pero que mandarían el alimento con alergia y un vale para regresar el otro alimento.
El jueves llegó el alimento, dos paquetes, el de alergia y el normal.
Ese mismo jueves por la mañana habíamos dormido a Pavlova.
Y el alimento se quedó en dos grandes paquetes en el pasillo del departamento. No hicimos nada. La cinta que envolvía las cajas era amarilla. Habría que devolver ese alimento. Sí, pero en otro momento.

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In case of any further questions, do not hesitate to contact us.

Kind regards,

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El mundo es extraño. Pavlova is everywhere. Afuera está lloviendo.
Los únicos sonidos que hay son las vibraciones del refrigerador. Los carros pasando en la calle mojada. Y mis dedos tecleando sobre la Macbook.
Ya sé que le dije adiós.
Nunca se puede terminar de acariciar a un gato.

*

Regreso a la novela.
"El e-mail de Parkaboy no lleva texto. Sólo está el archivo adjunto".
Bebo un vaso de agua.
La luz ilumina mi e-book.
"Siempre, ahora, abrir un archivo adjunto que contiene metraje no visto es algo profundamente liminal, un estado umbral, transitorio".
Me encantaría que algo extraño ocurriera.
Que el texto que estoy leyendo, así como puedo elegir su font y tamaño pudiera elegir su narrador.
Con mi dedo índice oprimo la palabra "liminal".
Aparecen dos ventanas. Una con tres iconos: un lápiz, una lupa y un enlace.
La otra sólo dice:
Liminal, adj.
1. Que concierne al comienzo de alguna cosa.
Sigo leyendo:
"Parkaboy ha llamado a su archivo adjunto nº 135".

*

Hago una pausa y voy a la cocina.
Más agua. Recuerdo de la nada una acción que observé por la tarde:
Un hombre en la mesa de junto tomó un sobre de splenda y lo hizo una especie de avión para quitarse comida de entre los dientes. Suena muy asqueroso. No fue tan dramático. Sólo ocupó la envoltura del splenda como si fuera un palillo de madera. Después la aventó sobre la mesa y siguió tomando una taza de café. Era ya un hombre mayor, quizá sesenta o sesenta y cinco años. Mi termómetro de edades nunca falla. Estaba acompañado de una chica, quizá su hija. Ella traía unos tenis anaranjados y unos pantalones negros.

*

Regreso a la novela.
"Hace clic en 'Repetir'. Vuelve a mirarlo.
Abre la página web y recorre con el ratón una página entera de correos. Se han acumulado varios a lo largo del día, a raíz de la aparición del nº 135, pero ahora no le apetece".
La traducción usa la palabra "apetece".
Apetecer.
1. Provocar en una persona deseo o apetencia.
En Madrid conocí a un chico de Soria, una vez me invitó a salir al cine y en lugar de decirme, ¿quieres venir al cine? me dijo: ¿te apetece ir al cine?
Sigo leyendo:
"No parece venir al caso.
Una ola rompe con estrépito, puro agotamiento, contra la cual el café colombiano no le sirve de defensa.
Se quita la ropa, se lava los dientes, con los miembros entumecidos de cansancio y temblorosos por la cafeína, apaga las luces y se arrastra, literalmente, bajo la rígida colcha plateada de la cama de Damien.
Se acurruca allí en posición fetal, fugazmente asombrada, mientras una última ola rompe sobre ella, del grado perfecto y ahora perfectamente revelado de su actual soledad".
Fin del capítulo 3.
Observo la distancia entre perfecto y perfectamente, y me da curiosidad saber cómo está escrito este párrafo en inglés.
La soledad sigue teniendo la imagen de una persona hecha bolita. Dormida y sola.
O también de una persona en un comedor con un foco prendido y la pantalla de la computadora. El e-book refleja la luz del foco. Un avión pasando. Y el sonido de los carros cruzando sobre charcos. Sigue lloviendo. El refrigerador sigue respirando.

*

—Quizá sea bueno que llores. Deberías de llorar.
—No tienes la menor idea de todo lo que he llorado este año. No tienes la menor idea. Podría pasarme cualquier cosa en este momento. Y no me importaría. Podrían llegar cinco tipos con metralletas y pararse frente a nosotros. Estoy cansada, eso es todo.

*

Respondí el e-mail explicando que Pavlova no tenía una alergia. O quizá sí. Pero que tuvimos que dormirla. Escribí esto en mi pésimo inglés. Escribí: we have to sleep her
En este instante recibo una respuesta:

We are sorry to hear about Pavlova and that you had to let her go.
We fully understand your situation.

Kind regards,

Vet-Concept Quality Management


Son las ocho de la mañana en Berlín. Una persona ya está trabajando. Abrió el correo electrónico y comenzó a responder mails. Ahí tienen la cinta amarilla para sellar los paquetes. Esa persona que nunca conoció a Pavlo escribe el nombre de Pavlova en un correo que es también un pésame. Pero no sabe que los ojos de Pavlova eran verdes. No sabe que sus patitas eran blancas y sus almohadillas rosas. No sabe que si recorrías con un dedo su nariz había una pequeña curvatura. Una pequeña jaiba. No sabe que abrí uno de los paquetes y encontré un ratón de tela dentro de la caja. Quería ver el recibo para devolver el paquete y por eso lo abrí. Un juguete para Pavlova.
También estas son las palabras para decir adiós.


jueves, julio 21, 2016



I’m not the same, canta Lukasz en el set “S mple Th ngs”. Se pronuncia Bukash, porque es polaco. Lo había escuchado el año pasado a través del soundcloud de Graciela María, varias veces había escuchado su voz diciendo The sky is kind of gray… a lot of unfinished thoughts… Life rushing passed me. That’s life... a simple metaphor, partially true. Pero apenas ahora lo conozco y su voz tiene rostro y su sonrisa deja ver sus colmillos ligeramente torcidos. Lukasz nos invita una botella de champaña. Ha sido una casualidad extraordinaria pasar a la galería y encontrarlo ahí. Platicamos. Brindamos. Ha salido el sol. Hace un día espléndido para caminar. Quizá mañana la temperatura aumente. El sol es importante. Han pasado meses sin sol y hoy ha salido, es un acontecimiento, un tema de conversación.

