domingo, agosto 16, 2015

domingo de Lagunilla





Conocí a Paco Díaz a los 13 años. Fue en los primeros días del ciclo escolar de 1998. En una secundaria privada en la colonia Florida, antes de que existiera la estación del Metrobus Francia, antes de que supiéramos quiénes éramos. Una niña llamada Ariana Mena me presentó a Paco en el patio de la escuela, mientras estábamos en el descanso de entre clases.

Yo era nueva en la escuela, no había cursado primero de secundaria ahí, así que era la extraña en un microuniverso en donde ya todos tenían dinámicas establecidas, talleres asignados, apodos, amigos y grupitos. Ariana pintaba para ser mi amiga pero no fue así, al poco tiempo conocí al amor de mis amores, Zaida Morales. 

Pero antes de conocer a Zaida conocí a Paco. 

Curiosamente Zaida y Paco nunca habían salido de esa escuela desde la preprimaria, así que en la competencia de la amistad yo no pintaba para nada. Aunque a decir verdad nunca competimos por esa amistad. Era muy claro que cada quien se llevaba con Paco a distintas escalas.

En la secundaria, y supongo que en general en todas las secundarias, los alumnos tienen nombre propio y apellido, quizá por eso Paco Díaz siempre me llama Idalia Sautto. A veces sólo "Sautto".

Ese mismo año vivimos juntos la experiencia de ir al primer Vive Latino de la historia de los Vives Latinos. Crecer en la adolescencia es cuestión de meses. Un día eres uno y al día siguiente otro y la siguiente semana ya no recuerdas quién eras al inicio del mes.
Vimos juntos a La Lupita, Molotov, Tijuana No, Café Tacuba, ¿El Gran Silencio? 

Me acuerdo que Paco tomaba registro de todo lo que hacía. Tenía una grabadora en la que tomaba notas de voz de sus viajes. Me acuerdo de haber pasado una hora completa escuchando el relato de un viaje a San Miguel de Allende.

Al salir de la secundaria nos distanciamos; preparatorias diferentes, carreras distintas, filtro natural. Después nos volvimos a reencontrar en otra etapa de nuestras vidas. 

Paco es fotógrafo profesional y desde hace varios años su amistad y su lente ha comenzado a seguir mi vida. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que ha estado en los momentos más importantes. 

Hoy nos vimos para ir a la Lagunilla, en la misión marcos modernos.
Paco se muda a vivir a finales del mes con Carolina y querían enmarcar un par de cuadros para su nuevo hogar. Los primeros que pondrán juntos en su estancia.

Caminamos juntos a la Lagunilla bajo un sol quemador. Fuimos al tianguis de antigüedades. Ya no venden cerveza en la calle por los distintos operativos que han metido en esta zona de la ciudad. Así que tomamos agua de coco y clamato. 

Compré una escultura con rebaba del tamaño de un soldadito de plástico, un plato de peltre café y un pin que dice: yo amo a los doors.

Él compró un lente para ver diapositivas. 

Ella compró un par de platos de peltre y una fotografía intervenida.

Carolina es de Costa Rica y nunca había ido a la Lagunilla. Siempre es grato tener los ojos nuevos para un lugar que no es nuevo, que sigue siempre igual tanto en la memoria como en el espacio geográfico; mismas cosas viejas, mismos lentes de los sesenta, mismas reliquias que producen un deseo de posesión. En el camino Caro me preguntó cómo conocí a Paco. Y pensé algo que ya había registrado antes pero que nunca había escrito: Paco figura como uno de los amigos más viejos que tengo.

Al final, después de varios años y de cambiar de vida y contextos, seguimos siendo muy amigos.
Hay una complicidad que me gusta. No necesitamos saber mucho uno del otro para entender que siempre estamos disponibles para escucharnos.

"Has arreglado bien tu casa McFly", es una frase que Paco siempre me dice cuando llega a mi departamento.


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