sábado, septiembre 27, 2014

Ayer mientras leía las libretas de mis alumnos me di cuenta de lo mucho que me gustaba haberles dejado ciertos ejercicios como: describir su rutina; investigar su horóscopo chino y argumentar si se identificaban o no; escribir las órdenes que reciben desde que se levantan; escribir sobre la suerte y el azar.
No me sentí tan sola cuando leí que una chica se levanta a las 4.30 para estar en la escuela a las 7.20. Yo me levanto a esa hora y sólo son dos días.
Ella tiene que hacerlo de lunes a viernes.
Es la primera vez en mi vida que me levanto a esa hora para estar a tiempo en un lugar.
Y a esa hora me vienen muchas dudas.
Siempre pienso que es una locura estar despierta de madrugada.

También leí que se aburren, se aburren de cualquier cosa, pero escriben eso, hay horarios determinados en los que sólo se aburren.
Pueden estar aburridos entre clases, en lo que esperan el autobús, etc, pero lo curioso es que son conscientes del tedio aunque dure cinco minutos.
Pero el tiempo es otro. Para ellos el tiempo es lento.
El prefecto de la escuela me dijo un día, un minuto es un minuto.
Así que no escatimo ningún minuto de las dos horas que tenemos.

Cosas que sé de ellos:
Uno tiene una gata. Se llama Taka.
Me cae bien porque tiene una gata. Como yo.
Oraciones simples. Esa fue la instrucción para su ejercicio.
No quiero oraciones compuestas, no comas; sujeto, verbo, predicado.
Pocos escribieron sobre sus pensamientos obsesivos.
Uno de ellos me llamó la atención.
Escribió que siempre que está en la calle piensa que alguien lo está siguiendo.

Yo escribí descripciones que ya sé de mí porque antes las he escrito… hice un poco de trampa en ese sentido. Sé que soy rata madera. Sé que tengo el seudónimo de un poeta español. Pero en realidad escribí diciendo que soy su maestra de Literatura y nada me hace más feliz.
Cuando salgo a las 10 de la mañana, inevitablemente, me reconcilio con la alarma que me despertó a las 4.30. Pienso: valió la pena. Sé que vale la pena porque hay algo que compartí y ese algo es la profesión que amo. Escritura, literatura y para decirlo con Cortázar, todas las turas que se me vienen a la mente y de las cuales hablo en clase.

Para rematar, sin duda mi clase tuvo un empuje diferente porque comencé el día escuchando esta canción en radio ibero.

Frases estúpidas que dan felicidad. Pero, momento, no es lo mismo que sean frases+estúpidas+cantadas+por+los+Beatles.



lunes, septiembre 22, 2014


Hoy es la entrada del otoño.
Una temporada se termina.
Las novedades han dejado de ser novedad.
La felicidad sigue estando en los baños matutinos de Humboldt.
La Alameda ya no está en obra.
La jacaranda muerta fue reemplazada por una viva.
El piano está afinado.
Las cortinas están puestas.
Hay café en la alacena.
Y también un blog que he escrito a cuatro manos
con una amiga muy querida.
Aquí les comparto la liga:

jueves, septiembre 18, 2014

Estar en otra parte.

Hoy, después de bañarme, decidí dejarme la toalla en el cabello mientras me maquillaba los ojos.

Pensaba en la tarea que les había dejado a mis alumnos del Lancaster. ¿Quién soy?

Uno de ellos me preguntó, ¿entonces tenemos que filosofar? Me dio risa. Porque usan la palabra filosofar sin ningún juicio de valor, sin agregarle algo más a filosofar, pero quién soy los remite a la filosofía, cuando a mí más bien me remite a un acto que tiene que ver con lo cotidiano, y que probablemente la filosofía ha dicho mucho al respecto.

No, no tienen que filosofar, puede ser cualquier cosa como el signo de su horóscopo chino o como el color que más les gusta.

Cuando me quité la toalla me di cuenta que aún tenía shampoo en el cabello.

Tuve que enjuagarme en el lavabo y hacer toda una operación, ¿por qué me dejé shampoo en el cabello?

¿En dónde está mi mente? Está en otra parte.

Estoy en Nueva York. Y al mismo tiempo ya no estoy en Nueva York. Ya estoy en la clase que daré mañana de Literatura, ya estoy en el camino a casa, ya estoy con la ilusión de encontrarme con Pavlova. Estoy allá. Estoy en México y en unas horas en un avión y después en un taxi y después todo lo que ya conozco y que espera, se ha quedado estático, pero ahí está.