*

S mple Th ngs es un proyecto que se muestra fuera y alejada de las fórmulas contemporáneas de hacer y grabar música. El estudio de grabación desde sus inicios nació como el lugar para obtener el sonido de la música en su forma más puro; un cuarto configurado para que el sonido exterior no contamine lo que se graba adentro. Así los estudios son similares a los quirófanos de cirugía en donde todo está purificado, esterilizado y libre de cualquier germen que pueda infectar el cuerpo que se abre. En el estudio se disecciona cada instrumento y es ahí en donde las pistas de un disco se perfeccionan y remasterizan hasta obtener la línea perfecta.

*

La entrevista que realicé a Graciela María y Lukasz está completa aquí.


*

jueves, julio 14, 2016

Hace un mes murió Pavlova.
Pavlova nació en casa de una amiga de mi madre. Fue un embarazo extraño porque en la camada sólo existía ella. La hija de esa amiga es bailarina y le puso el nombre de Pavlova a la única cachorra nacida. Así que Pavlova llegó con nosotros ya bautizada. Como hija única nunca se acostumbró a convivir con otros gatos y ese fue el primer conflicto que tuvo cuando llegó a vivir con nosotras. Ya existían otras dos gatas. Ella ocuparía el puesto de la hermana menor. Pero nunca lo ocupó y siempre se opuso a usar el mismo arenero de las otras dos gatas. Pavlova hacía todo afuera del arenero, en una esquina de la regadera. Esta gata es muy cochina por eso hace eso, decían. Mi hermana y mi mamá se tardaron un par de años en entender la indirecta. Necesitaba otro arenero. No era una gata cochina.

*

Tenía 11 años cuando llegó a vivir conmigo en el Downtown.
Cuando me separé mi hermana me insistió en que no me llevara a ninguna de las gatas de mi matrimonio. Adopta a Pavlo. Pavlo necesita vivir sola, alejada de gatos. Para este momento ya no sólo había un arenero extra en la casa, ya había una sobrepoblación de animales. Pavlo se había convertido en la tía amargada de cuatro gatos. Y la hermana arisca de dos. Aquí no vive feliz. Está tan infeliz que se lame todo el tiempo la panza y tiene completamente pelón el vientre. 
Mi mamá me la fue a dejar un día a mi departamento y Pavlova se escondió rápidamente adentro del edredón.
Cuando me fui a dormir salió disparada y no la volví a ver. Me fui a trabajar y cuando regresé la volví a encontrar escondida en el edredón. Así pasó cerca de un mes hasta que se acostumbró a verme. Si bien habíamos vivido en algún momento de la historia en la misma casa de mi madre, de eso ya no quedaba más que un vago recuerdo. El amor que nos pudimos tener nació justamente en esta etapa de mi vida.

*

Pavlova odiaba a los gatos y a los perros. 
Sólo una vez intenté que conviviera con un perro. Foster era un perro salchicha que intentó hacer migas con Pavlova en cuanto la vio. Pavlova por supuesto le soltó un par de zarpazos y después se fue a esconder al closet. Nunca más volvió Foster al departamento. Tampoco su dueño.
Después llegó a vivir por una temporada Vicky. Y ahí nos dimos cuenta que a Pavlova le gustaba el tabaco. El catnip que mi mamá me había regalado le daba exactamente lo mismo. Pero no el olor del cigarro. Un día despertamos y encontramos los cigarros de Vicky completamente mordisqueados. Vicky me decía que cuando yo me iba a la oficina, Pavlo y él tenían un diálogo privado. Pavlova me obliga a dormir la siesta. Y yo la llamo a ella y viene.
Vicky también es hijo único como Pavlova y entendía el mundo desde ese extraño lugar en donde el amor, las preocupaciones y las expectativas de los padres sólo señalan un sujeto. Pavlova dormía en mi lugar cuando Vicky se quedaba solo. Y en los pies de la cama cuando dormíamos juntos. Los dos se quedaban dormidos hasta muy tarde en la mañana. 
Voy a decir lo que todos dicen de sus mascotas: no era como cualquier gatita.
No lo era. Cuando había reuniones solía esconderse. Cuando sólo éramos unos cuantos salía a vigilar a la comitiva. Desde el banco del piano observaba el comedor en donde solíamos sentarnos alrededor de la mesa a tomar cerveza, coca y empanadas. A veces se refugiaba en el cuarto y ahí esperaba a que todos se fueran. Otras se quedaba dormida en el tapete de la sala.

*

Cuando Graciela vivió en mi casa a principios de año se enamoró de la personalidad que tenía mi gata. Pavlo, dueña por supuesto del piso y del downtown, ya sabía cómo tratar con seres humanos en cualquier estado o situación sentimental.
Descubrimos que Pavlova amaba el sonido del piano. Que ronroneaba cuando Graciela comenzaba a cantar. Y se acurrucaba en su axila cuando nos íbamos a dormir.
¿Por qué rasca tanto su arenero por las noches?, me preguntó G.
El ruido de cómo rascaba y rascaba inundaba toda la habitación como si estuviera encima de nosotras. Parecía que Pavlova nos anunciaba que estaba en el baño. 
Rascar en su arenero, rascar el sillón gris, rascar el sillón café, esos eran los ruidos cotidianos en el departamento.
Quiero un gato como Pavlova, me dijo Graciela.
No hay nadie como Pavlova, llévate a Pavlova si la quieres.

