martes, abril 03, 2007

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Abril es el mes más cruel; engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
memorias y anhelos, remueve...
T.S. Eliot


Es así: se ha ido creando un hueco entre el paso del tiempo y mi escritura.

No sé: el mismo día que escribo comienzo una lenta depuración, no sé por qué lo hago, simplemente debería seguir y seguir, pero esto me hace perder la noción de lo que quiero decir. Me siento extraviada y no logro hacer un puente para no caerme en lo que se parece tanto al tiempo muerto. Ese tiempo se va atorando, es precisamente ese tiempo lo que crea un tedio incomprensible, pero no hay tedio, me arde por adentro, es un reflujo de ideas que se mete por los oídos y quema, hay un doblez en la rutina y se tiene que sobrellevar lo mejor posible. El tiempo se vuelve cada vez más feroz, se detiene en una banca, en una librería, pero me mantiene a un lado, estoy a un lado y observo, vigilo cada instante cómo va girando sobre un mismo sitio, puede ser la palma de la mano o el pie en el dintel de una librería, el mundo no se observa desde arriba de los bancos, se tiene encerrado entre tantos libros, oliendo a polilla a naftalina y humedad, absurdo como un sueño, pero de manera lineal se niega a caer sin antes abrir las alas.

—Abril es un mes que no existe. Pero al mismo tiempo se parece a un unicornio.

Hoy soñé que traía un traje de corredor de autos y un paracaídas que me negaba a abrir. En ese momento era un poco tonto abrir mi paracaídas. Pero había algo en el sueño que me emocionaba, sentía alegría y no había papeles tirados como otras veces, los papeles tirados ha ido inundando mis sueños. Primero quería escribir todo esto en una hoja y comencé a dibujarme con los brazos en alto para colocar el paracaídas, yo pensaba dibujarme en el aire, aunque en el sueño no lo haría, sólo hasta el final lo abrí en el pasillo de mi casa, se infló por un momento y después cayó al suelo. Desperté y aún era de día. Pero el absurdo supone la ausencia total de esperanza, no entiendo por qué seguir abriendo los libros como si fueran paracaídas o seguir oliéndolos a pesar de todo, seguir oliendo sus páginas aunque sienta que me hace daño. Entonces todo parecería fuera de este mundo, podría ser el pixel en el universo. Un nuevo acorde de la hora. Estoy convencida de que no voy para ningún lado, no quiero hablar con el gato Cheshire, más bien quiero ser el gato. Cualquier lugar estaría bien si todavía hay frases por perseguir. Hoy estuve tocando el piano largo rato, primero calentando los dedos y luego tratando de recuperar lo que he olvidado. Me cansa saber que el fa seis sostenido no sirve. Es como tratar de escribir sin colocar una vocal como la “e”. Tal vez lo mismo está ocurriendo con estas teclitas, pero no en el texto como en mi mente.

—Abril es el mes de mi cumpleaños.

En la última hoja del libro que estoy leyendo, escribí: “a veces es como si me fuera desprendiendo, entre mi pensamiento y lo que me sostiene cuando doy un paso o abro los brazos en espera de que esa alegría...”. Se corta la frase porque la escribí antes de dormir, cuando cerré el libro y sentía el sopor de la tarde. Las gatas a mi alrededor, me pareció que en ese instante, acostada bocabajo y los brazos a los lados, casi podía bailar dentro de mí, en ese momento sólo pienso en besar a Alberto, de manera obsesiva, besarlo, tal vez de lado.

—Nadie contesta el teléfono, lleva más de diez minutos sonando.

Última frase subrayada mientras Sartre escucha a Nina Simone en un bar:

Qué extraño, qué conmovedor que esta duración sea tan frágil. Nada puede interrumpirla y todo puede quebrantarla, bastaría tan poco para que el disco se detuviera: un resorte roto, un capricho. Esa hermosa voz me gusta sobre todo, no por su amplitud ni su tristeza, sino porque es el acontecimiento que tantas notas han preparado desde lejos, muriendo para que ella nazca.


Yo escucho a Nina cuando de pronto me invade por completo el sueño. Me detengo a escribir en la parte de atrás del libro. Tengo la impresión de que ya no es para mí esto que escribo, indefectiblemente se lo estoy dedicando a la persona que amo, por encima de todo existe esa carta imaginaria que sólo podría entender él, también es linda esta manera, aunque no la única. Estoy saltando las piedritas de agua mientras mi mano está en el único lugar a salvo, contigo (que ahora me lees), subo cada escalón, bajo, subo, como si se pudiera caminar más arriba de la banqueta, en los límites de lo amarillo, de la columna de los árboles. De pronto, en una puerta hay un espejo octagonal y me quedo pasmada, porque en el espejo está escrito “refleja aquí lo que quieres y no lo que puedes o debes”.

Y en este momento podría alzar los brazos al cielo y gritar.

3 comentarios:

Marie de Laos dijo...

Cosa curiosa, Ethel Waters se parece a Nina Simone.

Anónimo dijo...

Marie: Me gusta como empiezas con Eliot, Tierra Baldía. Lo había olvidado, eso es lo malo de la memoria. Me encantan las metáforas y repeticiones rítmicas que Tierra Baldía tiene, esos son algunos de los recursos formales que el poeta utiliza para lograr que en ese intento de menos de quinientos versos cobre vida un poema cosmogónico, un texto que pretende desvelar las grandes miserias de la decadencia contemporánea. Este es, Marie, y lo sabes, uno de los poemas clave e imposibles de ese tremendo siglo que terminó. Hay puentes de comunicación entre Eliot y ese otro gran escritor: James Joyce. Y si Joyce tomaba como pretexto el mito de Ulises, Eliot hará lo mismo con la leyenda artúrica. Arturo cubre toda la simbología del poema, lo artúrico es el gozne que da la clave sobre la que se irán sumando entrelazando, acariciando imágenes que querrán ser leídas, hacerse intuitivamente visible a los ojos del lector, como es espacio en el que crees que vagas sin acierto alguno pero que está ahí: la tierra baldía, la tierra estéril, es la tierra del Rey Pescador enfermo. El Grial no deja de ser esa constante búsqueda de los seres humanos de una respuesta, de una solución para el vacío, sea esta respuesta mítica, trascendente o terrena. Eliot traslada el mito al mundo de entreguerras. El drama de la profunda soledad y desarraigo del ser humano contemporáneo se apoya simbólicamente sobre esta tierra estéril por la que vagan gentes desorientadas y desesperanzadas. Tu acierto radica en que empiezas tu escrito con Tierra Baldía, con abril, el mes de tu cumpleaños, de esa búsqueda que está ya en tu pluma y que sólo te exige más y más. No hay nada después de ella. Lo sabemos. Ser escritor implica la sangre, lo aprendimos con Nietzsche, ¿te acuerdas? “De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu. No es cosa fácil comprender la sangre ajena: yo odio a los ociosos que leen”

Casiopea dijo...

Querida Marie, es estupendo lo que escribes,ciertamente tu paracaidas son los libros y tu escritura, cada dia más depurada, me parece identificarme contigo en algunas frases, sin embargo no tengo las palabras exactas como las escribes tú.
Para mi la poesía es indispensable y sin embargo, a veces dejo doblados en una esquina los poemas porque me duelen los sentimientos.