Estoy triste.

Siempre me pone triste hacer una maleta.

Doblemente triste porque se termina un viaje que compartí con un cómplice perfecto.

Mientras soy espectadora de otras realidades. Me asomo a la calle y veo a las personas pasar.

Quiero ser una de esas personas que lleva el café y camina presuroso a su trabajo.

Esa realidad es la misma en otras partes, y no.

Estoy en otra parte. Quisiera quedarme en la otra parte.

lunes, agosto 25, 2014


Agosto en luna nueva en virgo, dice el horóscopo, es un mes en el que queremos concretar todo lo que se proyectó desde enero y apenas ahora entra una prisa loca por terminar todo antes de que termine el año.
En mi caso se han concretado las cosas y se han abierto otros espacios que me generan un reto y una emoción.
Agosto para mí es una apertura a otra etapa de mi vida: ser docente.
Tengo a mi cargo la materia de Literatura y por primera vez siento que tengo en mis manos un deber moral enorme con los chicos a los que les doy la materia.
Estoy dejando lecturas que me encantan y que me parecen pueden ser un detonante para que se ame la Literatura.
Ir a la escuela. Ir a la Biblioteca. Correr, comprar vino, tomar la bicicleta y patalear hasta la Roma en 15 minutos. Sentir el sudor bajar gota por gota en mi espalda.
Ir y venir. Hacer, escribir, acomodar.
Nuevas rutinas. Nuevo corte de pelo. Nuevas canas. Nuevo enfoque de comenzar a mirar las cosas.
Ganas de jugar a todo.
Incluso pensar que es posible ganar la lotería.
Jugar y no ganar.
Desanimarme pero volver a desear, el juego radica en fantasear, sentir ilusión, imaginar.
Jugar de nuevo por qué no.
Al final nadie te dará los números.

La suerte es arbitraria y la vida es más o menos como la suerte.


domingo, agosto 17, 2014

El verano llegó a su fin.

Llueve en la Ciudad de México.
Llueve porque todo ha salido bien porque en el pensamiento mágico surge esta frase:
los dioses han dado su consentimiento; todo estará bien; lo que es arriba es abajo.

Cinco semanas de pensar y concentrarme en hacer bien las cosas.

Mesas, sillas, listas, pegamento, crayolas, tijeras de punta redonda, cañón, computadora, y un montón de cosas que se necesitan para que una actividad termine exitosamente. Esas palabras rondaron en mi cabeza todo este verano.

El viernes pasado me despedí de un grupito de niños entusiastas. La verdad hay que ser entusiastas para sobrevivir un programa de verano de cinco semanas mientras son vacaciones, cuando yo era niña no sobreviví más de una semana en pumitas… pero estos niños lo hicieron, estuvieron ahí al pie del cañón recibiendo talleres de juguetes, de ilustración, de historia del arte, de cine, de música, de astronomía, de postales, de máscaras, de globos de Cantoya, hicieron de todo. Y aunque estaban activísimos durante el taller siempre querían su descanso para poder jugar a las escondidillas en el patio; se mancharon de lodo, patearon la grava y se iban por lo que ellos nombraron “los atajos” que en realidad era meterse entre las matas de lavanda, y lo tenían prohibido y lo sabían, porque los jardineros de la Biblioteca son como esfinges vivientes, celosos de cada ramita que cuidan, y salían por todos lados a gritarles a ellos y a mí que no tenían permitido ni correr, ni pasar, ni jugar... y aún así lo hacían, los desafiaban, a ellos y a mis regañadientes.
Estos niños fueron una luz. No hay otra palabra, los adoré, me hicieron reír, enojar, desesperar, sonreír, y el viernes me hicieron casi llorar cuando se acercaron a despedirse de mí, a darme las gracias y decirme que la habían pasado increíble.
Las cosas bellas también se acaban.
Adiós pequeños, que tengan buen inicio de clases, hasta luego.
Martín, mi niño preferido, el niño más inteligente y más travieso se acercó a darme un abrazo. Mi semblante de piedra tuvo que contenerse…
¡niños! ¡cuánto los voy a extrañar!

Un verano inolvidable, es una buena frase para decir lo que hoy llegó a su fin.




lunes, agosto 04, 2014

Alberto me preguntó: ¿Me quieres?

Abril me preguntó: ¿Será este un verano inolvidable?

Ismael me preguntó: ¿Vendrás a mi casa antes de que me vaya de vacaciones?

