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domingo, agosto 30, 2015

agosto todavía



Domingo de: cielo con bruma, frío y Suedehead de Morrissey, una y otra y otra vez.

Why do you telephone?
And why send me silly notes?
I'm so sorry, oh, I'm so sorry

Amo el downtown cuando hace frío, cuando es tan temprano que sólo hay basura en la calle y charcos de lluvia.
Salí temprano y tomé la bici para ir al cajero de Palma norte. Después pasé a la tienda naturista de Allende y compré un par de jabones y tinte para mi cabello. Compré leche y llegué a desayunar y revisar mi correo. Al poco rato se asomó un poco el sol.
Pero en general fue un domingo de lluvia y ciudad sitiada por el maratón. 

No tenía en mente encontrarme con M. en la Nápoles, pero al final nos reunimos con Pulitzer y otra persona. Y la convivencia fue extraña.
Quizá lo que está raro radica en conocer al otro.
Quién conoce a quién y si ese quien responde a su propio perfil de personaje, para usar las palabras de M. 
El plus de un día como hoy es que sea un domingo improvisado, no dejar llegar la malilla de un día que hace grotesco los vacíos. Al final una mirada te puede decir que no existe el free love, que siempre quedan residuos, que hay algo enrarecido. Vacíos que no se pueden llenar con convivencia, con cerveza, con chiles en nogada o pizza.
Disfruto los días que no terminan como se tenía en mente terminar.
Y éste terminó con una bolsa llena de superama de la Nápoles, té negro y pan de muerto.
Pan de muerto y todavía es agosto.
Café de la finca.
Avena y cereal de arándanos.
Manzanas, peras, limones.
Shampoo y enchinador de pestañas.
Terminó con skype, familia y una chamarra verde para la lluvia.

—Agosto no ha sido un mal mes.
—Y todavía no termina.
—No me gusta que amarren navajas entre nosotras.
—En general fue hostil el choque de mundos.

Son raros los celos en las amistades, pero existen, sobre todo cuando las personas se dan cuenta que hay viejas complicidades. Pero la amistad. Un tratado sobre la amistad y el whatsapp. Si supieran cómo funciona el binomio m :: i
Pero no lo saben. Nadie lo sabe.

Why do you come here
When you know it makes things hard for me?
When you know, oh, why do you come?


domingo, julio 26, 2015



1.
No hablo ni pronuncio bien el inglés.
Pero quisiera cantar en el karaoke Common people, pero no sé si lo voy a lograr.
—Me gusta que digas whatsup y no whatsapp.
—Creo que We live again es mi canción favorita de Mutations
Estoy escuchando Common people mientras escribo.
Ayer se escuchó, se bailó y se cantó.
A veces me entretengo con alguna canción. Trato de descifrar la letra. Luego comienzo a numerar cosas que ocurrieron porque a veces no sé cómo empezar.
Y estábamos en una azotea.
En el roof garden, le llaman.
Ahora que lo pienso también fue en una azotea la presentación de J.
Ayer fue sábado de azoteas.
Algunas con vino tinto y otras con cerveza.
Desde ahí se podía ver el Monumento a la Revolución y un pequeño halo de luz hacia el cielo.
—Nunca he subido al Monumento.
—Yo tampoco.
—¡Subamos!
Pero lo del whatsup fue antes, en la mezcalería de la Alameda.
Cuando afuera llovía y yo no traía paraguas y estaba nerviosa.
Ayer y hoy no ha llovido. Aunque el iPhone dice que hoy lloverá.



2.
Escribir el presente es también escribir recuerdos que ya son pasado.
Mi tarjeta el día de hoy me dijo: Define un área como segura y úsala como ancla.


3.
Ayer, mientras estaba sentada en la azotea; mac book abierta con música, cerveza, mezcal, higos... sentí que estaba viviendo otra vida. Una vida que me gusta. Fue también comenzar a inventar rituales e ilusiones. Si fuera un guión sería el punto de encuentro entre dos personas.
Cuando las cosas marchan bien y no parece existir ningún defecto en nada.
Me gusta pensar que common people se une al atardecer, como las cartas de Brian Eno a la mañana y al café caliente y el café a las tazas de los Moomins y los Moomins a una primera envoltura del recuerdo porque no conozco a nadie que tenga una taza igual.
No hay otro referente; sólo la ventana, las plantitas siendo regadas con un termo y el sol pegándome en el cabello húmedo.
¿Es posible quedarse con el primer registro del recuerdo?


