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sábado, julio 23, 2016
domingo, octubre 11, 2015
Nada justifica el abandono de mis propios espacios. Pero el espacio personal es como el umbral del cuerpo. Se abandona un espacio porque se ocupa otro. Se pierde el miedo porque habrá otro miedos por superar. Septiembre fue un mes caótico en mi escritura.
¿Qué tan cercana está la crónica de la bitácora de vida?
Mi amigo Vicky me dijo que comenzó a escribir crónica porque quería escribir de él mismo, porque es un pretexto para reflexionar sobre sí mismo. Así puede criticar a la hija de Peña Nieto mientras ve cómo un locutor puertorriqueño la hostiga y le pregunta sobre los normalistas desaparecidos para después hablar de la relación que él tiene con su padre.
1. Hoy desperté tres veces
La primera fue a las cuatro de la mañana. Tenía un cólico que me partía el cuerpo en dos.
Vicky estaba escribiendo en el comedor abajo de una nube de cigarro. La luz de su mac iluminaba su rostro. El cenicero estaba rebosado de colillas.
Le dije que no podía con el dolor.
—La marihuana es buenísimo para eso, todas mis amigas la ocupan para los cólicos.
—Ok.
Vicky usa mi ejemplar El viaje de Parvana para desmenuzar, limpiar y armar un porro. Lo hace con un ingenio absoluto. Las sábanas son cafés, las compró afuera del Munal en un puesto de pipas y objetos prehispánicos. La persona que se las vendió pertenece al mismo campo semántico de personas que bailan con cascabeles en pies y manos.
Usa un pedacito de cartón para crear una especie de filtro. Lame con cuidado el papel para pegarlo, lo enrolla y listo. Lo prendemos y fumamos en silencio.
—Tu hermana te marcó hace rato.
Reviso mi celular y veo que marcó a las 3.20 de la mañana. Me preocupa y le marco en ese momento.
Me contesta con una voz que no reconozco:
—Buenos días señorita... ¡Señoritaaaa acaba de ganar una licuadoraaaaa!
—¿Estás bien?
—Sí, sólo te hablé para decirte que por favor te alejes del culto de los hipsters. Los odio. Odio que se vistan como si usaran piyama. Que combinen su pantalón con un gorro o la camisa con los calcetines.
—Ok. Pero yo no soy hipster.
—Levante la mano aquí quién piense que mi hermana es hipster. ¿Ves? Toda la taquería piensa lo mismo que yo.
Cuelgo con ella y seguimos fumando el cigarro que armó Vicky.
Me dice que está por terminar la crónica para Vice.
—¿Te acuerdas que ayer me platicaste toda la trama de la novela que ganó el Revueltas?
—No, ¿hice eso?
—Sí, de la abuela que tiene la placa y el gato que meten al horno de microondas.
—No recuerdo haberlo hecho, pero creo que tú me insististe en saber de qué iba.
—Sí claro yo te pedí que me lo contaras.
Últimamente después de cierta hora comienzo a hablar. Hablo sin parar y luego no recuerdo lo que dije. Luego siento pena de mí misma por hablar y hablar y hablar.
2. Desperté por la mañana y fui a correr
Mientras corría sentía la boca seca y con sabor a sal. Quería tomar agua pero no quería parar. No me detuve. Tenía varios pensamientos obsesivos.
Tengo mi corazón roto. Quiero correr hasta que deje de doler.
Hasta que deje de sufrir al menos.
Y sé que ahora que lo escribo hablar de un corazón roto es lo más manoseado, cursi y vulgar para decir que extraño a Anubis y a Persia, que extrañar hace presente los huecos de la vida cotidiana. Pero al diablo los lugares comunes, me dolía el corazón y quería llorar. Mi boca sabía a sal.
Corro para no llorar. Corro para calmar mi angustia.
Pensaba en mis gatitas cuando vi una gata cruzar frente a mí.
Se detuvo de golpe y me vio. Yo también me detuve.
Su mirada me dio paz. No todo está perdido, pensé. No todo puede estar perdido.
Voltear atrás me está convirtiendo en sal. Mi saliva o mis palabras.
Me detuve a los 7 kilómetros y regresé a casa.
Comí con mi mamá y mi hermana.
Fuimos al Fishers en la calle de Uruguay.
Tomé la ecobici por todo Bolívar hasta Venustiano Carranza.
El sol, la gente y el tráfico estaban en su punto.
Es cuando pienso que la gente viene a pasear al centro sólo para cansarse lo suficiente y no sentir que pasa el domingo.
Llegué a un Fishers semivacío.
Eso me gusta del centro.
Este tipo de restaurantes clasemedieros no tienen el mismo impacto social que el Fishers de la Nápoles. Isolda no podía con su cruda. Y yo tenía más de un mes sin ver a mi mamá.
Descubrí que he dejado de saludar a las personas de beso en la mejilla cuando después de un rato me dijo que por qué no la saludaba bien. No entendí. Después me dijo que le diera un beso. Ah. Me acerqué y la besé.
Es mi madre y aún así olvidé el ejemplar de Barba Azul que tengo para ella. Lo dejé encima del piano. Según yo para no olvidarlo. Y lo olvidé.
Mi mamá no me olvida.
Me dio un regalo que me trajo de Italia. Una cafetera italiana bialetti roja para hacer expresso. Quiero expresar mi emoción con la voz de Manuel Bueno: Pre-cio-sa, her-mo-sa, pequeñita y elegante.
—Es perfecta má. Muchas gracias.
—Pensé que podría combinar con tu horno de microondas.
—No lo había pensado. Es pequeña y me gusta que sólo exista la posibilidad de un café.
Nostalgia eléctrica dice la puerta de mi horno. Así debería de existir un poema. Mi mamá me regaló ese horno para que hiciera palomitas y dejara de sentirme triste. Ya no estoy triste, sólo a veces siento que mi corazón está a punto de explotar.
Regresé a casa después de dar una vuelta por la feria del libro que montaron en el Zócalo capitalino.