María Fernanda me preguntó: ¿Crees que debamos hacer público el blog?

Maritza me dijo: Esta máquina te contará muchas historias.

María Holley me dijo: Invítame a pasar un fin de semana a tu casa.

Grace me dijo: Las nubes aquí están más cerca que en Berlín.

Paco me dijo: A veces no sé si me gusta cómo dices las cosas.

Manuel me dijo: Eres una niña de piedra.



Yo les digo:


Claro que te quiero.

El verano inolvidable es un verano de ecobicis a toda velocidad en el carril del metrobus.

Quisiera que todos me invitaran un día a su casa para pensar que vivo unas falsas vacaciones de verano.

No importa si no es público, al final nuestras palabras están haciendo un recuerdo que se asoma y que comienza a mutar en la medida en la que pasa el tiempo. Nos alejamos de las primeras entradas, de las epístolas. Quizá la única salida es improvisar, una larga improvisación de frases, ideas y pensamientos incompletos.

La Olivetti azul agua es la materialización de la nostalgia.  Tic tic tic tic…
Impresión de letras, algunas más oscuras que otras, errores gráficos, imprecisiones, espacios entre letras no deseados.

Los fines de semanas son ruidosos. Más de lo que uno podría imaginar. En República de Cuba se concentran al menos 4 bares: La excelencia, La perla, El río de la plata y Del otro lado del río. En el cuarto piso se escucha todo, siempre hay una hora de la noche en donde tocan Wish you were here, también le llega el turno a Rata de dos patas, también se escucha Yo no sé mañana... Cuando estoy muy cansada cierro los ojos y me concentro en escuchar la fiesta de afuera, entonces me imagino a mí misma en alguno de esos bares, cantando con la gente, bailando, gritando la letra de las canciones... así hasta que sin darme cuenta estoy completamente dormida.

Las nubes que se acercan a la torre latino son el mejor descubrimiento del año.
Hay diferentes nombres de nubes, sólo que no recuerdo su nombre.
En segundo de primaria en la misma lección del sembrado de frijol, en el bote de gerber con algodón, también estaba aprenderse el nombre de las nubes.

A veces no debería decir nada. Siento que debo reservar las palabras que salen por la voz como si fueran escritura del aire.

El otro día sobre Reforma comenzó a llover. Los rayos caían a lo lejos y tronaban. A las seis de la tarde hay mucha gente en la avenida y no todos traían paraguas.
Llegué a mi casa empapada. Las bicis de enfrente aventaban agua que me mojaba la cara más que la lluvia que me caía directamente. Entendí para qué sirven las salpicaderas. En la Alameda todos se mojaban igual que yo y a nadie parecía importarle. Al final sí, la lluvia me dejó bañada pero había muchas personas que también estaban mojándose bajo la misma lluvia y nadie tenía prisa por llegar a algún lado.
Decidí bajar la velocidad, llegar con calma, disfrutar la lluvia, pasar a la tiendita y comprar tortillas de harina para cenar.



Ahora mismo:
La gran nube negra se está comiendo a la nube blanca mientras la empuja al sur.
Acabo de acomodar unos libros sobre el burro de planchar mientras me arreglan los libreros.
Estoy tomando una copa de vino y al parecer todo está en calma, adentro y afuera.
La voz de Kurt Cobain se pone en el random del iPod.
El unplugged de Nirvana siempre es una casualidad.
Este es el verano.
Ahora llueve, mañana hace sol y quizá después llueva y haga frío y el clima seguirá oscilando como el vuelo de una mosca.



