sábado, abril 07, 2007

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Estoy tratando de ver más de cerca. Cada tercer dedo, cuarto, ajá, estamos en abril. No, abril no es el mes más cruel, lo siento pero no hay meses crueles, sólo días, alguna extraña acumulación de días que provocan una ruptura en las frases. Sólo eso, porque pareciera que nada avanza, es así. Sigo creyendo que todo podría ser la entrega de un chocolate a la mitad del estacionamiento. Ya nada es a la cuenta de tres. Me hostiga pensar así, juro que no quiero ser así. Si yo viera esa última frase en un libro le pondría un asterisco.

Te puedo asegurar que aquí adentro
—señala con su palma el centro del pecho
hay una bailarina que se lava los pies con leche.
¿Sabes? Yo bailaría bajo cualquier pretexto.

Me hallaba hundida entre los conejos de peluche y la ventana, el colchón se termina a tres centímetros de mi hombro. Pero nada importa. En verdad. Puedo seguir amando desde este lado de la ventana. La otra vez Andenken me dijo que la belleza es la única idea que ha reencarnado en el mundo. Creo que de algún modo tiene razón. Es posible verla de dos modos, haciendo un binocular con los dedos, pero sólo con esa extraña habilidad de encerrar la mirada con dos dedos, ir haciendo un puente con los tres, alzándolos como antenitas. O también, más sencillo, a través de una piedrita de río que tenga un orificio en medio hecho de modo natural. O bueno, una tercera es en el día de San Juan, pero no estoy tan segura de la tercera.
Hoy no hay lentes oscuros en los que me pueda reflejar. Estoy escuchando las horas acostada en mi cama. La cortina trata de escapar por la ventana. Los colores de la tarde, quiero decir, el azul que se pega en el cristal de la ventana me ha despertado, tenía la boca seca, en mi sueño era de noche, no recuerdo más, mi hombro se enfrió por el marco de la ventana y yo estaba pasmada por las nubes. Ahora estoy a salvo y escucho el maullido de la Negra. Veo la imagen de la cortina desprendiéndose como una hoja de papel y así se va volando hasta la casa de enfrente, primero con mucha fuerza y después simplemente cayendo como un gran velo. Cierro el binocular de mi mano. Abro los ojos. La Negra comienza a escalarme desde los pies y me entierra una patita justo en el estómago. La Negra tiene caspa. Estoy viendo el cielo desde la ventana. Dos nubes están apunto de besarse. Abro la cortina delgadísima para observar mejor ese beso, sostengo la cortina con una mano y la Negra estira su cuello hacia arriba, olisquea el aire que entra. Observo cómo poco a poco se alargan dos bocas delgadísimas para besarse. Un beso largo largo largo que comienza a hacerse profundo, los rostros se penetran, barren sus mejillas. Después del beso se colapsan, se hacen una sola nube, se complementa un beso y todo parece perfecto desde aquí, ya sin ombligos que los separen, lloverá entonces, lloverá sin estrellas ni atardeceres rosas que se coman el azul, que iluminen las palmeras del fondo. De pronto, casi de la nada, un titubeo de la nariz y después las lágrimas. Mientras escribo me muerdo los labios, no sé.
Junto a mí varias libretas abiertas con recaditos que no escucho, han pasado su fecha de caducidad. Sin embargo ya no escribo tantas quejas, creo que me he ido reconciliando con el tiempo. No hay rosas sin avispas. Siempre me queda la esperanza de irme aflojando poco a poco, como mirar, quimbolito, pájaro vogue, maniquí de la literatura, sin rostro ni pies, sólo mostrándose por encima de las ventanas y de las tijeras que cada quien usa para cortar sus ovillos una vez que ya no se puede seguir desenredando, el tiempo o los espejos. Y aún así. Una paz que se pega con saliva al cuerpo de la persona que más amo. Como un timbre que cuesta diez pesos y que tiene la imagen de un ogro sobre un unicornio. Pegado en el sobre, pero sin remitente. En esos sobres está la entrada al laberinto, y es cuando me atropella el te quiero o el te amo, algún sello con la fecha de devolución.
Cosquillita,
paleta de grosella,
marzopa,
pero, I put a spell on you.
Aún no termino de vestirme y ya están encima todas estas ideas.
Pero. El tiempo no se pierde. Nadie puede soltar el tiempo y que se pierda a mitad de un parque transitado como un cachorro sin correa. Sí. Me harto de algunas cosas, como quedarme ganosilla de leer una frase que valga mi estupefacción. Después esa idea que me persigue sobre observar el destino con el ojo de un insecto que tiene miles de ojos, apretando mundos posibles, casillas de abeja. En mi libreta viene escrito lo siguiente: “Una clase más sobre Sócrates con ese grillo pitando en la esquina de la mesa y es una locura (ilegible), una gotita en el coco o el coco mismo, araña peluda”.