Los mismos stands de siempre. En general odio esta feria. Odio los foros y su café que te quema la lengua y la encía y en el fondo es agua pintada. Odio las carpas en donde la gente se derrite de calor viendo libros.
Aproveché para renovar mi suscripción a la revista Picnic.
Descubrí con alegría un stand de la revista Cáñamo. Qué ilusión que existan personas con ganas de invertir en hacer una revista. Compré los tres números de la revista Cáñamo, los chicos me preguntaron si conocía el proyecto, les dije que sí, que quería los tres números. Volví a casa caminando hacia Santo Domingo por República de Brasil hasta llegar a Cuba.
En Cuba baja la intensidad de los peatones. Todos se quedan en Tacuba y en Donceles.
Dejé las cosas encima de la mesa y me acosté.
3. Desperté a las siete de la noche, cuando comenzaba el atardecer
Hace unos días comencé a leer la novela Conjunto vacío de mi querida Verónica, la niña Gerber, Vera. Yo misma me sentía con un hueco en el corazón, el que traté de mitigar corriendo. Me gusta encontrar mis sentimientos en sus palabras. Pero me gusta más escuchar su voz y sus explicaciones en mi mente.
Ya no eres la misma de antes, le dice su novio antes de que corten.
Qué bueno que existan personas que nos recuerdan que no somos los mismos.
Que viva el cambio, que continúen los silencios. Ahora sólo creo que todos necesitamos atención, y que cuando esa atención cambia de objetivo nos sentimos inválidos, necesitados, sentidos del otro.
You're a needy girl, I can tell when I look in your big brown eyes reza la canción de Chromeo.
Ahora mismo escucho el disco de Grace, leo la novela de Vera, escribo una crónica para la revista de Vicky, leo la columna de la Bist. Escribo en mi blog. Escribo fuera del blog.
Estoy afuera y adentro de mí misma.
El viernes por la noche recibí un mensaje del señor M.
—No debería preguntar pero ¿estás bien?
Publiqué en mi Twitter: Estoy bien, por si estaban preocupados.
Mi hermana me respondió: ¿por si nos tenías con el pendiente?
Encuentro nuevos umbrales. Estoy contenta. No voy a mirar atrás. No quiero tener el sabor de la sal en mi boca. No voy a saludar de beso. No le voy a dar la mano a nadie. No me importa caminar sola a mi casa y que el sol me pegue en la espalda. Al final del día está Pavlova, se hace un ovillo en mis piernas. Compartimos la cama y el aire entrando por la ventana. Esto es el domingo 11 de octubre. El amor tiene fechas precisas, dice Banana Yoshimoto. Esto es el amor, un meme en una camiseta:
4. No andaba chida sólo no quería que me tocaras.
—¿Te acuerdas que ayer me leíste el horóscopo chino?
—No... ¿y estaba bien?
—Sí, en todo.
—¿Qué signo eres?
—Perro, perro agua.
domingo, agosto 16, 2015
domingo de Lagunilla
Conocí a Paco Díaz a los 13 años. Fue en los primeros días del ciclo escolar de 1998. En una secundaria privada en la colonia Florida, antes de que existiera la estación del Metrobus Francia, antes de que supiéramos quiénes éramos. Una niña llamada Ariana Mena me presentó a Paco en el patio de la escuela, mientras estábamos en el descanso de entre clases.
Yo era nueva en la escuela, no había cursado primero de secundaria ahí, así que era la extraña en un microuniverso en donde ya todos tenían dinámicas establecidas, talleres asignados, apodos, amigos y grupitos. Ariana pintaba para ser mi amiga pero no fue así, al poco tiempo conocí al amor de mis amores, Zaida Morales.
Pero antes de conocer a Zaida conocí a Paco.
Curiosamente Zaida y Paco nunca habían salido de esa escuela desde la preprimaria, así que en la competencia de la amistad yo no pintaba para nada. Aunque a decir verdad nunca competimos por esa amistad. Era muy claro que cada quien se llevaba con Paco a distintas escalas.
En la secundaria, y supongo que en general en todas las secundarias, los alumnos tienen nombre propio y apellido, quizá por eso Paco Díaz siempre me llama Idalia Sautto. A veces sólo "Sautto".
Ese mismo año vivimos juntos la experiencia de ir al primer Vive Latino de la historia de los Vives Latinos. Crecer en la adolescencia es cuestión de meses. Un día eres uno y al día siguiente otro y la siguiente semana ya no recuerdas quién eras al inicio del mes.
Vimos juntos a La Lupita, Molotov, Tijuana No, Café Tacuba, ¿El Gran Silencio?
Me acuerdo que Paco tomaba registro de todo lo que hacía. Tenía una grabadora en la que tomaba notas de voz de sus viajes. Me acuerdo de haber pasado una hora completa escuchando el relato de un viaje a San Miguel de Allende.
Al salir de la secundaria nos distanciamos; preparatorias diferentes, carreras distintas, filtro natural. Después nos volvimos a reencontrar en otra etapa de nuestras vidas.
Paco es fotógrafo profesional y desde hace varios años su amistad y su lente ha comenzado a seguir mi vida. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que ha estado en los momentos más importantes.
Hoy nos vimos para ir a la Lagunilla, en la misión marcos modernos.
Paco se muda a vivir a finales del mes con Carolina y querían enmarcar un par de cuadros para su nuevo hogar. Los primeros que pondrán juntos en su estancia.
Caminamos juntos a la Lagunilla bajo un sol quemador. Fuimos al tianguis de antigüedades. Ya no venden cerveza en la calle por los distintos operativos que han metido en esta zona de la ciudad. Así que tomamos agua de coco y clamato.
Compré una escultura con rebaba del tamaño de un soldadito de plástico, un plato de peltre café y un pin que dice: yo amo a los doors.
Él compró un lente para ver diapositivas.
Ella compró un par de platos de peltre y una fotografía intervenida.