*
Y Pavlova se fue a Berlín. Con sus patitas rasuradas de los análisis que le tomaron y su microchip insertado en el lomo de su cuerpo. Fui a dejarlas al aeropuerto con el corazón comprimido. Aunque había tomado la decisión sentía que ese viaje me alejaría por siempre de mi gata. Esto sólo era el inicio de un largo adiós.
¿Quién me esperaría en Allende? ¿A quién tendría que ir a alimentar? ¿Quién sería la razón para volver a casa?

*
Pero Pavlo se acostumbró rápidamente a la buena vida.
Pavlova tenía el cotidiano olor de cemento mojado de República de Cuba.
Allá descubrió el sonido de los cuervos y el olor de la primavera. La corteza y las hojas desprenden el olor del almidón. Su cuerpo se acomodaba en el límite de la puerta y el balcón. 
Nunca en su vida había tenido un balcón. Afuera sólo árboles y pájaros.
Al mes llegué también yo. Quería ver a mi gata. Quería comprobar con mis ojos que estaba bien. Y sí. Ahí encontré a Pavlo. En otra vida, en otra atmósfera, con otros sobrenombres, con otros personajes a quien vigilar desde una silla del departamento.

*
Hace un mes murió Pavlova.
Fue una negligencia médica. La inyectaron pensando que tenía una infección en la garganta y el medicamento le hizo una reacción alérgica que le costó la vida. En tres días tuvimos que despedirnos de ella.
Su nariz rosada no volverá a oler el aire.
Su tope borrego no volverá a golpear mi pierna.
Su hermosa carita no me verá de soslayo.
Estuvimos con ella cuando le pusieron una inyección letal. Teníamos que dormirla. Los veterinarios usan esa palabra "dormir" "sleep". No dicen "matar", "morir".
Graciela estaba a mi lado. Y no supimos qué hacer con su cuerpo recién fallecido.
Tuve que inventar algo. Si existe el ritual de la muerte es porque existe una cultura del amor.
La misma tragedia de Príamo. Tener el cuerpo para enterrarlo. Nosotras teníamos a nuestra Pavlova. A nuestra Pitzilein. 
Pavli Pavlo. 
Nos despedimos de ella y su carita se acostó en nuestras manos. Es lo mejor para ti. Para que dejes de sufrir. Y las lágrimas. Tantas lágrimas. Y su atenuado maullido. 
Era una queja y un perdón.
No hay escapatoria. Viajaste a Berlín para encontrarte con la muerte.
La muerte tiene lugares extraños de citarnos. Un viaje internacional no es poca cosa.
Mexikoplatz, es la estación del metro más cercana a la clínica veterinaria de la Universidad de Berlín, en donde Pavlova murió.
La doctora nos dejó a solas con su cuerpo.
Graciela me dijo: cierra sus ojos.
Yo lo hice. Después se abrieron de nuevo. Y volví a cerrarlos, ahora apretándolos. No sabía cómo lidiar con su peso muerto. Aún enferma oponía resistencia, pero ahora no había nada, sólo su cuerpo que vence las manos. La envolví en la toalla blanca que había. La envolví como un tamalito. Como me envolvía mi papá cuando era niña y tenía frío. Su cola salía de la toalla.
Escribo ahora por esa colita atigrada que asomaba.

martes, mayo 24, 2016

Imaginamos que la Stasi nos está vigilando y hacen un reporte detallado de las acciones que hacemos adentro del departamento.


23 de mayo. 10. 42. pm. Sonnenallee, Berlín.

La gata, a quien apodan Pitzi, se asoma al balcón abierto: observa las estrellas, lo cual sorprende a G. También I. se sorprende. Hace un comentario irrelevante sobre la vida que tenía P. en México. La gata no ha salido para nada desde que llegó a ese departamento. La observan un rato. G. le dice a I. que muy probablemente las personas mayores de sesenta años que se sientan a un lado de ellas cuando toman el metro pudieron pertenecer a la Stasi. Hay espías vivos. No pasó hace mucho. Hay gente de Alemania del este que todavía anda por ahí y que sigue odiando el modelo occidental. Luego siguen viendo una película. Hablan del clima. Se escuchan truenos. Se aproxima una tormenta.

24 de mayo. 8. 20 am. Sonnenallee, Berlín.

Despiertan sin contratiempos. G. prepara café en la cocina. I. revisa su correo en el comedor. G. le pregunta a I. qué color de barniz le queda mejor. Alza sus manos hacia el techo. No sabe si elegir el blanco o el dorado. I. opta por el dorado. Hablan del clima. En días anteriores hacía calor pero hoy es un día nublado.

26 de mayo. 9.37 am. Sonnenallee, Berlín.

G. le dice a I. "Quisiera que mi vida fuera como la de Pitzi".

27 de mayo. 11.20 pm. Sonnenallee, Berlín.

G. llega con hambre. Se escucha ruido en la cocina. Prende una vela y la pone en la mesa del comedor. Abre la puerta del balcón. Pitzi, la gata, huele el aire fresco que entra, se aventura a salir y cuando ve que G se acerca corre hacia adentro con la cola pegada al piso.

miércoles, mayo 11, 2016

Plac Konstytucji.

