lunes, marzo 16, 2015

Lunes de puente

Desperté a las ocho en punto.
Cuando no tengo un plan de acción todo me descontrola y sin querer pierdo el tiempo de la forma más absurda. Un lunes cualquiera me levanto y comienzo a preparar todo para bañarme, hacer café, limpiar el arenero de Pavlova, preparar la ropa que me pondré, colocar los lentes junto a las llaves, levantar los trastes que se quedaron afuera, etcétera.
Pero en un lunes de puente, sumado a un domingo de medio maratón, mi vida fue un ambular constante. Me sentía como una muerta en vida.
Desde que desperté sentí el dolor en las rodillas, lumbares y cuello.
Sentí también la garganta cerrada como si fuera a enfermar de gripa.
Hacía mucho que no sentía tanto malestar físico junto.
Hoy es uno de esos días.
Y el malestar del cuerpo no me hace mejor persona, no me hace meditar, no me hace escribir, simplemente me pone de muy mal humor.
Es horrible estar de mala onda y no poder desquitarse con nadie.
Mi vecino me había enviado un mensajito preguntándome por la carrera de ayer.
Le dije que me sentía mal, que estaba como enferma.
Al rato vino a la casa a tomarse un café y le conté los detalles del medio maratón.
Él me comentó que está escribiendo un libro con unas fotografías antiguas que se encontró en la Lagunilla.
Fui a su casa para ver sus adquisiciones.
Estuve con él viendo las fotos viejas y me enseñó una en especial que le llamó la atención.
Una foto de unos estudiantes de medicina, muy vieja quizá del cincuenta, todos posando en el anfiteatro. A un costado de la foto, hacia la esquina, un niño fantasma observando la escena. Sé perfectamente que el montaje existe desde que existe la fotografía, pero ver la impresión, examinarla y notar el rasgo fantasmal del niño en la foto logró su efecto: espantarme.
Dejé de verla. No me gusta sugestionarme. Menos cuando sé que pasaré todo el día sola.
Regresé a mi casa y me quedé dormida.
Ahora que lo escribo, me vuelve a dar miedo. Porque ahora es peor: es de noche. 
Esto me recuerda que a mi mamá le encantaba ver películas de terror y luego las dos estábamos muertas de miedo y su miedo no me ayudaba a sentirme protegida, su miedo me daba más miedo.
Durante la tarde olvidé las fotos y me concentré en el malestar que sentía. Pensaba en qué me tomaría para cortar la gripa.
Comencé a sentir mucho frío.
No quiero que un niño de una fotografía antigua me espante.
Pero ¿cómo le digo a mi pensamiento mágico que ningún fantasma se me aparecerá?
Por la tarde, ya acostada, estuve pensando en el medio maratón, en el objeto / objetivo de correr.
Decidí que no escribiría sobre esto hoy porque hoy no corrí, hoy sufrí los efectos, hoy me enfermé, hoy me espanté.
Me quedé dormida y Pavlova llegó a mi lado.
Las nubes se asomaban blancas y enormes sobre un cielo azulísimo.
Tomé varias fotos y parecían postalitas, tan cursis, que no me atrevía a subir ninguna la Instagram. Pero al final sí lo hice.
Ahora, todo en calma, el random de mi iPod ha decidido poner “The end” de Los Doors.
Este es el lunes más pasivo de la historia.
Frío, malestar, jugo antigripal.
 

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