Carolina es de Costa Rica y nunca había ido a la Lagunilla. Siempre es grato tener los ojos nuevos para un lugar que no es nuevo, que sigue siempre igual tanto en la memoria como en el espacio geográfico; mismas cosas viejas, mismos lentes de los sesenta, mismas reliquias que producen un deseo de posesión. En el camino Caro me preguntó cómo conocí a Paco. Y pensé algo que ya había registrado antes pero que nunca había escrito: Paco figura como uno de los amigos más viejos que tengo.
Al final, después de varios años y de cambiar de vida y contextos, seguimos siendo muy amigos.
Hay una complicidad que me gusta. No necesitamos saber mucho uno del otro para entender que siempre estamos disponibles para escucharnos.
"Has arreglado bien tu casa McFly", es una frase que Paco siempre me dice cuando llega a mi departamento.
martes, junio 23, 2015
Ayer conejo y pez
María Fernanda y yo escribimos a cuatro manos un texto en google drive.
Escribimos al principio como en una especie de diálogo, después de continuación de las ideas, después de autocrítica; borramos, editamos, cambiamos y reescribimos. Al final no hay una voz que se distinga, son las dos voces jugando entre paréntesis, escondiéndose de los pronombres. Fue una experiencia muy hermosa, quisiera seguir escribiendo con ella este tipo de textos.
Este fue el resultado:
Escribimos al principio como en una especie de diálogo, después de continuación de las ideas, después de autocrítica; borramos, editamos, cambiamos y reescribimos. Al final no hay una voz que se distinga, son las dos voces jugando entre paréntesis, escondiéndose de los pronombres. Fue una experiencia muy hermosa, quisiera seguir escribiendo con ella este tipo de textos.
Este fue el resultado:
antes todo comenzaba con emojispero los quitamos para poder dialogarsin miedo
viernes, mayo 08, 2015
mayo y viernes
1. Be happy
¿Te acuerdas de cómo comienza El capital?
¿Te acuerdas de la escena de los Simpsons en donde Milhouse le dice a Bart que Alf regresó en forma de fichas?
¿Te acuerdas de un capítulo de Southpark en donde Cartman tiene a Jennifer Lopez en su mano izquierda y canta Taco Flavored Kisses?
¿En qué momento te pusiste a hablar de Marx, los Smashing, Los Melvins y Carson McCullers en un rush de felicidad? ¿En qué parte de la madrugada todo comenzó a brillar? Entonces las palabras estaban saltando de un lado a otro, y el tiempo comenzaba a terminarse y comenzó el día y había que trabajar y dejar de hablar de grupos de grunge y hashtag 1993.
¿Cuándo fue la última vez que bailaste hasta las siete y media de la mañana con un viaje de mdma?
Calm down Albertine... me dijo E.
Madonna, en leotardo rosa, baila frente a un salón de danza y sólo dice:
Time goes by so slowly
Time goes by so slowlyTime goes by so slowly
Time goes by so slowly
Time goes by so slowly
Time goes by so slowly
Estamos descalzos y el frío en los pies se siente bien.
Tengo el bienestar en el cuerpo y no necesito pensar en nada.
Hazte a la idea de que no irás, dijo C.
Blur suena a todo volumen y todos cantamos: ah ah ah ah ah aaah
I'm gettin' sad alone
dancing with myself
Te presto unas zapatillas, ¿de qué número calzas? dijo I.
Michel Jackson con una chamarra naranja y calcetines blancos y todavía es moreno y todavía es joven y está bailando de una forma... como sólo él, como sólo él.
Just beat it, beat it, beat it, beat it
No one wants to be defeated
Después, cuando había pasado apenas una hora y estaba frente a mi salón de clases y en mi mente seguía bailando, sólo tenía los restos de una canción vieja que dice:
Más de lo que te imaginas. Me estoy portando mal y me fascina.
2. Todo lo sólido se desvanece en el aire
El capital está completo en pdf en el Internet, así le llaman los chavos.
El manifiesto que estoy escribiendo comienza parafraseando El capital, me dijo C.
Es muy sencillo parafrasear los párrafos, intercambiar por ejemplo "mercancía" por relación y "valor de uso" por amor. Verdaderos tratados del amor contemporáneo saldrían directamente de este juego de palabras.
Se dirá que si el amor de una relación se determina por la cantidad de trabajo invertida en su producción, las relaciones encerrarán tanto más amor cuanto más holgazán o más torpe sea el hombre que las produce o, lo que es lo mismo, cuanto más tiempo tarde en producirlas.
3. Para qué necesidad, para qué tanto poema
—En general no me gusta bañarme. Soy muy floja.
—¿No serás francesa?
—Obvio.
—¡¡No se dice obvio!! Se dice obvi, así decía la filósofa. La pinche filósofa no se callaba, tú veías tu celular y la pelea estaba a punto de terminar.
—A mí la pelea me tenía sin cuidado, prefería ver mi whatsapp. En ese momento mi mamá me envió el link de Bestbuy, me dijo que el origen de toda mi tristeza es que no tengo un horno de microondas. Así que me regalará uno. Me dijo que revisara el catálogo y le enviara el modelo.
—No mames, ¿no tienes horno?, ¿en dónde haces palomitas?
—No hago. Supongo que ya podré hacerlas y seré feliz.
—Es muy fácil sentirse bien, sólo necesitas tener tu cepillo de dientes y el cargador de tu celular. Te despides cordialmente de todo mundo y ya está.
sábado, enero 31, 2015
último día de enero.
la astróloga que sigo en instagram dice que la luna está en cáncer.
dice también que los sentimientos tienden a lo maternal.
no sé bien qué significa eso.
vine a escribir a mi blog por dos razones:
un cumpleaños
y una amiga.