4.
Quiero poner esta pregunta aquí: ¿Cuántas cuentas de twitter tienes?


5.
Domingo de tazas de Moomins.
Domingo de desayunar wafles en el Vips.
Domingo de tender ropa limpia en la azotea.
Domingo de colocar nuevas canciones en la lista de M::I.
Domingo de decirle a Maritza que todo estará bien. (Seguiré comiendo ate de membrillo y queso cuando hable con ella, siento que eso me dará buena suerte).



domingo, julio 19, 2015





Caminamos sobre la banqueta.
Nunca había visto el letrero de esa panadería, dice 
P a n i f i c a d o r a
Es el tipo de letreros que materializan el pasado de las fotos viejas. 
Quizá esta colonia es igual de vieja que la colonia en la que crecí. He pasado muchas veces por esta colonia pero nunca por esa calle y por esa panadería.
Estamos de paseo y el perro trata de adelantarse, trata de jalar la correa.
Llegamos a la plaza de la República.
Él le quita la correa y arroja la pelota. El perro va por ella. Él la vuelve a lanzar.
De pronto soy testigo de la vida cotidiana de ellos.
Estoy junto a él presenciando el ritual de la pelota y de la plaza y del paseo.
Está nublado, el clima no podría ser mejor. No hay prisa por nada. Al parecer todo está en orden.
—Creo que estamos en la mejor ciudad del mundo.
—Yo también creo lo mismo.
—Sólo hay una ciudad que podría ser mejor y quizá esté en alguno de los países bálticos.
Yo me encojo de hombros porque nunca he ido a ningún país báltico. Pienso en el mapa de Europa. En algún momento de tercero de primaria iluminé todos los países con colores diferentes.
De pronto el perro ha perdido la pelota.
Nos acercamos y está adentro de una fuente: el perro y la pelota.
Camino por el borde de la fuente, siento el piso resbaloso. Sería horrible que me resbalara y cayera a la fuente.
Buscamos en el agua hasta que le decimos: aquí está.
El perro la toma y sale victorioso.
Él sigue arrojando la pelota.
Yo meto mis manos en mi chamarra y observo al perro ir y venir. Corre feliz. 
Corre y es feliz.
—¿Estás logrando tu domingo?
—Lo estoy sorteando.
—Últimamente los domingos se sortean y no se logran.
Él ¿sonríe?
—Estoy pensando en la carta que me salió en tu casa. Decía Do we need holes?
They certainly are there. Los rechazamos sin saber que los necesitamos.
—Sin vacío no hay juego. Pero no me hace más feliz saber la teoría. El problema es la práctica. El problema es acomodar el vacío, moverlo de lugar, nombrarlo, rechazarlo y apropiarlo de nuevo.



domingo, junio 28, 2015

último domingo de junio




Desperté en casa de mi mamá.
Fue su cumpleaños y me quedé a dormir ahí.
Había leído una novela el día anterior. En su casa, en su cama, hasta que me quedé dormida.
No recuerdo el final. Sólo recuerdo que no me gustó.
M. me invitó a un concierto en el metro Popotla. Cuando llegué comenzó a llover a cántaros.
Me senté a esperarla enfrente de la cancha de football.
La novela que acababa de terminar de leer tiene dos finales.
No recuerdo el último. El autor lo titula como "desenlace 2".
Me di cuenta que no me gustaba que terminara en la realidad de la novela.
Quería que terminara en la ficción de la misma novela, en la parte que el autor intentaba ser mejor persona o plasmar sus deseos no realizados en esa parte de la ficción.
Como si la ficción se tratara de arreglar la realidad. En la medida en la que la realidad se iba plasmando en la novela, la novela misma iba exigiendo una parte de ficción.
Cuando llegó M. me dijo que quería comprar miel en un puesto de Chiapas. Fuimos a la parte del domo y estuvimos viendo lo que vendían: chocolate, café, miel, artesanías, ropa, libretas, etc.
Quisimos acercarnos al concierto pero comenzó una tormenta eléctrica y justo cuando comenzaron a cantar Perfume de gardenias se fue la luz. La gente la comenzó a cantar y así terminó el concierto.



Último domingo de junio.