(En mi escritorio: un vaso con agua hasta la mitad. Este vaso ha estado junto a mí más de tres días, sólo lo he usado para tomar mi vitamina diaria. Pero está mal seguir usándolo. El problema es que parece limpia el agua y arriba del vaso coloco una foto en la que estoy con Lobo Antunes. Esa foto la tengo en mi atril todo el tiempo, pero ahora está encima del vaso. En esa foto de verdad parece que Lobo Antunes me quiere como yo a él. Creo que es su sonrisa.)

Nota sobre los ogros de abril. (Aquí no hay un cuarto piso. Extrañamente mi escritorio se ha movido de lugar. Fui por un té de limón a la cocina y la Negra hizo un gran esfuerzo para no maullar, aún así cuando el agua comenzó a hervir, la Negra maulló.). Pienso enloquecidamente que hay un ogro en mi closet. Está escondido atrás o adentro de la guitarra, da igual, me da miedo que salga. En realidad lo que me da miedo es que no me deje entrar nunca más a mi closet. Es un miedo tonto. A lo mejor se debe a la cantidad de cosas que hay ahí. Mientras no escuche crecer un árbol. No quiero escuchar el futuro en ninguno de los armarios que me toque tener en esta vida. Además, no debo tener miedo, el único ogro que se me ocurre es Andenken, los ogros tienen dobles uñas, citan a Platón de memoria, esconden el ceño en la mirada y poseen un extraño hechizo que se nota en las pestañas porque nunca dejan de crecer, como las orejas y las narices. Se esconde en mi closet porque le gusta oler mi ropa. Además los ogros no toleran el mal aliento. Y todo a mi alrededor huele a hierbabuena.
Tic
Tac
Tic
Tac
Tic
Tac




5 comentarios:

Marie de Laos dijo...

Estimado amante: Lo he dicho sin duda porque te quiero.

Anónimo dijo...

Me moría de risa, la verdad es que siempre hay que agradecer un texto que nos provoquen risa, es tan infrecuente. Todos o casi todos los escritores son profundos, inteligentes, serios, solemnes, en suma aburridísimos pero qué le vamos a hacer. dejo los libros a medias porque me hartan, pero al leerte me levanta el ánimo porque puedo confiar en que se puede rescatar a la escritura de la solemnidad y de la "profundidad". Me encantó. A pesar de los ogros, esos de pestañas que les siguen creciendo y de pelos en las orejas y gruñidos, y de citas de Platón. Me encanta. Eso es lo que Vila-Matas decía de Marguerite Durás y lo creo.

Casiopea dijo...

Querida Marie, puedo ver en tu escrito un homenaje a Pavic, y ya que lo haces, habla de tus sueños, o de los sueños de otros, o los que fueron, los que serán. ¿Qué nos dicen los sueños? esa tercera parte de tu vida, de las de todos, a veces es más que eso, o a veces menos, a mi no me gusta dormir, porque siento que me pierdo de algo.

Anónimo dijo...

el domingo es el día del señor, si dejas de quejarte de ese día y te acuestas a ver el cielo con la paciencia suficiente que se necesita para escuchar un árbol crecer, podrías ver muchos besos o elefantes o chocolates en las nubes ( no un estacionamiento ¿eso que?) Las nubes que pueden decir tanto como los sueños.
escribes precioso Marie.

Anónimo dijo...

Soy el otro anónimo, y soy anónimo porque qué importa el nombre. Sí, soy el anónimo, el de la risa, no el de la jaculatoria de los domingos y de los elefantes de chocolate. Me gustaría preguntarle a mi homónimo: ¿Y si no hay "Señor"? ¿Y si todas nuestras preguntas sólo se resuelven en ese espacio en donde ya no somos más y no existe nadie luego para que nos abra sus brazos para no caer? Estoy convencido de que las pruebas de la exietencia o no existencia de Dios no nos hace menos o más creyentes. Nada, para el buen creyente simplemente se trata de abrirle su corazón al "Señor", para el agnóstico o el ateo o simplemente al que no le acomoda la existencia del "Señor", pues tiene un doble problema, bregar con su ausencia y dotar de sentido su vida. Recuerdo aquí algo que me parece que es bueno recordar: Los gnósticos, o filósofos de la Gnosis se enfrentaron al problema de la existencia conjunta del Mal en el Mundo y un Creador Bueno y Omnipotente en el Cielo con mucha mayor honradez que el cristianismo. Para los gnósticos el cristianismo se envileció al mentir culpando del Mal en el Mundo al hombre, al pecado original. Los Gnósticos creen que el problema está más arriba: o bien Dios es omnipotente y malvado o bien es bueno pero algo tramposo (a lo cual no le falta razón). Quizá tendríamos que inclinarnos por la hipótesis de un Dios malvado de instintos malignos. Las conclusiones éticas de los Gnósticos iban desde el libertinaje al ascetismo. Es decir, si la creación entera es un error todo lo que hagamos aquí abajo carece de importancia, todo está permitido.
Lástima que los domingos sean de este "Señor", pero ¿será así? Un saludo y a seguir escibiendo que se acaba el mundo y no hay nada que nos salve más que la literatura.