jueves, julio 03, 2014

Tengo 30 años.
Hace un par de semanas descubrí que en el cuello me salieron un par de verrugas pequeñísimas, pero verrugas al fin y con miras de multiplicarse. También me salió un lunar rojo, pequeñísimo, pero de esos lunares que después se multiplican y que muchas personas mayores tienen.
Bien pensando, esos lunares son también un tipo de verruga.
Desde que tengo 15 años comenzaron a salirme canas. Ahora después de 15 años tengo muchísimas canas que he pintado cada 15 días o cada mes, cada que la raíz blanca comienza a asomar.
¿Cuándo me voy a cansar de pintarme el pelo?
¿Seré una señora de 50 años con el pelo pintado y quemado?
Le pregunta es ¿cómo se envejece con dignidad? O sea cómo llegar a ser una señora madura de 57 años sin tener cara de almohada y manos viejas y cuello arrugado y raíces blancas.
Quizá tenga que cortarme el pelo chiquito y dejarme las canas.
¿Cuándo se comienzan a dejar las canas?
Y junta a esta pregunta viene otra: ¿cuándo se dejan de usar las Dr. Martens?
¿Cuándo pasas de ser una chava a una vieja ridícula?
En el Down Town hay una boutique que vende huipiles y blusas muy hermosas hechas por indígenas de Oaxaca, toda la ropa hecha en telar de cintura, bordados, colores brillantes, etc.
Viendo las blusas y los vestidos pensé, quizá cuando comience a ser vieja lo mejor sea volverme folclórica. Pelo corto blanco, huipil de lujo y zapatitos abiertos. O quizá me deje el pelo largo blanco y sea como una bruja. ¿Qué tipo de look adquiriré?
Me pregunto qué tipo de viejos seremos los de esta generación nacida en la década del ochenta.
No todas las generaciones de viejos son iguales, menos en un siglo en donde los cambios tecnológicos han sido tan radicales que los valores de cómo vivir una vida han cambiado.
¿Cómo será esta generación free lance sin jubilación, sin fondo de ahorro, sin todo lo que los trabajos convencionales ofrecen?
Hay dos partes de envejecer: nos haremos viejos con fotos de jóvenes de muy buena resolución, o sea nuestro pasado tendrá los 20 megapíxeles diciéndonos qué bien nos veíamos, pero también qué viejos nos hacemos. Seremos también una generación que quizá inaugure el converse, con suerte también las botitas Steve Maden, como una marca que usan los de la tercera edad, así como lo es Flexi o Pikolinos.
¿Se envejece menos cuando año con año se está consciente que el cuerpo está cambiando?
¿Se envejece menos haciendo ejercicio?
No.
Envejecemos.
Aunque no queramos seremos cabecitas blancas, se marcarán las venas en las manos y saldrán verrugas en el cuello. Nos haremos viejos y chupados como cuando Úrsula lanzaba su maldición contra las sirenas que no cumplían su parte del trato, así más o menos.
Poco a poco.
Estoy envejeciendo.
Poco a poco.



Hace un par de semanas me encontré con este artículo en Twitter. 
Lo puse por ahí. 
Esta sería una forma digna de portar las canas y la edad.




miércoles, julio 02, 2014

Hoy le toca baño a Humboldt.
La persona que lo limpia con una franela y unos aceites coloca su escalera enfrente de él.
¿Sabrá quién fue Humboldt?
Humboldt que ahora nos ve correr y andar en patines y comer torta de tamal y a veces no ve nada, sólo ve la lluvia y las ramitas de los árboles después de la tormenta.
Hoy el organillero de la Alameda decidió deleitarse todo el santo día con las mañanitas.
¿Cómo será la elección de los cilindros? ¿Por voluntad o por azar?
Para los cumpleañeros.
El señor Manuel Martínez que trabaja en la biblioteca cumple años hoy. Debería de darse una vuelta frente a Bellas Artes. Desde las 7 de la mañana están tocando las mañanitas para él, aunque no lo sepa.
Ayer quitaron la barda que separaba la Alameda de Bellas Artes.
Tenía más de seis meses ahí. Estaba grafiteada y resguardaba la obra que están haciendo en el estacionamiento.
Hoy que ya no está la barrera, la gente poco a poco comienza una reapropiación de ese espacio que estuvo perdido.
Ya nadie se aglomera al salir del metro. Las personas comienzan a dispersarse y no se hacen los canales de los que van para el metro y los que salen.
La verdad es una explanada grande la que estaba vetada.
Hoy somos libres, así que corrí hasta esa parte.
Humboldt. Mañanitas. Humboldt de nuevo. Mañanitas de nuevo.
Pensaba en la novela que terminé de leer ayer por la noche: Bichos raros.
Pensé ¿por qué soy como la Mantis?
Seis vueltas. Un señor en contrasentido andaba en patines. Nos cruzamos unas cuatro veces.
Me quedé con muchas preguntas y con una especie de tristeza.
Bichos raros es como el Dogville a otro nivel, pero el mismo sentimiento de querer linchar a alguien.
Qué bueno que ya no soy adolescente.
Qué bueno que estoy corriendo aquí mientras le limpian la nuca a Humboldt.
Me acordé de la gente desagradable que había en La Salle.
Yo como la Mantis, les hubiera arrancado la cabeza.
Sr. Humboldt, ahora ya está reluciente para una nueva tormenta.


domingo, junio 29, 2014

Hoy comencé una libreta nueva.
Me la regaló M.F.
Tiene la gama del Pantone 565 C.
Me emociona comenzar libretas porque quiere decir que una nueva Idalia se comienza a escribir ahí. Con todo lo que soy… pensamientos, recordatorios, pendientes, dibujos, mensajes de trabajo, cuentas, contraseñas en donde te piden que no sea una que ya hayas ocupado, impuestos por pagar, ideas para escribir después.