31 de enero es Maritza Constante.
y Maritza es amor.
en un mail me fue deletreando el alma de las cosas que han permanecido guardadas y que de pronto ven la luz.
pero ella siempre me cuenta momentos cotidianos y son los que más me gusta leer.
me escribió: "queridísima, las notas se pueden ir tocando una a una en el aire."
me escribió: "queridísima, entré en un auténtico slam de tullidez debido a que están haciendo unos fríos y ventolera."
me escribió: "queridísima, hoy hace solecito y te escribo en la cocina que es también mi oficina."
a veces como en el cuento de Jimmy Liao, Maritza me habla cuando salgo y yo me duermo cuando ella me puede hablar.
pero hay días en que logramos comunicarnos y pasamos horas en el teléfono y agradezco poder hablar con ella.
quisiera que sepa ella y el mundo cuánto la quiero.
hay sentimientos que deben quedar escritos, como un fragmento de arcilla que tiene 3000 años a.C. que dice: ayer no te vi en Babilonia.
cuando la red colapse ya nadie se enterará del slam de tullidez y la ventolera.
pero la tablilla de arcilla.
y un feliz cumpleaños.
aunque esté en otra ciudad.
tan lejos como Babilonia.
aquí el día a día es así.
Maritza.
la luz entra en mi estudio y sé que estoy parada en el lugar correcto.
la ventana.
las hojas que tengo que revisar,.
el corcho.
una postal que dice ¿hay alguien que me entienda?
y los ojos verdes de Pavlova.
esto es el 31 de enero de 2015.
esa eres tú.
en tu cocina leyendo y escribiendo.
conectando y desconectando el radio.
el jabón dove líquido protegido por un vasito de plástico.
el mosquitero con un pedazo de mosquitero encima.
un Frankenstein de mosquitero.
y a veces la oportunidad de ver un eclipse en el patio.
te quiero.
ayer no te vi en skype.
plataforma digital.
2015 d.C.
la astróloga que sigo en instagram dice que la luna está en cáncer.
dice también que los sentimientos tienden a lo maternal.
no sé bien qué significa eso.
vine a escribir a mi blog por dos razones:
un cumpleaños
y una amiga.
31 de enero es Maritza Constante.
y Maritza es amor.
en un mail me fue deletreando el alma de las cosas que han permanecido guardadas y que de pronto ven la luz.
pero ella siempre me cuenta momentos cotidianos y son los que más me gusta leer.
me escribió: "queridísima, las notas se pueden ir tocando una a una en el aire."
me escribió: "queridísima, entré en un auténtico slam de tullidez debido a que están haciendo unos fríos y ventolera."
me escribió: "queridísima, hoy hace solecito y te escribo en la cocina que es también mi oficina."
a veces como en el cuento de Jimmy Liao, Maritza me habla cuando salgo y yo me duermo cuando ella me puede hablar.
pero hay días en que logramos comunicarnos y pasamos horas en el teléfono y agradezco poder hablar con ella.
quisiera que sepa ella y el mundo cuánto la quiero.
hay sentimientos que deben quedar escritos, como un fragmento de arcilla que tiene 3000 años a.C. que dice: ayer no te vi en Babilonia.
cuando la red colapse ya nadie se enterará del slam de tullidez y la ventolera.
pero la tablilla de arcilla.
y un feliz cumpleaños.
aunque esté en otra ciudad.
tan lejos como Babilonia.
aquí el día a día es así.
Maritza.
la luz entra en mi estudio y sé que estoy parada en el lugar correcto.
la ventana.
las hojas que tengo que revisar,.
el corcho.
una postal que dice ¿hay alguien que me entienda?
y los ojos verdes de Pavlova.
esto es el 31 de enero de 2015.
esa eres tú.
en tu cocina leyendo y escribiendo.
conectando y desconectando el radio.
el jabón dove líquido protegido por un vasito de plástico.
el mosquitero con un pedazo de mosquitero encima.
un Frankenstein de mosquitero.
y a veces la oportunidad de ver un eclipse en el patio.
te quiero.
ayer no te vi en skype.
plataforma digital.
2015 d.C.
jueves, diciembre 11, 2014
¿Hacer el amor o coger? ¿Besar o lamer? ¿Dar o penetrar?
¿Tocar o masturbar?
¿Cómo escogemos las palabras para definir aquello
que quiere nombrar nuestro deseo? Alguna vez Julio Cortá-
zar escribió sobre lo difícil (o casi imposible) que es escribir
cuento erótico en español, porque las palabras no son tan
mansas, tan dóciles como en francés o como en inglés: no es
lo mismo leer a Henry Miller en su lengua original que leerlo
en la traducción al castellano, como si algo del erotismo se
esfumara al cambiarlo de idioma.
Lo que tenemos aquí es aquello que no necesita narración
ni traducción: hacer el amor con botas, con los ojos
abiertos, cerrados, con medias y tacones, con los calcetines
puestos, entre los arbustos, en la cama, en el piso, en el comedor,
mimetizándonos entre la colcha y la desnudez, entre
el acto sexual y la naturaleza.
¿Cuál es el objeto de nuestro deseo? ¿En dónde lo encontramos?
¿Qué historia del deseo en imágenes no contamos
a nosotros mismos?
Así comienza la introducción que escribí para el Calendario Erótico
2015. Gracias a la invitación de mi querida amiga Abril Castillo.
Se estará vendiendo en librerías y puestos de periódicos.
¡Vayan por él!
martes, noviembre 04, 2014
Strawberry Milkshake, un cuento del 2005
Nunca es pronto para conocer a una persona:
Él no sabe nada de ella. ¿No la conocía o quizá la conocía
lo suficiente?
Acabo de leer un cuento de Alfredo Leal, Strawberry
Milkshake.
Él sabe todo de ella, esa es la premisa.
Hasta que se da cuenta que no la conoce, esa es la condición de las parejas.
Conoces a alguien y crees o pretendes conocerlo todo: actitud, gustos, traumas, alegrías, tristezas. Con el tiempo la pareja comienza a revelarse: esa persona que creías conocer tiene mentiras que se han vuelto verdades, tiene recovecos, se convierte en otra persona y en lugar de salir corriendo con más seguridad uno cree que conoce a esa persona.
Hasta que se da cuenta que no la conoce, esa es la condición de las parejas.