Los tranvías son de color amarillo y rojo. La glorieta funciona como cualquier glorieta del mundo.
Cada dos minutos pasa el tranvía número 35. A lo lejos se alcanza a distinguir el edificio de Bosch y el letrero del HM. Los edificios son viejos. Todos son una versión de lo que pudieron reconstruir después de la segunda guerra mundial.
El café nero es una franquicia y tiene internet gratis. Luz en las mesas y conexiones para las computadoras. Olvidé mi convertidor. Sólo puedo usar mi laptop mientras tenga pila.
Estoy frente a la ventana para ver pasar a la gente afuera, para observar el tranvía de ida y vuelta.
Tienen música agradable.
Y de Ella Fitzgerald ha saltado a Buena Vista Social Club.
Es Varsovia. Es 2016.
Y estoy escuchando dos gardenias para ti.
El bullicio polaco no es similar al alemán.
No sé decir hola en polaco. No sé cómo decir adiós.
Y me da un poco de pena no saber decir lo más básico. La verdad es que no preparé nada para venir. Simplemente elegí esta ciudad porque está a cinco horas en tren. Porque es barato. Porque el vaso de vodka cuesta 5 eslotis. Que convertidos son 25 pesos mexicanos.
Aún tengo instalado el chip alemán y en lugar de decir thanks, digo danke, en lugar de decir bye, digo chus. Pero da igual. Podría mejor hablar español.
He decidido mejor hablar en español.
Y la música en el café está en mi idioma. Probablemente sea la única que entiende la letra de lo que estamos escuchando. El ánimo de todos es apacible.
El ánimo es estudiantil.
De vuelta a la música en inglés.
Ahora escuchamos a Frank Sinatra.
Afuera comenzó a llover y pasó una chica con una sombrilla anaranjada, piernas blanquísimas, falda azul de terciopelo y botitas negras con tacón y calcetín blanco.
La estética del idioma es lo que más me gusta. Minúsculas en medio de frases en mayúsculas. Palabras que no entiendo con terminaciones en consonantes poco ocupadas en español: j, z, k, w.
Kcniec, pelna, sztuki.
Es 11 de mayo.
Mi papá cumple años hoy.
Imagino que estará desayunando un plato de fruta en la terraza de su casa. Viendo el mar. Revisando su correo electrónico mientras toma una taza de café.
Puedo escribirle un mensaje y felicitarlo. Pero no quiero.
Hay algo de la mensajería instantánea que elimina la ficción de estar lejos.
Y he decidido alejarme.
Acercarme es verificar el horario en México y enviarle un mensaje.
En cualquier parte del mundo hay un café nero, que se llame starbucks, o que se llame casita del té es lo de menos, estoy en ese espacio en donde hay gente con sus laptops y su internet, y su café y su pastel de chocolate. Pero la diferencia es el estrés, la diferencia es el viaje. Aquí me siento a salvo. En esa burbuja de la extranjería hay paz.
En este presente hay tranvías. Quiero verlos pasar todo el día. Quiero quedarme leyendo en mi ePub Homo Faber. Quiero saber qué pasa con su hija que ha conocido en un barco rumbo a Francia. Quiero terminar de leer qué sucede con Hanna a quién no ha visto en más de treinta años. Y de nuevo mi atención está en el tranvía, en los rieles de metal que la gente pisa al cruzar la calle.
En menos de diez minutos, dejó de llover y salió el sol.

La gente sigue caminando hacia alguna parte.

Apenas asoma el sol y de nuevo ya nadie usa el abrigo.

Un señor en bicicleta carga un montón de libros. Los ofrece a los que pasan junto a él.
Tiene la barba blanca y larga. Se estaciona y monta sus libros en el pretil del edificio.
Es una zona de estudiantes porque la Universidad Politécnica está muy cerca de aquí.
El café de enfrente tiene un letrero: 10% student.
No hay nada más importante que esto: vida cotidiana. Similar a la de todas las ciudades. Personas saliendo de la cafetería con su café para llevar, cuidado que no se derrame, saben su ruta perfectamente, nada los detiene.
La mayoría jóvenes. Pocas cabecitas blancas.
Un chico deja su café en el pretil y contesta una llamada de su celular.
Otro pasa en su bicicleta.
En este instante un café en Varsovia podría estar en cualquier parte.
Hace un año estaba tomando café en Reforma e Insurgentes.

Pero es Varsovia, a dos cuadras de aquí hay un callejón de bares en donde sólo ofrecen vodkas, de todas las clases. A las siete de la noche estará lleno de estudiantes.
Son las seis de la tarde.
Ahí no hay internet. Ahí no hay laptops.
Sólo la luz neón de la entrada y el friso quemado del edificio.
La calle se llama Sniadeckich.
El vodka espera.


lunes, abril 25, 2016

Creo que quiero tenerlo negro de nuevo. Me comporto diferente cuando tengo el caballo claro. Ya me harté de este comportamiento, me dice Graciela, mientras corta en rodajas las zanahorias para la sopa de jengibre que prepara. Con las dos manos coloca todo en una olla. El olor del cilantro recién picado hace que incline un poco el cuerpo para olerlo.
Graciela trae puesto un suéter de una marca que se vendía en los setentas para jugar tenis.
Yo traigo el mismo abrigo gris. No queremos prender la calefacción porque reseca la garganta.
Todavía es abril. Las nubes tienen lluvia y a veces hielo.
He buscado la forma y el significado de este tipo de nubes en la Guía sobre la observación de las nubes.
No encontré ninguna similar.