No es el mejor día para comenzar una libreta, pero precisamente porque es un black day decidí hacerlo hoy.
Hay días que son tan tristes que tienen que quedar registrados aunque sólo sea escribir la fecha en una hoja en blanco.




Pasar la madrugada en un hospital:

En los hospitales siempre se está esperando algo. Se espera el diagnóstico, se espera al médico, se espera una noticia, se espera a la aseguradora, se espera a la nutrióloga, se espera la habitación, se espera a la enfermera, se espera a que pase el suero, se espera a que el médico diga algo. Se espera. Es un no-lugar como los aeropuertos. Aterrizas o despegas, nunca hay un intermedio.

Ayer en urgencias mientras esperaba llegó un niño ardiendo en fiebre. Cuando lo escuché gritar pensé en lo quieta que estaba. Yo estaba en silencio, observando, esperando al médico, pero muy quieta.
Qué ganas de gritar, aullar y llorar así, sin pudor, desmedidamente, sin ningún tapujo.
Ese niño gritaba con todo su ser: por favor no me inyecten, por favor no, por favor, por favor.
Por favor.
¿Cuántos por favores se pueden soportar en ese grito desmedido?
¿A dónde iré cuando quiera llorar?
¿A dónde van los pájaros cuando llueve?
Lo pensé cuando comenzó a llover y una parvada de pájaros grises de ciudad de México volaron hacia alguna parte a refugiarse.

¿En dónde está ese refugio?

Un ovillo de lana natural, decía el verso de Casariego.

Hacer las palabras un ovillo de tristeza y guardarlo en un lugar en donde no duela, aunque pique como los suéteres de lana.

martes, junio 17, 2014

Varias verdades en un día lluvioso:

A veces llueve horizontalmente.
Cuando llegué a casa tuve que cubrir la lavadora con una toalla porque la lluvia entraba por una ventila y mojaba todo a su paso, la lavadora y los trastes limpios del desayuno.

A veces el vino barato es un buen vino.
El vino tinto de 70 pesos "viejo viñedo" no sabe a 70 pesos, no sabe a viña maipo ni a padre kino ni a sangre de toro. Es un buen vino. Está muy bien para sus 70 pesos.

A veces es bueno dejar la ecobici en la estación más popular y no en la más cercana del destino.
Dejar la bici en 5 de mayo es una oportunidad para escuchar al organillero con Acuérdate de Acapulco y al sax en Bésame mucho.

A veces hay que escribir para varias personas.
Cuando me encuentro sola me doy cuenta que cada pequeño movimiento tiene un significado.
Salir corriendo por la mañana y pagar el gas en Banorte.
Pasar por un café.
Oler la lavanda mojada de la Alameda.
Andar en la bici hacia el trabajo.
Ver el partido de México en el ruso.
Platicar de los programas de preparatoria.
Hacer recibos de honorarios en el portal del SAT.

A veces la vida es "eye candy".
Esa frase la escuché en una junta a las 16 horas. Después del partido, con sed, con sueño.
Eye candy.
Hoy fue un buen día porque todo estaba limpio de lluvia.


martes, junio 03, 2014




Alguna vez existió una revista que se llamaba Lugares comunes. La editaban dos historiadores, uno de ellos murió cuando recién nacía el proyecto. Era una revista digital que prometía bastante, que se preocupó por su diseño y por los colaboradores. Ahí publiqué por primera vez un artículo sobre William Gibson. Si existiera Lugares comunes escribiría algo así:


Lugares comunes nos invaden sin darnos cuenta.

No te vayas al centro es inseguro.
No te vayas al centro está lleno de comercios, ruido, cucarachas, gente mala.
No te vayas al centro... ni siquiera Slim lo ha podido limpiar de todas esas personas de clase baja que lo hacen inhóspito.
No te vayas al centro ¿qué vas a hacer si hay un terremoto?
No te vayas al centro ¿qué piensas que estás en Suiza?

Me voy al centro.

Eso no es el centro. Estás casi en tepito.

No es tepito, estoy a una cuadra del MUNAL.