Conoces a alguien y crees o pretendes conocerlo todo: actitud, gustos, traumas, alegrías, tristezas. Con el tiempo la pareja comienza a revelarse: esa persona que creías conocer tiene mentiras que se han vuelto verdades, tiene recovecos, se convierte en otra persona y en lugar de salir corriendo con más seguridad uno cree que conoce a esa persona.
Si conoces a la persona entonces la quieres y la amas.
La entrada pasada, de este blog, está dedicada a Alberto
Constante, porque creo conocer todas sus caras, creo conocer cada una de sus
facetas. Escribí esa entrada antes de encontrarme con el cuento de Alfredo y de
recordar la SOGEM. Escribí sobre la oreja de A, sobre su barba, sobre su nariz
porque me gusta y lo hice sin detenerme
a pensar que al final ese es uno de los resortes de la pareja: te conozco y
porque te conozco te quiero.
Regresando a Strawberry Milkshake.
Buscando el guión de Amores Perros en una caja de apuntes de la SOGEM apareció el cuento, impreso, en letra Garamond. Para Idalia Sautto, dice en la parte en la que se coloca un epígrafe.
Me senté un momento en mi cama y leí el cuento de tres cuartillas con atención.
Strawberry Milkshake, un cuento con fecha: Febrero, 2005.
Me quedé impresionada.
Alfredo, a sus apenas 20 años, había comprendido algo esencial de una pareja que yo no comprendía en ese momento, y justo porque no lo comprendía tampoco entendí el cuento en su momento. Nunca pude decir “es un mal cuento por esto y esto”. Pero tampoco por qué era bueno. Lo conservé en papel, nunca me lo mandó por correo.
El cuento no es claro, está lleno de metáforas que aluden a que hay dos personas que se conocen, creen conocer incluso la pronunciación de una frase como el título del cuento. Todo el tiempo se comportan como hermanos, hasta que después el lector sabe que no son hermanos, que son amigos o que son otra cosa, que parece que... al final "parece que se conocen" pero no es así.
Alfredo, a sus apenas 20 años, había comprendido algo esencial de una pareja que yo no comprendía en ese momento, y justo porque no lo comprendía tampoco entendí el cuento en su momento. Nunca pude decir “es un mal cuento por esto y esto”. Pero tampoco por qué era bueno. Lo conservé en papel, nunca me lo mandó por correo.
El cuento no es claro, está lleno de metáforas que aluden a que hay dos personas que se conocen, creen conocer incluso la pronunciación de una frase como el título del cuento. Todo el tiempo se comportan como hermanos, hasta que después el lector sabe que no son hermanos, que son amigos o que son otra cosa, que parece que... al final "parece que se conocen" pero no es así.
Hoy por primera vez entendí el
cuento, entendí por qué estaba dedicado a mí y entendí por qué Alfredo se alejó
de mi vida para siempre.
Un revelamiento que tardó en revelarse 9 años.
El cuento es sobre el conocimiento del otro o más bien sobre
la imposibilidad de conocer al otro.
Leer este texto, descubrir que sigo teniendo el guión de Amores Perros y otros escritos que, aunque ahora me dan pena ajena propia, yo escribí, me reflejan una Idalia que creo reconocer en algunas cosas, en otras trato de comprender la persona que era.
Leer este texto, descubrir que sigo teniendo el guión de Amores Perros y otros escritos que, aunque ahora me dan pena ajena propia, yo escribí, me reflejan una Idalia que creo reconocer en algunas cosas, en otras trato de comprender la persona que era.
Cuando descubrí la escritura me volví una persona tóxica.
Era perverso lo que hacía con las palabras y con los
sentimientos.
No saber escribir pero tener las herramientas para escribir
es más siniestro de lo que podría imaginar. Pero creo que si no lo hubiera
hecho me hubiera hundido.
Y entonces hundía lo que tocaba y las personas con las que
me relacionaba.
Escribir también puede ser siniestro. Las palabras lastiman.
Sería lo que en psicoanálisis es caer en el "bla, bla, bla" y
alejarse del análisis, de aquella palabra que surge del inconsciente. Cuando comencé a escribir, escribía en ese nivel, aunque
pretendiera “ser profunda”, “intensa”, era eso: pretendía. Porque no sentía las
palabras, encontraba los tonos, los atajos, sabía desmenuzar la escritura de
mis autores favoritos y disfrazar los ritmos de mi escritura con la narrativa
de Cortázar por ejemplo. Después de Clarice Lispector.
Después, no sé en qué
momento comencé a ser yo. Creo que cuando me vi en la necesidad de hacer
investigación histórica, cuando tuve que enfrentarme al formato del ensayo, fue
cuando tuve que depurar lo perfumado de la escritura, cuando no cabían
metáforas, ni ritmos; simple escritura, informativa, histórica. Por ahí comenzó
a salir mi verdadera voz.
Antes no.
Cuando era 2005 y Alfredo me regaló ese cuento, estaba deprimida, no tenía voz y veía que los otros sí, sabía que había textos muy auténticos, fuera de toda pretensión. Los míos no pertenecían a los favoritos.
La vida no tenía mucho sentido, sólo me quedaba la
literatura y la posibilidad de escribir. De hacer el esfuerzo.
¿Qué quería hacer Alfredo?
Escribir.
Yo también. Sigo queriendo escribir. Lo
sigo haciendo.
La Wikipedia dice que Alfredo también sigue escribiendo, dice
que escribe para aplacar una angustia.
Yo no escribo por angustia. Escribo
porque las cosas me conmueven.
De hecho me sentí profundamente conmovida
cuando leí por segunda vez después de 9 años Strawberry Milkshake.
Está tan lejos ese recuerdo.
Todo esto ocurría en Coyoacán pero sobre
todo en el centro de Tlalpan.
Qué deseo tan fuerte de leer y de tratar
de comprender.