sábado, abril 23, 2016

cumpleaños 32



Los tulipanes los hay de dos colores: blancos o rojos.
Los platos los hay de dos tonos: azules o naranjas.
Las velas las hay pequeñas o medianas.
Sólo tenemos peltre para servir el vino.
Servilletas blancas y medianas.
El frío hace que los nudillos de mis manos se resequen.
Ikea no está muy lejos. Son cuatro estaciones y hay que tomar el Ring 41.
El Ring 41 es un tren que va por arriba de la ciudad y la rodea. Desde ahí puedo ver el antiguo aeropuerto al que voy a correr por las mañanas, Tempelhofer Feld. He ido a correr por la mañana y desde la primera vez que lo vi pasar pensé en tomarlo algún día.
Hoy es el día y estoy ahí descubriendo que es ese tren. Ahora yo veo a la gente correr en el parque.
Es mi cumpleaños y vengo en ese tren viendo un inmenso parque verde en donde aterrizaban los aviones gringos en la segunda guerra mundial. Hoy salió el sol y puedo ponerme mis lentes oscuros.
Estoy contenta.
Pienso inevitablemente en el año pasado. Las cosas cambian muy rápido. Nunca logro imaginar lo que el tiempo tiene preparado. México queda tan lejos. Me importa tan poco. La voz del tren anuncia la siguiente parada. Sé que lo anuncia pero no puedo descifrar el mensaje textual. Me gusta esta extranjería en donde las palabras son escuchadas pero no entendidas. El mundo es más afable cuando no se entiende. Es como si las esquinas estuvieran redondeadas.
A veces me repito a mí misma qué buena vida, la única forma de vivir es esto, hacer lo que me gusta, viajar, estar con quien quiero estar.
Es mi cumpleaños y voy a Ikea por unos platos y unos vasos porque no hay suficientes en casa de Graciela.
Caetano Veloso canta You don't know me.
Nací en la bahía de Acapulco. Me entero de cosas horribles que están ocurriendo ahí.
Y otra vez la voz de Caetano: You don't know me at all. Theres nothing you can show me.
Entro a Ikea.
Así se debe vivir con 40 metros cuadrados.
Me paseo por las distintas escenografías. ¿Qué llevaría a casa?
Nada. Quizá una jarra de vidrio. Odio mi jarra de plástico. De ahí en fuera no hay nada que realmente necesite. Voy directo por los platos y los vasos.
Me entretengo viendo las cactáceas de dos y tres euros.
Regreso tomando el Ring 41. Me gusta ver la torre de comunicaciones en el horizonte. Hace más sol pero más viento frío. Me bajo una estación antes y llego al departamento sin problemas.
Tengo dos llaves, una para la entrada del edificio, otra para el departamento.
La llave del departamento tiene una carita feliz, como esta :), perforada en la parte redonda.
Están sostenidas por un listón que dice sonar.
Me encuentro con Graciela que está cocinando una sopa de lenteja con papa y poro.
Cuando entro me canta las mañanitas.
Abrimos una botella de vino y nos sentamos a comer.
Chocamos nuestros tenedores.
Así es la felicidad en Neukölln, en 2016.


viernes, abril 15, 2016

Prince Johnny, you're kind but you're not simple
By now I think I know the difference
You wanna be a son of someone.

 St. Vincent

sábado, abril 02, 2016

Honey, time is on my side.
Mi rutina está abierta en canal, como algunos cerdos que llegan al Mercado de San Juan. El sol comenzó ayer. Las plantas quieren agua todos los días. Mi revista Picnic no soportará un mes más bajo la maceta que contiene el jazmín. El agua lo quito con los dedos como si se tratara de polvo.
—¿Sabes que ahora secuestran tu información y te piden dinero a cambio?
—Ojalá secuestraran mi información, sólo para decirles que no me importa en lo más mínimo.
Ya es abril, el mes de mi cumpleaños.
Parece que los años comienzan en abril y no en enero.
Que las cosas vuelven a acomodarse. Las hojas se abren en el sol, se cierran en el atardecer. A veces pareciera que nada está por cambiar y lo cierto es que todo ha cambiado.
Extraño a Pavlova. Cuando lo digo en voz alta parece una necedad, ahora sólo me lo digo a mí misma y en voz bajita.
Hace tiempo que no era dueña del tiempo como ahora.
Cuando no hay un horario de oficina todo parece durar más. El horario hace que la semana tenga un sentido. Ahora no lo veo. La vida existe aunque no tenga sentido. Todo sigue aunque no haya oficina.
El horario cambiará pronto.

*

Me regalaron de cumpleaños un Kobo. Yo siempre le digo Kindle, como le digo pan bimbo al pan de caja. Pero en realidad es un Kobo. Wallo me pasó toda su biblioteca electrónica. Más de 700 libros. Wallo me dijo: Revisa los libros y dime cuál quieres que te descargue y de una vez te lo paso.
Quiero leer Las nubes de Juan José Saer. Entonces entró a su Torrens y me bajó todos los libros que me venían a la mente. David Mamet, Amos Oz, Raymond Carver, Antonio Lobo Antunes, Irvine Welsh, Ray Bradbury, Italo Calvino, Ian Mc Ewan, Paul Grossman, Coetzee, Robert Walser, Kawabata, Patti Smith, Junot Díaz, y así... se fueron bajando uno a uno en mi tableta de lectura. Fue un día maravilloso. No sé si voy a leer todos. Tenerlos en ese aparatito me da paz emocional. Supongo que es lo que sienten algunas artistas que tienen un guardarropas gigantesco y observan todos los pares de zapatos que coleccionan, y los programas de televisión que los visitan hacen tomas de un almacén de zapatos y abrigos y vestidos... no pueden usarlos todos a la vez, pero tenerlos ahí en sus cajitas les da una seguridad frívola, estúpida y grandiosa.
Más o menos eso se siente.
Ayer leí mi primer libro electrónico: Salón de belleza de Mario Bellatín
Me mandaron mi estadística: 1 libro finalizado, 789 por leer, horas de lectura, dos.