Desperté en mi casa.
Ayer fue cumpleaños de mi mamá y llegué tarde. Llovía un poco y la gente del bar de enfrente fumaba en la orilla de la banqueta en donde el techo todavía los cubre. Quise quedarme ahí, fumar un cigarro y comprar un chocolate en el puesto que pone una señora frente al Río de la Plata.
En el metro terminé de leer una novela en donde el escritor comienza a narrar la historia de amor que tiene con Agnes, un nombre raro.
M. me invitó a un concierto en el metro Popotla. Cuando llegué me quedé un largo rato en un puesto que vendía cerámica, vasijas de barro y miel. Probé la miel. Luego me fui a una banca junto a la cancha de football a esperar a M. Comencé a pensar en lo que el autor había llamado "desenlace 2". Sólo recordaba que Agnes sale en la noche y se dirige a una parte del bosque en donde hunde su rostro en la nieve, comienza a sentir el frío. No sabemos si se muere, aunque al principio dice el autor que sí, que ella se muere.
M. se encontró conmigo atrás del escenario dos.
Platicamos y me enseñó el tatuaje que se hizo en el brazo.
Nos quedamos abajo de la lona. Llovía fuerte. Caían truenos y se fue la luz.
M. me abrazó mientras veíamos cómo llovía.
Me dijo: Mientras llueve hay miles de personas haciendo el amor, buceando o deprimiéndose en su casa.
¿Estás listo para ponerte tu traje de buzo? Le pregunté.
Cuando salimos ya no llovía y el sol había salido.
Seguramente veremos un arcoiris, me dijo M.



Último domingo de junio.


Desperté en casa de M. Ayer fuimos a una fiesta de una radiodifusora que se llama Nofm.
Nos encontramos a personas que no hubiéramos esperado ver. Bailamos y cantamos y nos divertimos. Después me fui a su casa y como era temprano me puse a leer un rato la novela de P.
A las tres de la mañana había terminado de leerla.
Hoy se festejó el cumpleaños de mi mamá. Decidió que quería ir a un concierto por el metro Popotla.
Mi mamá se acercó a un puesto en donde vendían miel y se quedó un rato probando las distintas mieles. Yo me senté en una banca y pensé en la novela que había terminado de leer. Traté de recordar el "desenlace 2". Sólo recordaba que era año nuevo y el protagonista había ido a casa de L. a festejar mientras que Agnes, su mujer, se había quedado en casa reposando por una gripa.
Me encontré con mi mamá atrás del escenario dos.
Había comprado una blusa, la miel y una vasija de barro amarilla.
Platicamos un rato y vi que en el brazo se había hecho un tatuaje nuevo. Una mano de Fátima.
Comenzó a llover muy fuerte y en la lona había varias goteras así que teníamos que movernos de lugar constantemente para no mojarnos.
Cuando salimos ya no llovía y vimos dos arcoiris en el cielo, uno detrás de otro.

domingo, junio 21, 2015

And the bright rings we got in summertime, seemed like a breath of fresh air back in the summertime




1. Ya es domingo de nuevo.
Y mi mente sólo quiere volver atrás.
¿Qué hice la semana pasada?
¿Tenemos que recordar el domingo pasado y el pasado y el pasado? O será que simplemente el tiempo pasa y no sucede nada en domingo. ¿No sucede nada?
¿Se puede retener lo del domingo pasado o se esfuma en el olvido?
Unas palabras en mi libreta blanca:
Ojalá pudiéramos borrar el pasado como se borran las palabras, ojalá pudiéramos tacharlo al menos.



2. —Estas últimas semanas he sentido que el tiempo se evapora.
—Sí y no.
—Siento que se me está yendo la vida.
—Sí y no.



3. Desperté a las siete y me quedé viendo el techo blanco.
No puedo dejar mi mente sin que los pensamientos comiencen a surgir. He comenzado a adquirir una conciencia sobre los primeros pensamientos que tengo por las mañanas, aquellos que sólo surgen de algún sueño o del sueño mismo, sin más, sin que sea el resultado o la concatenación de otros pensamientos.
Desde que abro los ojos me gusta sentir cómo las palabras empiezan a manifestarse, como si mi cuerpo no pudiera quedarse en un puro-sentir, un estado neutro, sin tener que entrar en el lenguaje.
Me acordé de un fragmento de Los amores ridículos.
(Lo sigo leyendo. A ratos en el metro, a ratos mientras espero, a ratos acostada en mi cama.)
Klara está desnuda encima de una cama. Está en un ático que tiene un techo inclinado. Hay una parte en la que no se puede caminar porque te pegas en la cabeza.
Klara está acostada viendo el techo. No ocurre nada.
Yo desperté con mi piyama de rayas blancas y negras.
Siento que las personas que duermen desnudas es porque están en una película o ahora, y eso porque lo acabo de leer, en un cuento de Milan Kundera.