Me acuerdo que Alfredo y Mariano tenían su propia tertulia
literaria, una tertulia a la que yo no era invitada, ahí leían el Quijote. Yo
siempre estaba al margen de lo que ocurría en el centro de Tlalpan. Los veía en
casa de mi mamá, también los veía en la SOGEM o en Coyoacán. Pensé que íbamos a tomar
siempre el mismo rumbo porque los tres éramos escritores. No habíamos publicado
nada pero ya éramos.
No fue así. No seguimos el mismo camino. No somos ni siquiera amigos.
Nunca conocí a Alfredo. Esa es la verdad. No lo conocí en 2005 y mucho menos ahora.
lunes, septiembre 29, 2014
De cómo un lunes asqueroso puede pasar a convertirse en un lunes lluvioso pero amable.
1.
Hoy por la mañana cuando iba rumbo a la
Alameda, en la esquina de Allende y Tacuba, un pedacito, un cuerpecito, un
gatito bebé muerto.
De inmediato quise apartar la mirada.
No ver aquello que ya reconocí sin poner
mucha atención.
Decidir no ver no cambia las cosas que ya
se alcanzaron a definir.
Abrí los ojos para tener la certeza de
que sí. Un gatito con pelaje blanco.
Una intolerable tristeza me dejó helada,
me sacuden esas imágenes.
No entiendo todavía por qué me afecta
tanto. Una parte de mí sé que está íntimamente ligada a estos seres hermosos,
pero sé que no debería de afectarme a este grado. Pero no puedo hacer nada. Es
así.
Me quedé pensando en la impunidad, en la
falta de responsabilidad, pero sobre todo en la incapacidad de hacer algo que
lo repare. No se pueden salvar a todos los gatos bebés del mundo. Ni tampoco se
pueden salvar a los gatos adultos.
Cuando pienso en el sinsentido de la vida
me viene la imagen de ese gatito muerto.
Así de estúpida es la vida.
No hay nada qué hacer. Maquillamos la
vida.
Agregamos palabras. Hacemos cultura.
Mandamos mensajes. Creamos una rutina. Ponemos el despertador. Creemos en cosas.
Amamos el arte. Etcétera.
Escribo.
Al menos yo escribo tratando de
cercar ese vacío que a veces, en días como hoy, se hace enorme.
Me levanto con mucho trabajo. Desayuno.
Tomo la vitamina E para la piel. Prendo mi computadora para escribir un par de
líneas. Decido ir a correr. Aunque esté nublado. Aunque todavía está oscuro. Correr me hace sentir bien. De nuevo el mundo parece tener sentido, y, de pronto, un gatito muerto.
2.
Le mandé un mensaje a María Fernanda.
Estoy deprimida o simplemente es lunes.
Tan lunes como la caricatura de Garfield
diciendo I hate mondays. Cómo amaba la caricatura de Garfield. Sobre todo el
episodio en el que trata de huir del lunes yéndose a Hawaii sólo para llegar
después de mil horas y darse cuenta que ahí también es lunes.
M: Es lunes, verás que se te pasa.
Yo: Seguramente sí.
3.
Ismael me invitó a comer a su casa.
Vive en Santa María la Rivera.
Esa colonia vieja en la que creció mi
abuelo.
Pasé al Forum Buenavista a comprar helado
de postre y una botella de vino.
Es lunes pero finjamos que es viernes y
no hay nada qué hacer en lo que resta de la tarde.
Comimos pasta con camarones y pescado
empapelado.
Delicioso. El pescado picaba pero estaba
muy muy rico. Sabores nuevos.
Un sabor que no había probado y que me
encantó.
Hablamos de las gotitas de la felicidad.
De los corchos
para generar un corcho más grande.
De cambiar los
muebles de lugar.
De los sofás
cómodos.
De Spotify.
De que esta semana ya es Octubre.
Bebimos y comimos.
I: ¿Todos queremos repetir helado verdad?
Cuando estoy en casa de I. me siento como en casa.
Como que podría tomar una siesta en su sofá.
Comiendo en el hogar y con posibilidad de
comer más postre.
Tomamos café.
Yo: Tengo que contarles algo sino tendré
pesadillas. Hoy por la mañana vi un gatito muerto. No lo soporto. He pensado en
por qué no lo pude salvar.
I: Me pasa lo mismo con los pájaros
muertos.
Yo: Estamos sobreviviendo el lunes.
I: Parece que estamos de vacaciones.
A las 4 me fui de vuelta a la Biblioteca.
Comenzaba a llover. Caminaba a paso
veloz.
Alzate 62. Una foto a un recuerdo que no
es mío.
El señor que vende fajas sobre el Eje 1
norte no tenía la talla que buscaba.
Apuré más el paso porque las gotas
comenzaban a caer más gruesas, con más fuerza.
Llegué a la Biblioteca a tiempo.
4.
La tarde del lunes ha terminado.
Escucho las metamorfosis de Philip Glass.
Me ponen nostálgica.
¿Se puede sentir nostalgia de una tarde
de pescado empapelado y helado de mango y chocolate?
¿Me seguiré reprochando no haber estado
en la calle para salvar a un gato bebé?
martes, diciembre 25, 2012
El camino en carretera siempre entristece.
Desde que soy niña viajar horas sobre la carretera me pone nerviosa.
Hoy estoy segura que la molestia es pensar. Estar en carretera me hace pensar todo el tiempo.
Quién soy, por qué soy así, qué estoy haciendo, qué haré.
Tengo 28 años. Y me siento una auténtica treintañera, no me da pena aceptarlo. En la carretera de regreso a la ciudad de México no dejaba de pensar en este año.
Este año estuvo marcado por: volver a casa. Cuando aterrizaba en el aeropuerto de Barajas, pensaba en lo frágil de ese momento, volver a mi piso en Santa Brígida fue "volver a casa".