*

2 de abril.  273 días para finalizar el año.
Así es la vida cuando se puede contabilizar. Cuando todo tiene un número y una fecha precisa. También el amor.

lunes, marzo 14, 2016

El último verano en Laos me picó una araña en la pierna. También me dio fiebre. Pero no escribía. Laos tenía basura en las coladeras. Y yo estaba sentada. Un piquete se hizo una bola en mi piel. Sin baño, sin agua. La lluvia era fría y el pavimento caliente. Los carteles de caligrafía indescifrable se mecían. Un perro tomó agua en un charco lleno de mosquitos. ¿Tenía sentido nombrar los espacios? Sólo era un viaje. María es el nombre de todas las mujeres, eso lo escuché en la recepción. Cualquiera puede llamarse María. Había un agujero y luego un quiste. La escala fue en Hanoi. Esa ciudad huele a sopa. Como la enfermedad que también huele a pollo hervido. Los empleados del estacionamiento en Cuba usan un uniforme negro. Tienen las mismas habilidades para trabajar en un barco. Pero no lo pueden saber. Nadie vende rosas en esta calle. El señor Euskadi, dice que no tiene nada qué ver con la empresa. Vende oro en Palma. Me arregló un arete con una piedra brillante. Y me dijo que esa piedra era una medicina o así se usaba. Por ti estoy traicionando el invierno. Otra vez estoy en la cresta de la ola. Terminé de leer el diccionario de lugares comunes. Gentilhombre. Ya no existen más. Estalló por fin la enfermedad y ya no tengo otro rostro. Sobre el suelo está una pomada para el cuello. Te enviaré mensajes en donde diga, bien, todo está bien, ¿y tú? A veces veo por la ventana que los hombres suben y bajan carros. Ya no tienen estatura. La luz los come. Tienen una nube frente a sus bocas. El humo que sacan los carros, respiran un veneno que los adormece las veinticuatro horas. Son sombras, no seres humanos. Y si pudiera ver sus pupilas. Y si pudiera llamarlos. Me asomé a mi espejo para saber si recuperé mi tez o si otra vez tengo fiebre. Mis uñas crecen. Pegué las letras en la cocina. Luego en la mesa. Luego en el piso. Ahora las velas son pequeñísimos incendios que no me producen calor, ni alegría, se están derritiendo sobre el piano y nadie hace nada. Nadie soy yo. Y ni una palabra que me deje maldecir. Quiero maldecir sin recetas.
Mi cuarto está rosa por la lamparita de plástico que se quedó prendida y no la puedo apagar aunque sea de día.  Pero ya no me importa. Quiero los labios de rojo. Tus binoculares no me pueden observar desde la torre. Me pongo este barniz en los dedos para que mi perfil brille, aunque después se caiga como si fuera un vidrio roto. Cuántas jeringas puede soportar el pedacito de carne por donde inyecto las medicinas. Género epistolar. Género de estilo exclusivamente reservado a las mujeres. Tengo un vuelo desde hace dos semanas. No me hago daño. El mármol seguirá fresco.

jueves, febrero 25, 2016

Desayuné en La Pagoda con Pablo G. 
Hablamos de la Feria de Minería, de música, de la vida en el Centro y del pequeño mundo de la historia del arte y de la UNAM. Al final siempre hay personas en común de las que se puede hablar, por qué lo conoces, de dónde, etcétera.
Siempre pensé que Pablo G. y yo éramos de la misma edad, pero no. Él es cuatro años más chico que yo. Supongo que es una cuestión de "crecer" pensar que todos son de nuestra misma edad porque parecemos "de la misma rodada".
–A veces se me olvida que soy una señora divorciada.
Él se rió y me preguntó si había leído a Jaime Gil de Biedma. 
—Sí, me gusta mucho.
—Eres como la niña Isabel, ten cuidado.


Acá el poema:


En un año que has estado
casada, pechos hermosos,
amargas encontraste
las flores del matrimonio.              

Y una buena mañana
la dulce libertad 
elegiste impaciente, 
como un escolar.    
          
Hoy vestida de corsario
en los bares se te ve
con seis amantes por banda
-Isabel, niña Isabel-,        
      
sobre un taburete erguida,
radiante, despeinada
por un viento sólo tuyo,
presidiendo la farra.   
           
De quién, al fin de una noche,
no te habrás enamorado
por quererte enamorar
Y todo me lo han contado.   
           
¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?              

Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.   
           
Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.

martes, febrero 23, 2016

1.

estuve enferma de una gripa que se convirtió en influenza.
me inyectaron antibiótico y cortisona.
no me fui nunca al hospital pero me sentía muy mal.
hice limpieza en todo este tiempo.
tiré ropa que no era mía.
regresé libros prestados.
guardé otros que no he leído.
acomodé la enciclopedia en el último peldaño de mi librero.
leí the familiar.
volumen uno y dos.

2.

me fui de campamento.
conocí a gabriela torres.
besé su anillo en forma de ojo.
conocí a walmor correa.
gritamos canciones de jeff buckley.
citamos a clarice lispector.
me enseñó su armónica pequeña.
la tocó una o dos veces.
usé un brillo rojo en los labios.
regresé con el abrigo oliendo a fogata.
y la teoría del color en mi mente.
sonriendo.
feliz.


3.

escribí sobre que algunas palabras encarnan a las personas.
podría hablar de palabras que son una persona.
deli, manuel bueno.
mood,
oligofrénico,
ignominia,
quiero quedarme con deli.
tuve conversaciones ordenadas.
por turnos;
cada personaje secundario un adjetivo;
cada mail una idea.
escribir, editar y dormir.

4.

esto es febrero.
tardes con sol.
mañanas sin prisas.


5.

atardeceres y
vida con
grace:
su mechón rosa
costó 40 pesos
en Buenavista.
sólo hemos caminado
y tomado cerveza.
y ron.
y vino.
y mezcal.


6.