Eso está pegado a la lagunilla, de ahí bajan todos los tipos que asaltan con puñal en mano, por ahí, por la calle del teatro Blanquita.

En el sur, cerquita de Ciudad Universitaria, de Coyoacán, vivir en el centro es igual a vivir en el peor de los mundos posibles.

No es así. Es justo un lugar común.

Otros códigos se viven en el centro. Una dinámica que es diferente a la que se vive en el sur.
Sobre República de Cuba a las 9 de la noche hay una pandilla de niños que salen a jugar football.
Se escuchan los gritos hasta el cuarto piso. Están jugando como si fuera la ciudad de México de la década del setenta.
No pasa nada. No me han asaltado, no me han robado, no me han hecho daño las personas que viven por aquí.


El bolero de mis botas y zapatos se sienta en la esquina de Isabel la Católica y 5 de mayo. Mientras me arreglaba mis botas, llegaron al menos 20 personas a preguntarle cosas:
¿dónde hay una papelería?
¿en dónde queda la calle de las invitaciones?
¿en dónde está el zócalo?
¿dónde queda Isabel la Católica?
¿dónde está la lagunilla?
¿dónde hay un HSBC?
¿dónde queda la torre Latino?

¿¡Dónde queda la torre Latino?!
Es una pregunta súper estúpida.
El centro es eso: ¿dónde queda la torre Latino?

El centro está habitado por personas flotantes que no viven en él, que temen del centro, que apenas y vislumbran un perfil de ese centro que no les pertenece un lunes a las 10 de la noche, no les pertenece a las siete de la mañana, no les pertenece en lo cotidiano, no les pertenece en:
Una pregunta indiscreta, ¿calza del número dos?
Sí.
Los zapatos pequeños siempre son los más bonitos...
¿Usted es de aquí?
Sí, vivo en República de Cuba.
Pues cuando quiera me deja sus botitas...y yo paso a dejárselas cuando ya me vaya, como a eso de las seis.
Ok.

Quizá lo más fácil es vivir en el lugar común. El centro huele feo y tiene indigentes.
Sí, hay algunas partes que huelen a coladera, pero también el centro de Coyoacán huele a cloaca. Tiene indigentes, sí, muchos, hartos indigentes que nos están viendo desde esa mirada que nos cuestiona nuestra vida, muy bien, hay que cuestionarnos todo el tiempo qué estamos haciendo y si eso vale la pena.
Para mí vale la pena vivir aquí. Vivir y confrontarme diariamente a esa realidad.
Sigue valiendo la pena ver a los chicos en patines en la Alameda, esquivando conitos de plástico, yendo y viniendo, dándole sentido a sus vidas y a la plaza por estar en patines.
Ver a la gente besándose. Las personas se besan durante horas en un espacio público como el parque.
¿En dónde termina ese beso que dura minutos enteros? Besos de al menos 6 minutos que es el tiempo que tardo en dar una vuelta.

La Alameda en lunes. 9 de la noche.
Aire fresco, poca gente, luz por todas partes.
Bellas Artes iluminado como tugurio de Beetlejuice.
Chicharrones, papas fritas en el lugar de tamales y atoles.
Chicos bailando frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Esto es La ciudad de México.

Vivir en el centro es eso, la ilusión de que estamos en el "centro", de lo que se nos ha dicho que es el centro, ese lugar común lleno de mafias, tepitos, lagunillas, gente que no se baña, prostitución, periódico de nota roja... Estamos en el centro, eso quiere decir que simplemente estamos en el momento en el que todos se han ido y las plazas y las calles son sólo para unos cuantos que caminamos por aquí, patinamos, corremos, nos besamos, nos encerramos con tres cerrojos, compramos queso oaxaca, escuchamos música a todo volumen... y pretendemos, como si la vida fuera literatura, somos el centro. El centro de esta calle. República de Cuba. Palma norte. Ecobici. Jugo de toronja en la mañana. Quesadilla de nopal por la noche. El centro. Ese gato atropellado. El centro. Ese señor que saca toda la basura a las 9 de la noche y la desperdiga por encima de las bicis y de la banqueta y selecciona objetos y se los guarda. El centro. Dominicos a sólo 10 pesos.

"Pretender que uno es el centro", pensó Oliveira, apoyándose más cómodamente en el tablón. "Pero es incalculablemente idiota. Un centro tan ilusorio como lo sería pretender la ubicuidad. No hay centro, hay una especie de confluencia continua, de ondulación de la materia."