4. No hacer nada. No pensar en nada. Que la acción de ver el techo sea un acto digno de la literatura.
No hay ático, sólo una ventana que me gusta mucho.
Enmarca la torre Latino. Entra una luz blanquísima.
Estoy sola y pienso que todo es perfecto así.
Ventana, cortina blanca, edredón hasta el cuello, primeras luces rebotando en el espejo.
Y un silencio extremo.
Me gusta abrir la ventana y regresar al edredón.
Sentir que entra el aire frío. Sentir el futón: sólido, duro, roca.
Quiero quedarme más tiempo instalada en ese momento de la mañana.
En donde no ocurre nada. Sólo ocurre el amanecer y el tiempo. Así es la existencia: sin nada.



5. Tuve una plática con G.
Me decía que de ahora en adelante sólo me pasará la música que escuche a través de Spotify.
—Abre tu cuenta y paga tu mensualidad.
Esas fueron sus palabras. Y eso hice.
Ya tenía cuenta sólo que hacía mucho no la ocupada.
Pagué tres meses de Spotify premium y comencé a hacer una playlist.
Coco Rosie, Portishead, Stone temple pilots, Smashing, Radiohead.
Revisaba listas de música. Agregaba algunas, eliminaba otras que después sentía que no soportaría escuchar por mucho tiempo.
Bob Dylan, Cowboy Junkies, Dean Blunt, James Blake, Nick Drake.
Hacer una playlist en donde las canciones no estén vinculadas con los recuerdos es una labor, hoy en día, prácticamente imposible. Porque ¿qué soy sino el reconocimiento de mí misma a través de recuerdos? A principios de esta semana salió una canción del nuevo disco de Beck. Leí un tweet que decía: corro a escucharla antes de que esta canción esté vinculada a un alguien que esté por romperme el corazón.
Recuerdo Figure 8 de Elliott Smith. Recuerdo el año que ese disco estuvo en mis manos. Recuerdo que era diciembre y G. tenía un fleco que le enmarcaba las cejas. Estaba sentada en la sala negra, cantaba "Between the bars", traía puesta su playera de David Bowie.
¿Se le pueden encimar recuerdos a un disco? ¿Cuántas capas de recuerdos puede tener la nostalgia en un solo objeto?



6. Después de todo lo más importante que nos ha pasado es la juventud. Así se titula un cuento de una alumna mía. La semana pasada tuvieron que entregar su cuento como parte de la calificación de Taller de Lectura y Redacción, materia que imparto en la preparatoria Lancaster.
¿De qué trata el cuento? De L., una chica de 15 años que no puede dejar de pensar en A., el chico que pensó que era su alma gemela. Y aunque se han separado y cada uno ha tenido a otras personas en sus vidas, L., la protagonista, no puede dejar de pensar en él. "¿Cómo dejar de pensar en cuando íbamos al Starbucks y él siempre pedía un Alto Green Tea Late?" Esa es una frase hacia el final del cuento que me conmovió porque qué somos si no el recuerdo de lo que al otro le gustaba hacer, tan trivial como tomar un café en el Starbucks.
¿Hay algo más genuino y cercano que la medida del café?, ¿sin azúcar, con leche light, con un shot extra?
Después de todo lo más importante que nos ha pasado es la juventud, frase que nunca más aparece en el cuento. Le da título y ya. Un título largo para una historia de amor, que tiene un final abierto:
"Ayer nos vimos. No sé qué pasará".
Antes pensaba que los mejores títulos son los más cortos.
Después tuve una plática con el editor de TA, ¿son mejores los títulos de una o dos palabras? En general me preocupa la caja de texto tan pequeña que tiene la portada de los libros del Fondo Editorial Tierra Adentro, no acepta títulos muy largos, es una cuestión de diseño. Esa vez comenzamos a enumerar los títulos largos que recordábamos. Eran muchos, y todos muy buenos: Museo de la novela de la Eterna (primera novela buena); No entres tan deprisa en esa noche oscura; El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan; Si una noche de invierno un viajero; La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy.
Los títulos largos me hicieron recordar el nombre de la escultura de Alberto Sánchez que está afuera del Reina Sofía: El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella.
Pocas personas saben el nombre de esa escultura. Los títulos largos suelen olvidarse.
Antes de escribir este post tuve que buscar entre todos los cuentos el título que quería citar, porque sabía que era largo, que me había gustado pero no lo recordaba con exactitud.
Recordar con exactitud.
Eso pasa con la música, con los sabores y con los olores.
No tanto con la literatura, hay que recurrir al texto.
A veces no es tan sencillo ir al texto.
Qué es el domingo si no el mejor día para recordar que las cosas existen y que los recuerdos tienen palabras, que los mensajes de texto siguen llegando, que el chat se abre como una ventana intrusa en medio de la tarde, que la playlist volverá con toda su fuerza para hacernos recordar quiénes somos.