—una vez me contaste un dato duro del órgano de la Catedral y no lo recuerdo.
—yo tampoco.
—¿lo inventaste?
—no, en aquel momento estudiaba arte novohispano, ahora no recuerdo nada.
—me contaste algo así como que el órgano se construyó adentro y ahora no podrían sacarlo, tendrían que destruirlo.
—o destruir la catedral.
—me contaste también que tu maestra de arte te gustaba o tú le gustabas.
—sí es verdad.


7.

escribí sobre un ciempiés
sin veneno
de veinte centímetros
tatuado en un abdomen
y sobre una rata
sin rabia
tatuada en un omóplato.


8.

el fin nunca es el fin porque siempre comienza otra cosa.
dice Marlon Brando en último tango en París.
siempre se puede comenzar de nuevo.
febrero es el inicio de algo.
nuevas palabras a nuevos recuerdos.

9.

Grace canta en el estudio:
make sure that you fit in the right holes
but when you take his offer, you're done for.

domingo, enero 31, 2016

Feliz cumpleaños a todas las Maritzas que lean este mensaje en domingo y diciendo adiós a enero.

lunes, enero 11, 2016

♦️♥️♦️♦️♦️


¿Por qué duele la muerte de David Bowie?
Quizá porque es de las pocas personas que han sabido estar en el mundo. Y con esto quiero decir que no cualquiera sabe estar-en-el-mundo y ser parte de él. El siglo XX es la prueba de numerosos "quijotes" que no supieron evolucionar con los cambios que se dieron, que como personas crecidos en un mundo medieval no pudieron ser renacentistas y mucho menos modernos. Lo pongo en esos términos porque no creo que podamos hablar de un siglo que tenga más evolución que el vivido por Bowie. Si existe una persona que supo hacer de su vida una construcción de paradigmas que se superaban en la medida en la que dejaban de funcionar y que, con cada cambio, se colocó en la vanguardia del buen gusto, de la elegancia y del talento esa persona es David Bowie.


*

Su música cimbró mi adolescencia en 1997 con el álbum Earthling y el video que en ese entonces programaban en MTV, Little wonder. Recuerdo lo mucho que me impactó y cómo de inmediato me convertí en fiel seguidora de la música que siguió a este álbum. En ese año descubrí con sorpresa que aquel hombre que cantaba Im afraid of Americans era el mismo actor que había visto cuando era niña: Laberinto. Película que figuraba como una de mis favoritas por identificación y fascinación del argumento. Yo misma era hermana mayor de una niña pequeña que hubiera querido regalar a Goblin King. Recuerdo que no me era posible ver la película más de una vez porque no la tenía en mi casa. Las veces que la veía era porque la transmitían en la televisión. Mi cuidadora de ese entonces, Ivone, era una gran contadora de películas. Ivone me relataba Laberinto y en su relato podía tardarse hasta dos horas, la describía escena por escena. Detallaba no sólo la anécdota de lo que sucedía sino el aspecto de cada uno de los personajes. Escuché el relato de esta película más veces de las que en realidad la vi. Goblin nunca tuvo ese nombre, Ivone siempre decía David Bowie. En ese entonces me acuerdo que su aspecto me daba un poco de miedo. 

*

Conocí a Grace en 2008 y con ella vino una nueva ola de amor por David Bowie. La primera vez que fue a mi casa portaba una camiseta de Bowie. Fue por ella que comencé a escuchar el Bowie anterior a mi adolescencia. Y fue también ella quien me regaló una postal de David Bowie que comenzó a cuidar mi hogar en el downtown. Fue ella paradójicamente también la que hoy muy de mañana me mandó un mensaje que sólo decía: 
Idalia,
Bowie. 
:(
La noticia de su muerte me da un enorme pesar porque hay que aceptar que esta figura simboliza una época que termina con él. Él mismo encarna el espíritu de una época. Con él termina también el ejemplo a seguir porque ya no veremos su evolución, su manera de configurar el mundo en la medida en la que éste cambia. El mundo cambiará pero ya no veremos cómo Bowie cambia con él, y eso duele. Son bonitas estas frases conciliadoras que leemos en el TL de las redes sociales: su música siempre estará ahí, Bowie es una estrella que nunca dejará de brillar, y es cierto, esa parte inmortal quedará por siempre. Pero hay que saber enfrentar que el Bowie de carne y hueso murió hoy, y que eso es profundamente triste. Perdón pero el mundo no se recupera de las pérdidas, sólo las acomoda como puede.




viernes, enero 01, 2016

nueve años




1.

Hace tres meses comencé a leer el libro de Vera, Conjunto vacío.
Pero hace como ocho meses me enviaron el inicio de esta novela a mi correo electrónico:

Mi expediente amoroso es una colección de principios. Un paisaje definitivamente inacabado que se extiende entre excavaciones inundadas, cimientos al aire libre y estructuras en ruina; una necrópolis interior que ha estado en obra negra desde que recuerdo. Cuando te conviertes en coleccionista de inicios también puedes corroborar, con precisión casi científica, la poca variabilidad que tienen los finales. Estoy condenada, particularmente, a la renuncia.

Esta persona no me dijo quién lo había escrito, sólo decía "es de alguien que conoces".
Después en Frente leí más de esta novela que publica Almadía. Deseé desde entonces leer el resto.
Un día en la oficina de Rodrigo vi la novela por primera vez. La estaba leyendo y prometió prestármela. La compré antes de que eso sucediera.
Hoy, después de tener la novela esperando estos meses, la tomé y la leí de principio a fin. 
La leí en esta tarde de primero de enero:
acostada en mi cama, tomando té de jengibre, con la ventana abierta. 



2.