Pensé en lo diferente que es hacer viajes en Europa cuando uno vive en ese territorio en donde volteas y ya estás en otro país. Recuerdo que la vez que regresamos Alberto y yo de París, tomamos el metro, eran las seis de la tarde y antes de llegar a casa pasamos al súper a comprar pan y huevo. Porque claro, no cambiamos de horario, no hicimos 12 horas de vuelo, y así es regresar de París cuando uno vive en Madrid, no traíamos más que una maleta en la espalda porque no se puede llevar casi equipaje si vuelas por Ryan air.
Si tuviera veinte años pensaría que este año fue el mejor de mi vida, pero no es así, fue muy bueno, fui muy feliz, pero viajar no es lo mejor de la vida, viajar es parte de mi vida. Y es la primera vez que veo esa diferencia, antes yo viajaba porque tenía la voracidad de conocer, de beber, de ir y venir, de aprehenderlo todo como si fuese una esponja. Y ahora pienso que quiero hacer viajes más puntuales, vivir una ciudad, adentrarme a lo que no es turístico, descifrar qué es lo que hay qué hacer, cómo vive la gente y caminar, pero sobre todo compartir. Y este año estuvo repleto de estos viajes sin turismo, viajes sólo para tomar un vino en un restaurante, caminar junto al río, disfrutar de un pedazo de sol en una helada primavera, comprar ropa de diez euros con una amiga, entrar a HM, visitar el outlet de Mango y Fuencarral, caminar cotidianamente por Fuencarral hasta Gran vía.
Recuerdo con cierta nostalgia aterrizar en Barajas y ver el páramo. Barajas está a las afueras de la ciudad y no hay edificios, no hay nada, un par de casitas por ahí.
Pensaba todas esas veces en la ciudad de México, en lo espectacular que es aterrizar en esta ciudad, pensaba que mientras no aterrizara en México, no podría decir "he vuelto a casa".
Regresamos en carro de León Guanajuato a la ciudad, evidentemente no nos dan ganas de pasar a comprar pan y huevo. Llegamos fulminados, por el sol que hacía en la carretera, el tráfico y la nube de pensamientos que están ahí. ¿Qué voy a hacer?
Tengo que escribir. Tengo que escribir.
¿Por qué cuando me repito a mí misma "tengo que escribir" pienso en mi amigo Frederik? No lo sé.
Comencé a escribir una novela. Ese día después de la carretera pensé en escribir una historia, no sé hacia dónde va, no sé por qué, sólo sé que lo quiero hacer y eso es suficiente.
Frederik estaba en mi mente, con su mirada de no estoy entendiendo, con su mirada de qué estás haciendo y por qué.
Escribí y escribí. Me puse triste. Pensé en mi blog, pensé en "mejor escribo en mi blog". Pero este espacio es diferente, es para relajarme.
Me pongo a buscar en mi archivo.
Encontré esta entrada que ahora pongo aquí. La quiero dejar en este momento porque ya no estoy con Rita, ya no estoy en ese cuarto y la transformación me parece lejana pero aún sigue dentro de mí.
Estoy escribiendo con mi laptop en el comedor de mi casa. En este aburrido 25 de diciembre. Es aburrido porque es como domingo, porque no hay muchas cosas qué hacer, porque de alguna forma estamos obligados a reposar, a tomar estas vacaciones y no quiero reposar, y no quiero tomar vacaciones. Estoy escuchando a Nick Drake y después a Chilly Gonzales. Las flores que me compró Alberto están abiertas y su olor impregna toda la estancia. Tengo una casa muy bonita, lo digo en serio, estoy viendo todo a mi alrededor y pienso qué bonito es.
Tomo el libro de Legátova y comienzo a leer mis subrayados:
Su día era una canción alegre que acababa por las tardes en forma de fanfarria triunfal con la vuelta de su marido.
Para todo hace falta talento. Incluso para la felicidad.
19/06/2008
Desde que soy niña viajar horas sobre la carretera me pone nerviosa.
Hoy estoy segura que la molestia es pensar. Estar en carretera me hace pensar todo el tiempo.
Quién soy, por qué soy así, qué estoy haciendo, qué haré.
Tengo 28 años. Y me siento una auténtica treintañera, no me da pena aceptarlo. En la carretera de regreso a la ciudad de México no dejaba de pensar en este año.
Este año estuvo marcado por: volver a casa. Cuando aterrizaba en el aeropuerto de Barajas, pensaba en lo frágil de ese momento, volver a mi piso en Santa Brígida fue "volver a casa".
Pensé en lo diferente que es hacer viajes en Europa cuando uno vive en ese territorio en donde volteas y ya estás en otro país. Recuerdo que la vez que regresamos Alberto y yo de París, tomamos el metro, eran las seis de la tarde y antes de llegar a casa pasamos al súper a comprar pan y huevo. Porque claro, no cambiamos de horario, no hicimos 12 horas de vuelo, y así es regresar de París cuando uno vive en Madrid, no traíamos más que una maleta en la espalda porque no se puede llevar casi equipaje si vuelas por Ryan air.
Si tuviera veinte años pensaría que este año fue el mejor de mi vida, pero no es así, fue muy bueno, fui muy feliz, pero viajar no es lo mejor de la vida, viajar es parte de mi vida. Y es la primera vez que veo esa diferencia, antes yo viajaba porque tenía la voracidad de conocer, de beber, de ir y venir, de aprehenderlo todo como si fuese una esponja. Y ahora pienso que quiero hacer viajes más puntuales, vivir una ciudad, adentrarme a lo que no es turístico, descifrar qué es lo que hay qué hacer, cómo vive la gente y caminar, pero sobre todo compartir. Y este año estuvo repleto de estos viajes sin turismo, viajes sólo para tomar un vino en un restaurante, caminar junto al río, disfrutar de un pedazo de sol en una helada primavera, comprar ropa de diez euros con una amiga, entrar a HM, visitar el outlet de Mango y Fuencarral, caminar cotidianamente por Fuencarral hasta Gran vía.
Recuerdo con cierta nostalgia aterrizar en Barajas y ver el páramo. Barajas está a las afueras de la ciudad y no hay edificios, no hay nada, un par de casitas por ahí.