domingo, febrero 22, 2015

Pensamientos de Domingo IV


1.  WhatsApp 
en donde yo soy la cursiva.

Estoy en la esquina ¿en dónde estás tú?
Estoy en el camellón enfrente de educal.
Ya te vi.


*

Podemos vernos para ver la entrega de los Oscars.
Rentar un cuarto en un hotel de paso que tenga cable.
Verlos.
Y pedir hamburguesas al cuarto.
Es en serio.
No puedo.


*


Te vi en fotos de los premios.
Primera fila.
−Jajaja.
−Después de correr 19 km.

*


No me contestas.
¿Qué pasó?
−Me equivoqué. Mil disculpas. Besos. ¿CU? ¿Date?
−No entendí lo de CU y date. ¿Que nos veamos dices?
−No ha de pescar acentos tu aparato. Dice: Besos y cuídate. Con acento.


2.  Dormir

Llegué a mi casa con prisa. Me metí a bañar y me puse la camisa más delgada que tengo porque hace calor como si fuera verano. Pero es febrero, casi marzo.
Ya estamos en las aguas de Piscis.
Mientras escribo esto llueve. Como si fuera verano.
Me pinté los párpados con sombras rosas y delineador negro.
El pelo empapado. Envuelto en un chongo y a salir.
Paso veloz.
Me encanta tener eventos en Bellas Artes porque queda a tres cuadras de mi casa. 
Porque todos los días paso por ahí. 
Porque Bellas Artes tiene ese halo de grandeza del Porfiriato que aunque hoy aparezca como un enorme pastel de quinceañera nadie puede negar su tradición.
La sala Manuel M. Ponce.
Sí, es una sala con historia. 
De pronto sentí que ahí uno podría hacer una escena como cuando Edward Norton en Birdman habla de las personalidades que han pisado Brodway.
Salí de Bellas Artes directo al Sanborns de los azulejos.
Menú completo. Consomé. Enchiladas suizas. Agua de Jamaica. Helado de chocolate.
Esa barra. Ese Sanborns.
Me desbaraté el chongo antes de salir. 
Y el sol pegaba con toda su fuerza. 
Tiene una delicia inexplicable que el sol seque el pelo mojado. 
Siqueiros hablaba de una escena cotidiana que le gustaba de su mujer cuando le decía “voy a la azotea a que el sol seque mi cabello”. También siento que soy como un animalito que necesita de esos rayos para que el sol le dé otro tipo de proteínas a mi cabello que el shampoo Kérastase no le dará nunca.


3.  Soñar

Estoy en un estacionamiento.
Es el estacionamiento de Bellas Artes.
Deberías llevarte el suéter me dice A.
Y yo le digo que no es necesario.
Pero él dice que sí.
Y entonces le hago caso.
Debería contarle una historia de fantasmas, pienso en mi sueño.
Y recuerdo una anécdota que me contaron de una mecedora que no dejaba de moverse por la noche. Y pienso en alguna escena que pueda ocurrir en mi casa. Sólo porque sé que A. creería mi historia y porque sé que es miedoso ante ese tipo de cosas. Y quiero, inexplicablemente porque es un sueño, quiero que sienta miedo, que no pueda dormir pensando en que algo paranormal, fantasmal puede ocurrirle.
Y en mi sueño pienso: Quiero inventar una historia de fantasmas.