Fuimos a comer al Sanborns porque el Salón Corona estaba cerrado. 
Clémonz nunca había comido en la Fuente de sodas, había comido en el restaurante pero no conocía esa parte del Sanborns. 
Parece la escenografía de una película, me dijo, ¿qué era antes de ser Sanborns?
Era una casa habitacional.
Le platiqué del libro de Vera, de cómo la conocí, las cosas que sabía de ella y cómo me impresionaba su manera de hacer ficción su propia biografía.
¿Le enviaste mensaje para decirle que la has leído?
No, pero es buena idea y en este instante lo haré.



3.

De Conjunto vacío me gustaron muchos episodios que quisiera enumerar:
El mantel con crucigrama.
La Biblioteca Central como un lugar ruidoso y comandado por bibliotecarios malhumorados del sindicato de la UNAM.
El barco que da vuelta en u en el fin del mundo.
La escalera del fin del mundo.
La incertidumbre en forma de triángulo.
El personaje sin identificar en la foto.
El tatuaje de Tordo (T).
La definición de comenzar un texto muchas veces, el fracaso y el intento, la repetición.
La idea de que su madre fue maestra de Fantasmas.
El Fantasma de la ex. como pesadilla de una realidad cotidiana e invadiendo la radio y los espectaculares. 



4.

Clémence, cuando anoté su nombre la primera vez me dijo "con acento en la primera e".
Usa lentes y habla mal el español. Pero las dos cosas las porta con elegancia y eso me gusta. 
¿Se dice el anís o la anís?
La palabra estudiantil la pronuncia como etiudiantiill.
Clémence es del norte de Francia, de Lille. Estudió en París y trabajó en el Häagen Dazs cercano al Centro Pompidou dos veranos seguidos sirviendo helados y haciendo capuchinos. El trabajo era agradable y quedaba cerca de su departamento. El uniforme era una falda y una ombliguera que no le gustaban. Dijo que era tan ridículo ese uniforme como el de las meseras de Sanborns.
Su nombre se pronuncia como Clémonz.
Es diseñadora y está perdiendo la vista del ojo izquierdo.
Es pálida y sus gestos son estoicos, inmutables.
Tiene los ojos rasgados y su mirada en momentos me recuerda la de Björk. 
                       (Björk: su mención, viene unida a tres recuerdos que aparecen en 
                        mi mente simultáneamente y en este orden:
                        La canción de Ruby baby, la felicidad que me producía, no sé por 
                        ahí del 2005.
                        El Ka de Frederik tocando Debut mientras íbamos a la Facultad.
                       "¿Quién es? Ah, sí, es la pinche china", esa frase de Alberto 
                       cuando  el random de mi iPod arrojaba alguna canción de ella.)



5.

Mi blog cumple años el día de hoy: Nueve años, larga vida a mi blog.
El año pasado escribí esta entrada.
Hoy la volví a leer. Y tengo dos comentarios al respecto:
1. Hoy no hay nubes negras encima de mí. 
2. Tampoco hay angustia de vacacionar. 
Todo está embonando perfectamente, quizá porque no tengo angustia. La vida es eso que pasa cuando no se tiene angustia, debería de rezar el meme. 



6.

Clémonz está de visita en casa y estuvimos viendo libros para niños. 
Me preguntó: ¿Es importante para ti esta fecha, "el año nuevo"?
Creo que sí. No es que haga propósitos de año nuevo. No va por ahí. Pero mi blog cumple años el 1ero de enero. Desde entonces siento que tengo un compromiso que cumplir. Una manera de festejar su existencia es justo escribiendo una entrada ese día.
En un año cumplirá 10 años. 10 años de continuidad.
Woody Allen dice que el 95% del éxito profesional proviene de la perseverancia, dijo Clémonz.
¿Eso dijo Woody Allen?
Sí, habrá que buscar en google sus palabras exactas.
No las busqué, confío en que algo así dijo Woody Allen, aunque suene a frase de superación personal.



7.

Otra lista de cosas:
1. Usé la cocina para hacer el desayuno.
2. Abrí las ventanas y me maravilló estar en casa todo el día. 
3. Sin prisa pero con gripa; con gripa pero sin quejas. 
4. Tengo ronca la voz. Comienzo el año con una voz que es mía pero que está distorcionada. ¿Puede tener algún augurio? 
5. No he leído mi horóscopo. El 2015 me arrebató esa creencia de los horóscopos y ahora estoy ahíta de ellos.



8.

Los mejores cambios son los que se dan casi sin que nos demos cuenta. Puedo decir con seguridad que 2015 fue un año en el que mi blog tuvo un aire nuevo, fue más cotidiano que otros años y tuvo más vueltas, subidas y caídas que el 2014. El festejo de año nuevo está marcado porque existe escritura. Porque existe el deseo de seguir escribiendo. Con esta voz griposa le digo a este espacio cibernético: Happy birthday, happy happy birthday al refugio de mi escritura cotidiana, pero sobre todo al deseo de guardar en alguna parte los recuerdos y revivirlos y olvidarlos por decisión.



9.

Hace un par de días volví a ver la película "The Royal Tenenbaums".
La vi por primera vez en el 2002.
Me la prestó Mariano, tenía una urgencia por compartir la película.
Después se quedó en el olvido. Recordaba muy poco de la película.
Ahora, después de todos esos años, la volví a ver y reí mucho.
Cuando la vi me acuerdo que me aburrió. No conecté con los personajes.
Esta vez tuve varios motivos para sentirme conmovida:
Margot Tenenbaum casada con un hombre mayor y con un expediente privado.
El intento de suicidio de Richie Tenenbaum.
Me sorprendió escuchar la voz de Elliott Smith en una de las escenas más dramáticas de la película.
Sí tengo un propósito de año nuevo: ver películas de hace diez o quince años. 
Sugerencias bienvenidas.