Pensaba todas esas veces en la ciudad de México, en lo espectacular que es aterrizar en esta ciudad, pensaba que mientras no aterrizara en México, no podría decir "he vuelto a casa".
Regresamos en carro de León Guanajuato a la ciudad, evidentemente no nos dan ganas de pasar a comprar pan y huevo. Llegamos fulminados, por el sol que hacía en la carretera, el tráfico y la nube de pensamientos que están ahí. ¿Qué voy a hacer?
Tengo que escribir. Tengo que escribir.
¿Por qué cuando me repito a mí misma "tengo que escribir" pienso en mi amigo Frederik? No lo sé.
Comencé a escribir una novela. Ese día después de la carretera pensé en escribir una historia, no sé hacia dónde va, no sé por qué, sólo sé que lo quiero hacer y eso es suficiente.
Frederik estaba en mi mente, con su mirada de no estoy entendiendo, con su mirada de qué estás haciendo y por qué.
Escribí y escribí. Me puse triste. Pensé en mi blog, pensé en "mejor escribo en mi blog". Pero este espacio es diferente, es para relajarme.
Me pongo a buscar en mi archivo.
Encontré esta entrada que ahora pongo aquí. La quiero dejar en este momento porque ya no estoy con Rita, ya no estoy en ese cuarto y la transformación me parece lejana pero aún sigue dentro de mí.
Estoy escribiendo con mi laptop en el comedor de mi casa. En este aburrido 25 de diciembre. Es aburrido porque es como domingo, porque no hay muchas cosas qué hacer, porque de alguna forma estamos obligados a reposar, a tomar estas vacaciones y no quiero reposar, y no quiero tomar vacaciones. Estoy escuchando a Nick Drake y después a Chilly Gonzales. Las flores que me compró Alberto están abiertas y su olor impregna toda la estancia. Tengo una casa muy bonita, lo digo en serio, estoy viendo todo a mi alrededor y pienso qué bonito es.
Tomo el libro de Legátova y comienzo a leer mis subrayados:
Su día era una canción alegre que acababa por las tardes en forma de fanfarria triunfal con la vuelta de su marido.
Para todo hace falta talento. Incluso para la felicidad.
19/06/2008
Me gusta el sabor de las galletas marías cuando se hacen viejas y blandas. Ese sabor y el té de cereza negra son la medida de mi felicidad.
Por la tarde fui a recoger mi computadora y algunas cosas al departamento.
Hablé con el mecánico que está arreglando mi estéreo y me dijo que estaría listo en quince minutos o media hora.
Entré a mi cuarto y me puse a releer un libro que me gusta mucho, La transformación de Květa Legátova. Pensé que mientras podría leer un poco ese libro y recordar frases subrayadas. Lo tenía encima de mi cómoda porque me lo acaba de regresar una amiga a la que se lo presté. Hace casi un año que leí ese libro y esa transformación mía que comenzó en julio del año pasado sigue todavía en camino, marchando como la imitación que hago de los soldaditos, los buenos momentos han marcado el año entero.
Buenos momentos que de pensarlos me estremecen.
Pequeños detalles se acomodan día con día, y sin duda no soy la misma.
Ayer y hoy estuve pensando en Frederik. Más bien me venía mucho a la mente una frase que él me decía mucho para señalarme alguna cosa por hacer. “No es por intrigar pero…” Su recuerdo viene y se va. No es por intrigar pero sería mejor ir preparando la exposición. No es por intrigar pero creo que deberías mandar ese texto. Sí, lo extraño. En momentos me asombra. Y sólo se queda en mí, una y otra vez, cómo pudo ser.
Después de todo decidí no despegar el calendario 2007 de mi cuarto.
Porque en esos días toda mi vida ha cambiado, esos días no se despegaran nunca de mí, porque son como lágrimas que se pronunciaran siempre en mi recuerdo.
No sé si soy mejor persona, pero sí sé que me alivia sentirme ligera.
Me doy cuenta que he aprendido a no enojarme.
Desde hace dos años pocas cosas me molestan. Y eso me hace más ligera. Mis pensamientos son frases sencillas, y al ser sencillas no me lastiman, no tienen esas aristas que tienen los pensamientos rebuscados que se entierran como las uñas, se clavan como un dolor imperceptible que al final resulta cansado, inútil. Antes así era. Y todo el tiempo me quejaba, me ponía triste, y también escribía, pero sobre todo porque me sentía hostigada por pensamientos tontos.
Ahora más bien me siento impregnada de recuerdos que surgen sin que me dé cuenta.
Las frases que subrayé en ese libro me siguen pareciendo maravillosas.
Me hice un ovillito y deseé quedarme así hasta el fin de los tiempos.
De pronto, sentada en mi cama, leyendo ese libro, el tiempo me tiene sin cuidado. El departamento adquiere un color anaranjado por eso de las seis, y de pronto vi que Rita, mi gata blancuzca, se me acercaba con cierto sigilo, como si le sorprendiera verme sentada con tanta quietud, nada de prisa, simplemente releyendo partes del libro. Alcé la mirada y la vi a través del espejo, me veía con asombro y sus pupilas estaban pequeñísimas en una fina línea negra, sus ojos eran más azules que las tapas del libro.
Vi mi cuarto y sentí que ese era el último momento en que veía mi cuarto tal como siempre ha estado. Sentí que ese cuarto nunca volvería a ser tan mío como hasta entonces. La transformación también avanzaría sobre mis cosas. Cada día irá mudando, hasta quedar vacío de mí, solo sin mí, ese cuarto que ahora comienza a terminar.
Y sentí la tristeza que acompaña todas las despedidas.
Rita saltó a la cama y se me acomodó en mis piernas. Me quedé con ella hasta quedar casi a oscuras. Me dieron ganas de llorar, pero mi propia felicidad se inclinó hacia mí con el ronroneo de Rita y estuve muy bien, pensando que nunca estamos del todo preparados para que terminen las cosas, cualquier cosa, incluso una tarde, una caricia, un libro.
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