4.  Despertar

Despierto porque una canción de Björk que canta con una orquesta está sonando en un departamento cercano al mío a todo volumen y logra despertarme.
¿Por qué Björk y no algo ajeno que sea extraño y molesto? Al final no me molesta despertar así, no me molesta y es suficiente para pensar que estoy en el lugar indicado.
Me levanto y me doy cuenta que tengo completamente seco el cabello. Ondulado, casi perfecto.
Han pasado tres horas desde que me dormí y todavía tengo la sombra rosa.
He tenido la mejor siesta reparadora de un domingo soleado.
No desperté por frío. Desperté porque Björk está sonando en el edificio.
Lo primero que hago es restablecer el mundo.
¿Qué ha ocurrido en mi celular?
¿En dónde está Pavlova?
Pavlova no ha dormido conmigo. 
Me gusta su independencia. El ninguneo ante la autoridad.
Primer pensamiento real: ¡Quiero ver la entrega de los Oscars!


Quiero escribir. 
Porque me he prometido escribir todos los domingos de febrero aunque no sepa qué escribiré. Hoy es el último domingo de febrero. Sé que debo cumplir mi palabra. ¿Si yo no cumplo con mi palabra qué puedo esperar de mí misma?

domingo, febrero 15, 2015

Pensamientos de Domingo III


1. Antes
Cuando era niña y mis papás me llevaban a dar la vuelta a Coyoacán, se encontraban en el Parnaso a un amigo suyo que le decían Pepe Toño. Era un tipo alto, delgado, rubio, bigotón y un poco calvo. 
Pepe Toño tenía una hija más chica que yo, Beatriz; la niña era actriz y salía en las obras de teatro con su papá. Yo no era actriz. Y mi papá no actuaba. Pero cuando se lo encontraba de sorpresa, a mi papá se le iluminaba una sonrisa muy genuina, de enorme cariño.
¡Pepe Toño!
Se saludaban con un abrazo y a veces Pepe Toño me alzaba del suelo para saludarme y tenerme en brazos. A mí nunca me tenían en brazos porque ya tenía siete años.
Recuerdo que cuando mi papá sonreía se le alcanzaba a ver el puente de las muelas, era un puente que tenía un ganchito de color plateado.


2. Ayer
Hacía un frío helado pero soportable.
A las nueve en punto de la mañana ya hay lista de espera en el Cardenal.
Es increíble, pero cierto.
En el Cardenal de Tacuba se encuentra un mural. Se trata de una panorámica a una plaza en donde se reúnen intelectuales, presidentes y demás personalidades  junto a una pintura que revela el caballito de la plaza Tolsá.
Es un mural firmado por Z. en 2014.
Ayer desayunamos Isolda, mi papá y yo.
El mural nos quedaba a la vista.
Y decíamos ahí está José Emilio Pacheco, ahí está Revueltas, ahí está Porfirio Díaz.
Queríamos nombrar a todos los del mural como si con aquel juego pudiéramos evitar nombrarnos entre nosotros.
Isolda siempre tiene cosas que comentar porque su carrera es muy interesante y el rancho de Topilejo, y las chinchillas y los hurones y la caca de Mapache.
Mi papá está en otra parte. Quizá sólo él sepa describir ese mundo al que pertenece.
¿Se dice afuera o fuera?
Fuera del mundo.
Afuera de lo que somos Isolda y yo.
Con la mirada no en los objetos sino en la parte vacía de esos objetos.
Mi papá tiene un gesto permanente de cansancio y tristeza.
Y su mano amasaba una bolita de migajón, mientras su mirada trataba de reconocer el rostro de algún personaje vestido del siglo XVIII en el mural.
Sus ojos son verdes pero hay algo que ya no permite el paso. Es como si las cosas en general hubiera dejado de conmoverlo.
No hay nada que pueda prender un brillo en su mirada.
Isolda dice que así es siempre.
Que si no me parece no lo vuelva a ver nunca más y ya.
Pero a mi papá ¿nadie lo cuestiona? ¿Nadie puede decirle qué demonios te sucede y después lanzarle un par de uppercuts como para que regrese a la realidad?
¿ya viste tu mirada en esta foto?
¿por qué estás triste?

Es como Bartleby el escribiente.
- La última vez me dijiste lo mismo, ya lo habías comparado con ese personaje.
- ¿Y no te parece que sí, que es así?
- No sé, también te dije que no he leído ese cuento.

No pude comprobar si ese puente plateado de la muela aún está ahí sosteniendo sus sonrisas. Quizá no. Esos días de Coyoacán y de encuentros fortuitos no volverán. Pero no que vuelvan esos días, que él pueda recuperar una parte de su alma.
Tal vez  si Pepe Toño existiera… pero quién sabe qué habrá pasado con él.


3. Hoy
Quisiera no hacer nada. Quedarme frente a la ventana y ver pasar allá abajo los carros, el camión de la basura, el señor del estacionamiento barriendo una parte de la calle, recogiendo la basura de la noche anterior, las campanas de Catedral, los vidrios que chocan con la escoba.
El cielo blanco, con una luz que lastima los ojos.
Todo parece estar simplemente Ok.
Y de pronto lo más abstracto de la sala comienza a tomar la forma de un Quijote.
¿Por qué seguimos viviendo?



domingo, febrero 08, 2015

Pensamientos de Domingo II



1. Canas

He perdido la guerra contra las canas. Lo he decidido y lo he aceptado.
A los quince años descubrí por primera vez que tenía unas cuantas canas. Pero ahora me salen canas en el nacimiento de la sien y de la frente. Pintarme el pelo me ha resecado el cuero cabelludo. He decidido dejarlas. No quiero parecer casposa por aferrarme a tener el pelo castaño oscuro.
Quizá compre ese champú que las pinta un poquito de morado y que dota de cierto glamour las cabecitas de muchas ancianas. Ese champú tiene un efecto de algodón de azúcar.
Mientras corría pensaba en mis canas. Un poco en el dolor de mis rodillas. En la sed. En el hambre. En tener como premio el desayuno y después en dormir toda la tarde.
Quiero eso.
Y eso hice.
Llegué a mi casa y me dormí.
Al principio estaba tan cansada y entraba tanta luz a mi cuarto que no podía dormir pero tampoco me podía levantar. Me quedé ahí hasta que sin darme cuenta caí profundamente dormida.
Y soñé.
Soñé que estaba en mi cocina y cambiaba el calendario de hoja.
Desperté.
El calendario está en la hoja correcta. Me asomé a mi estudio y la luz dejaba ver las ventanas sucias por fuera. Intenté lavarlas. Pero sólo quedaron más sucias. Me empeñé y lavé lo que pude. No alcanzaba todos los cristales. Necesito que alguien lave las ventanas. Tuve ese pensamiento como un cuarto de hora en la cabeza.



2. Promesas

Me prometí a mí misma escribir una entrada de mi blog todos los domingos de febrero.
Me lo prometí porque sé que paso días enteros elaborando reflexiones que luego se evaporan en la nada. Pensamientos que se pierden como se pierden las conversaciones en un chat.
En general vivo rodeada de la palabra escrita. Leo, escribo y muchas veces pienso como si escribiera. A veces repito mis pensamientos con diferentes matices. Como si quisiera esconder las costuras de mi propio pensamiento. Pero a veces el pensamiento fluye, y sin que me dé cuenta ya estoy saltando de un lado a otro.
La vida cotidiana se está escapando poco a poco y a nadie parece importarle.

Cuando tomo la bicicleta de regreso a mi casa y voy conduciendo por la ciclopista. Los pensamientos van y vienen y dejo que todo me impacte. Ahora este edificio del hotel Fiesta Americana se me revela como de perfil y tengo que aceptar que me gusta, que disfruto verlo. Me gusta porque está en forma de biombo. Un biombo gigante. Ese mural de Edgar Saner me gusta. Me gusta pensar que Saner es contemporáneo mío y que su mural está ahí a la vista de todos. Me gustan sus máscaras. Pienso en si dentro de ochenta años habrá historiadores del arte haciendo sesudas investigaciones sobre Edgar Saner. Doctorados que hablarán de sus murales, de sus primeros dibujos, de su vida. O si un día borrarán su mural y entonces los investigadores irán a buscar al google o a cualquier otro soporte alguna pista de ese mural que existió alguna vez. Pero todo lo que pienso de Saner se concentra en un pensamiento que colapsa muchos pensamientos. Todo se reduce a que esta colonia me gusta porque tiene restaurantes. Porque tiene su festival de luces y todos están como palomillas pegados a las pantallas. Esta ciudad me gusta porque no hace frío. Ese sonsonete del camión que vende el plátano Tabasco me gusta. Me gusta el nuevo Pizza Amor frente a la Alameda, en donde solicitan personal con experiencia. Me gusta regresar a casa en bicicleta. Me gusta tanto.

Me prometí escribir todos los sábados en el blog que tengo con M.
Me lo prometí porque me gusta la continuidad, el orden y la esperanza de escribir con fechas precisas. Escribir al final es tener una decodificación de la vida, como si después, haciendo una lectura de atrás hacia delante, se pudieran seguir las pistas de los deseos que surgen en medio de la nada, simplemente cuando la vida ocurre, cuando al parecer no pasa nada.
Esta vez decidimos exorcizar la buena suerte, los augurios, el horóscopo y escribir nuestra versión de lo que dicen los planetas. Son deseos que vienen de la imaginación y eso es lo único que importó al escribirlos. Escribimos también porque nos divertimos, porque se trata de pasarla bien.

Me prometí escribir cada quince días en este lugar.
Me lo prometí porque es un lugar-otro. Porque debo salir de mi zona de confort. Porque mis escritos se aferran a cierta estructura que quisiera ir modificando poco a poco. Me gustaría poder ir un poco más allá de la anécdota. Siempre que leo ficción quedo conmovida por la posibilidad de crear una realidad que no se ajusta ni se aterriza a ninguna anécdota previa.



3. Consejos

Let go and let God.
Eso decía el mantra de este mes a través del instagram.
Eso hice.

No te bañes ahora, primero descansa y duerme un rato.
En esos términos se tradujo la expresión corporal de Pavlova cuando me recibió hoy en casa.
Eso hice.

La vida es imprecisa. Déjate caer.
Canta Rubén en un cover de Los Tres.
Eso hice.

domingo, enero 25, 2015

Situaciones que suceden en domingo:

1. Hay un momento de la mañana, cuando apenas despierto, que un rayo de sol logra entrar por un lado de la cortina que no cubre la ventana. La luz se refleja en el espejo y después en la pared, esos minutos, sólo quiero quedarme en mi cama viendo el juego de geometría entre la sombra y la luz.
No quiero salir de mi cama hasta que ese triángulo escaleno pierda la compostura y se convierta en recta o en mancha.
No quiero salir hasta que tenga decidido qué es lo que haré exactamente.
Saldré de mi ovillo cuando sepa si iré directo a calentar agua para hacerme un té o un café o si tendré que ir al baño o prender el boiler.
Y antes debo sentir el cuerpo. 
Reconocer que el mundo está intacto y Pavlova está dormida en el lado izquierdo de la cama cuando siempre duerme en el lado derecho.
No entiendo las decisiones de un gato.
Me gustaría que fuera un tema de tesis.

2. El otro día navegando en instagram me topé con la foto de una oveja de una estudiante de veterinaria. Me gusta seguirla porque sube animales de granja. Pero esta vez pedía que uno se metiera a votar por un artículo que había publicado y que estaba concursando.
El título de su artículo: Timpanismo en pequeños rumiantes. Por la oveja que ríe.
Comenzaba: “El timpanismo se ha referido a la acumulación excesiva de gas libre o en forma de espuma en el rumen y la incapacidad para eliminarlo a través del eructo”.
Sentí que estaba leyendo el inicio de un cuento de ciencia ficción.
Así debería comenzar una historia aunque después no exista una vuelta de tuerca o un final que no deje frustrado al lector.
Que ría una oveja, eso debería de ser suficiente.

3. Escucho In a sentimental mood. Es una canción que retorna desde lo reprimido, no sé cada cuánto, pero siempre vuelve y con la misma fuerza. La escucho una y otra vez. Siempre me metía a Youtube para escucharla pero ahora decidí pagar 12 pesos por la canción y tenerla en mi lista de canciones y escucharla todo el día, sin tener que escuchar ningún comercial.
Hoy es auténticamente mía, ya la puedo bajar a mi celular y hartarme de ella.

4. Escribí un lugar común en La hoja de arena. Pueden pasar y leer.

5. Hoy comprando tortillas de harina en la cremería una niña le pidió a su papá que le comprara unas gomitas de azúcar.
Había dos botes: una contenía gomitas en forma de pez y otra gomitas redondas de las normales. Cuando su papá le preguntó cuál de las dos quería, la niña respondió: quiero las gomitas-montaña. Y cuando volví a ver el bote vi que en efecto las gomitas redondas apiladas dentro del bote parecían montañas de colores, porque no son precisamente redondas, son curvas en la cima, son montañas del tamaño de una goma de azúcar.


Hay días en los que sólo quisiera ver el mundo en esos términos.